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21 6 09 ACTUALIDAD Eurabia La islamización de la vieja Europa Prácticamente la mitad de la población de la ciudad holandesa de Roterdam es inmigrante, en especial musulmana, lo que la convierte en el laboratorio de la creciente islamización de Europa TEXTO: ENRIQUE SERBETO FOTOS: ÁNGEL SAHÚN n viernes cualquiera hacia el mediodía, si uno se pasea por los alrededores de la Mevlanaplein, puede dudar sinceramente si se encuentra en realidad en la ciudad holandesa de Roterdam o en Estambul. Los agudos minaretes de la mezquita turca y el sonido inequívoco del muecín llamando a la oración no dejan lugar a dudas: estamos en la ciudad más islamizada de Europa. En Roterdam apenas la mitad de sus habitantes son holandeses de origen; un 25 por ciento de la población es musulmana, sobre todo turcos y marroquíes. El actual alcalde es un socialdemócrata ma- U Unos hombres departen junto a la mezquita marroquí de Roterdam rroquí, musulmán practicante, llamado Ahmed Aboutalev. En las pasadas elecciones europeas, un grupo extremista de inequívoca raíz anti islámica, el Partido de la Libertad, dirigido por Geert Wilders, ha sido el segundo más votado en todo el país con el 17 por ciento de los votos y ha conseguido cuatro escaños. Uno de los eslóganes de su campaña decía que Aboutalev debería ser alcalde de Rabat. Si se les pregunta a los habitantes de Roterdam, pocos reconocen haber votado a Wilders y la mayoría insiste en que la convivencia entre holandeses de varias generaciones e inmigrantes musulmanes no le provoca ninguna inquietud. Es todo culpa de los socialistas, que no han hecho buena campaña y no tenían candidatos atractivos explica Hilde, un ama de casa de clase media que vive en el centro de la ciudad. La convivencia es buena, Holanda es un país multicultural Dos calles más al este de la casa de Hilde, está la mezquita marroquí de Annasr, instalada en una iglesia abandonada, cuyo imán, Jalil al Mummi- -a quien le gustan poco los visitantes- -cree que los que votan a Wilders no son los cristianos, sino los ateos sin Dios El centro de Roterdam, incluido el barrio de Delfshaven- -uno de los pocos que sobrevivió a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial que devastaron la ciudad- -y sus tranquilas calles están rodeadas de avenidas en las que varias de las mujeres que pasean por ellas van cubiertas con el velo islámico, aunque tampoco es extraño verlas en bicicleta, al más puro estilo holandés. En otros barrios, como Feyenoord, las mujeres cubiertas son mayoría y sus costumbres se parecen más a las de cualquier ciudad del Magreb. La influencia musulmana no se ve solo en la calle: algunos abogados han logrado que se reconozca su derecho a no levantarse cuando entran los miembros del Tribunal. En algunos teatros- -financiados por el Ayuntamiento- -se ha tolerado que hombres y mujeres se sienten en zonas separadas, con la excusa de que así se conseguiría atraer a los musulmanes al espectáculo. El problema es saber hasta dónde puede llegar esa adaptación de Europa al islam. El dramaturgo Gerrit Timmers renunció a poner en escena un espectáculo sobre la vida de la esposa de Mahoma, Aisha, ante las amenazas recibidas o imaginadas. Todo lo contrario es lo que hizo Wilders con su cortometraje Fitna cuyo contenido y la parafernalia de su presentación estaban destinados a desafiar esa sensación de autocensura que defiende lo políticamente correcto con tal de evitar la confrontación. Reflexiones de esta naturaleza son las que se hicieron los daneses Karen Jespersen y Ralf Pittelkow en su libro Islamistas e ingenuos después del escándalo de las caricaturas de Mahoma, sin dudar en comparar la amenaza integrista con el fascismo. En marzo de 2002, un intelec-