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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Un muchacho muestra su mano ensangrentada tras una manifestación contra el fraude electoral en Irán EPA Intifada iraní Los jóvenes de la revolución verde POR: MIKEL AYESTARÁN. ENVIADO ESPECIAL A TEHERÁN Una nueva generación de iraníes ha tomado las calles de Teherán en un movimiento que comenzó como un espontáneo estallido de cólera por el falseamiento de las elecciones, pero que creció hasta convertirse en una masiva reclamación de libertad S ábado 8 de junio. Diez de la noche. Mahmoud Ahmadineyad gana las elecciones por mayoría absoluta. Ali y su hermana se despegan del televisor sin poder creerse las cifras oficiales. Se rumorea que Mir- Husein Musavi está bajo arresto domiciliario. Por las ventanas se cuela el sonido de las bocinas en la calle Valiasr y los gritos de muerte al dictador Confundidos y enfadados bajan al portal y se encuentran allí al resto del vecindario. Todos hablan de lo mismo. De pronto un grupo con pañuelos verdes en las caras comienza a gritar y a meterse entre los coches intentando parar el tráfico. Es el inicio de dos noches de violencia callejera en la capital iraní. Hemos crecido viendo esas imágenes en los medios. Niños y jóvenes palestinos enfrentándose a tanques y fuerzas de seguridad israelíes con piedras y barricadas. Esto duró sólo dos días, pero por momentos nos sentíamos en plena intifada contra el Gobierno Zahra, nombre ficticio de una joven de 24 años, salió a la calle como otros miles de personas y durante 48 horas convirtieron Teherán en un campo de batalla contra unas fuerzas de seguridad que tuvieron que recurrir a los voluntarios de la milicia islámica del Basij para acabar con los disturbios. La noche del sábado, instantes después de que el ministerio de Interior anunciara la victoria de Ahmadineyad con 24 millones de votos, la violencia se expandió rápidamente por las calles. No he visto nada igual en treinta años Recuerda Zahra que gritaba eufórico un anciano desde una ventana mientras un grupo de encapuchados pasaba de los gritos a cruzar un contenedor en plena calle Valiasr y después le prendía fuego. No hay balance oficial de daños, pero el mobiliario urbano de Teherán, entidades bancarias y autobuses fueron objeto de actos de una lucha callejera que la capital no había visto desde hace 30 años, cuando otra generación de jóvenes estalló de rabia y se echó a las calles para derrocar al Shá. Hoy muchos de aquellos jóvenes controlan la república islámica. Fue absolutamente espontáneo. Lucha por barrios, por calles y en pequeños grupos. La clave fue que conocíamos muy bien el lugar y cada vez que se acercaba la Policía sabíamos cómo escapar. No buscábamos el enfrentamiento directo, sólo generar cuantos más problemas mejor. Después subíamos a las azoteas y de una a otra escapá (Pasa a la página siguiente)