Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
21 6 09 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Los primeros libros cristianos Peter Parsons reconstruye la vida en la ciudad egipcia de Oxirrinco (la ciudad del Pez Elefante) durante los tiempos del auge y caída del Imperio Romano y la aparición del cristianismo. En el pasaje que a continuación reproducimos, se describen los avatares de los primeros cristianos en el Nilo, con especial atención a la historia y particularidades de sus primeras obras escritas ue en Alejandría donde, en el siglo II, Orígenes (cuyo nombre viene de Horus, el dios- sol egipcio) decidió aplicar a la Biblia las técnicas hermenéuticas propias del estudio de Homero. Profesional y prolífico (en su equipo había más de siete taquígrafos que se relevaban para tomar dictado, un número no menor de copistas y algunas jóvenes prácticas en caligrafía Orígenes dejó varios comentarios sobre libros del Antiguo y el Nuevo Testamento, junto con una crítica del Antiguo Testamento que presentaba en columnas paralelas el texto hebreo y sus diferentes traducciones al griego, ordenadas de mayor a menor libertad. Orígenes sufrió torturas durante la persecución de Decio y murió. También fue en Alejandría donde, en los siglos II y III, la nueva religión libró diversas batallas para establecer su identidad. Se enfrentaba a un enemigo externo, el estado romano, pero también a la competencia de religiones rivales, como el culto persa de Mitra, que ofrecían una combinación semejante de revelación, iniciación y salvación. El enemigo más importante, sin embargo, era el interior, es decir, los cristianismos alternativos defendidos por grandes nombres, como el místico y ascético Basílides. En general, los llamados gnósticos (palabra que significa los que saben los que han accedido a la verdad interior) veían el mundo creado como algo malo y pensaban que la redención estaba reservada a las almas de los elegidos, una visión que los griegos cultos encontraban atractiva porque les recordaba la doctrina de Platón. También era platónica, o neoplatónica, la construcción gnóstica del universo, centrada en un dios ingénito del que emana toda una jerarquía de fuerzas (la mente, la razón, el pensamiento, la sabiduría y el poder) Basílides escribió un comentario sobre el Evangelio compuesto por 24 libros (la longitud habitual de epopeyas como la Ilíada) en el que sostenía (o al menos eso le atribuían sus enemigos) que la crucifixión era un engaño y que Jesús había sido sustituido por un doble antes de ascender a los cielos. El F Título: La ciudad del pez elefante. La vida de los griegos en el antiguo Egipto Autor: Peter Parsons Editorial: Debate Páginas: 458 Precio: 29,90 Euros gnosticismo terminó perdiendo la batalla, aunque gozó de cierta difusión durante un tiempo. En la misma Alejandría, en el siglo IV el populacho, siempre par, tidista y peligroso, se afilió a la nueva religión, pero ahora persiguiendo en vez de ser perseguido. En el 391 d. C. alentados por el patriarca Teófilo, los alejandrinos destruyeron el célebre Templo de Sérapis y derrocaron la estatua del dios, obra de Briaxis. En el 415, después de una disputa entre el patriarca Cirilo y el prefecto Orestes, una turba de fanáticos creó una mártir pagana tras asesinar a la matemática y filósofa Hipatia, la primera mujer que impartió sus enseñanzas en Alejandría. Vieron a esa mujer cuando regresaba a su casa desde algún lado, la arrancaron de su carruaje; la arrastraron a la iglesia llamada Cesárea; la dejaron totalmente desnuda; le tasajearon la piel y las carnes con caracoles afilados, hasta que el aliento dejó su cuerpo; descuartizaron su cuerpo; llevaron los pedazos a un lugar llamado Cinaron y los quemaron hasta convertirlos en cenizas. Los cuatro evangelios que nosotros conocemos no alcanzaron su categoría canónica sino después de un enfrentamiento. Los hallazgos arqueológicos ilustran esta competición; además del Evangelio de Tomás, los oxirrinquitas podían leer el Evangelio de María, los Hechos de Pedro y las Enseñanzas de Jesucristo. En cierto momento todos estos libros fueron acusados de inautenticidad e incluso de herejía; esta es la realidad que subyace a la etiqueta de apócrifos que se les suele atribuir. Al- Peter Parsons Historiador, egiptólogo Los cuatro evangelios que conocemos no alcanzaron su categoría canónica sino después de un enfrentamiento... Fueron los gnósticos los que perdieron la batalla Canónicos y apócrifos empleaban un formato característicamente cristiano, el del libro. Ya no como rollo sino como códice formado por hojas plegadas en forma de página gunos se enmarcaban en la corriente paracristiana conocida genéricamente como gnosticismo, que interpreta (como en el Evangelio de Tomás) las palabras secretas Pero los gnósticos perdieron la batalla, y con ellos se perdieron sus obras. Solo algunos papiros hallados en el siglo pasado nos han permitido recuperar algunos de sus textos en griego y en copto, lo cual ha puesto las obras de los perdedores al alcance del lector moderno. Canónicos y apócrifos empleaban un formato característicamente cristiano, el del libro. Para los griegos y romanos de la época clásica, libro significaba rollo es decir, el formato usado por ejemplo en la lujosa copia del orador Hipérides que se conserva actualmente en la Biblioteca Británica, donde el texto aparece escrito columna a columna a lo largo de un rollo de papiro (en este caso, de 30 centímetros de alto y por lo menos 3 metros de largo) El lector recibe su Hipérides enrollado, con el final en el interior y el principio en el exterior. Para leerlo lo va desenrollando con la mano derecha y arrollando con la izquierda, de modo que las sucesivas columnas van desfilando ante sus ojos. Cuando acabe de leer la última columna, el rollo tendrá el principio en el interior y el final en el exterior; como si fuera una cinta de casete, habrá que rebobinarlo para el siguiente usuario. En los libros profesionales se escribía solamente en una cara, la que ofrecía la superficie más adecuada. Pero de este modo se perdía papiro, y por eso a veces se daba la vuelta a un rollo con un registro contable o unas actas oficiales y se aprovechaba el reverso para copiar un libro, o bien alguien sacaba un libro que ya no leía y le daba la vuelta para anotar unas cuentas. En los libros más lujosos no existía la preocupación de economizar y el dorso se dejaba en blanco, los márgenes eran amplios y las letras se escribían bien separadas. Algunos podían llevar los lujosos accesorios descritos por Cátulo, (una vara central con empuñaduras de marfil o un envoltorio de