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21 6 09 ACTUALIDAD Pau Gasol El chico que creció a la altura de héroe A base de sacrificio y ambición, Pau Gasol ha sabido convertirse en un ídolo de la estelar ciudad de Los Ángeles, pese a la veneración que aquí se siente hacia Kobe Bryant, héroe sin parangón de la afición POR: INOCENCIO F. ARIAS. CÓNSUL DE ESPAÑA EN LOS ÁNGELES l desfile fue multitudinario. La sequía de títulos de los equipos de la ciudad en los dos deportes más importantes, los Lakers- -en baloncesto- -y los Dodgers- -en béisbol- se prolongaba. Los Lakers la rompieron ganando el Campeonato. Y la ciudad, hambrienta y agradecida, se ha volcado a lo largo de dos millas. La organización de la acogida era costosa, unos dos millones de dólares, y ha suscitado críticas. El Ayuntamiento, arruinado, iba a gastar un millón de dólares- -en tanto que los Lakers pagarían otro tanto- -en momentos en que los ediles municipales ponían gente en la calle, y cuando van a forzar a centenares de empleados a tomar 26 días anuales forzosos de vacaciones no remunerados. Al final, no obstante, un grupo de magnates del cine y otros poderosos donantes privados accedieron a pagar su parte en el desfile. ¿Pero quién, a pesar de las nutridas críticas, privaría a los aficionados de ovacionar a Kobe Bryant y a sus compañeros desde el Staples hasta el Coliseum? Pocos políticos tendrían las agallas de hacerlo. El deporte de masas, aquí como en España, desafía la coherencia en la actuación de los hombres públicos. No hay panem pero sí circensem. California acaba de subir los impuestos, las instituciones públicas suspenden programas culturales y sociales, pero... pelillos a la mar, los Lakers han ganado gloriosamente un torneo después de siete años. Regocijémosnos. Los autores de la proeza son ensalzados. Un periodista, negándose a embriagarse, ceñudo, proclama en titulares: No idolatremos a estos jugadores Predica, con todo, en el desierto. El héroe mítico sin parangón es Kobe Bryant. Está él, después tal vez nadie y después los demás. En las tiendas de deportes de Los Angeles es frecuente encontrar unas 50 o 60 camisetas del E soñado 24 de Kobe y tener que rogarle a la dependienta que le encuentre a uno el 16 de Gasol o las de Bynum, Odom o Fischer. Con frecuencia, no hay. Kobe Bryant es, en la proyeccion comercial de los Lakers, más de lo que fue en la deportiva Di Stéfano en el Madrid o Cruyff en el Barcelona. Es el Supremo y está en todas partes, carteles gigantescos en la ciudad, camisetas, los medios beben sus palabras, etcétera. Han pasado los tiempos en que el otrora detestado Bryant pedía que lo traspasaran, ronroneaba que estaba harto de los dueños del club que no querían reforzar el equipo o que compraban los jugadores inadecuados, del manager general y hasta del ambiente. Ya había logrado poco antes que la institución se desprendiera de Shaquille O Neal, su odiado rival que con algo más de treinta años lo opacaba, y la afición se cansaba de un humor y unos desplantes que se asemejaban a los igualmente caprichosos de O Neal. Ocurrió lo inimaginable: Kobe sería silbado al iniciar los entrenamientos de la temporada. Nadie daba un duro por su permanencia. Los pronósticos fallaron. Kobe arrancó con ganas, la gerencia le informaría de que habría fichajes, y al club de baloncesto de Memphis le entró la pájara y decidió echarle una inesperada mano a los Lakers: les regaló a Pau Gasol. Tal vez porque las leyes que rigen el deporte en Estados Unidos imponen techos en el presupuesto, y a veces en la ficha, de los clubes y muchas sociedades cuando compran a un jugador prometedor tienen simultáneamente que soltar lastre dejando marchar a otro que tenga una ficha respetable, tal vez porque no veían mayor futuro al catalán en el equipo los directivos de Memphis hicieron lo que el Real Madrid hace poco consumó con Kobe recuperado