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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA Europa y la izquierda inmóvil POR EDUARDO SAN MARTÍN duard Bernstein fue uno de los grandes de la socialdemocracia alemana de finales del XIX, hoy prácticamente olvidado. Lo ha rescatado de los libros de historia uno de los columnistas más liberales (léase socialdemócrata, en términos europeos) del periodismo norteamericano para explicar el descalabro de los socialistas en las elecciones para el Parlamento Europeo. Bernstein fue el inspirador del reformismo socialista, por oposición a las utopías revolucionarias que, en el quicio entre dos siglos, aún infestaban los manifiestos de los partidos socialdemócratas de la época, en especial del suyo propio. Harold Meyerson, el columnista mencionado, recupera del teórico alemán una de sus frases más inspiradas: El movimiento lo es todo; la meta final, nada Moviéndose poco a poco, la socialdemocracia europea del siglo siguiente, el XX, fue transformando los perfiles más odiosos del capitalismo, contribuyendo a crear la perla más querida del modelo económico europeo, su estado del bienestar, y constituyéndose en E una de las fuerzas motrices de la historia del continente del último siglo. Irónicamente, subraya Meyerson, Bernstein fue uno de los pocos líderes socialistas que sí consiguió su meta final Pero hoy, tras haber abandonado hace casi un siglo su programa máximo, los partidos socialdemócratas europeos parecen haber perdido también el sentido del movimiento bernsteiniano. En una crisis global provocada por algunas desviaciones de la economía capitalista, habría sido lógico pensar que el mayor beneficiario serían sus críticos de la izquierda. Y, sin embargo, está ocurriendo todo lo contrario. En un mundo globalizado, en el que las soluciones nacionales no son suficientes, las grandes transformaciones sociales han estrechado la base tradicional de apoyo de los partidos de izquierda, que han perdido el sentido de la dirección, del movimiento, y han seguido políticas erráticas de dos pasos adelante y dos pasos atrás (Meyerson) Mientras que, enfrente, los partidos de la derecha europea, a pesar de las peticiones de principio de algunos intelectuales de la izquierda inmóvil, defienden el estado del bienestar, que también contribuyeron a crear, al menos con tanto ahínco como lo hacen los socialdemócratas. Y no sólo eso sino, como en el caso de Sarkozy, son los que, en estos tiempos de rechinar de dientes, toman la iniciativa en la extensión del modelo europeo al mundo global. De la lectura que algunos analistas americanos hacen de los resultados de las elecciones europeas podría deducirse que miles de millas de océano de distancia ofrecen una perspectiva de la que no disponen los dirigentes que, mucho más cerca, se empeñan en interpretar los acontecimientos exclusivamente en claves nacionales. En el nombre de Dios ambién al otro lado del Atlántico, el blog Politico se ha molestado en ir contando las ocasiones en las que el presidente Obama invoca a Dios en sus alocuciones públicas. Y resulta, quién lo diría, que lo hace con mayor frecuencia que su predecesor, el denostado evangelista converso George W. Bush. No existe animadversión en el recuento. Politico hizo fortuna, hasta extremos inimaginables en Europa, durante la última campaña electoral americana, moviéndose precisamente a favor de la marea provocada por el entonces senador de Illinois. Pero por fortuna, y de eso de- T beríamos tomar nota en los medios de la orilla de acá, el profesionalismo y la curiosidad siguen prevaleciendo en el periodismo americano por encima de las adhesiones ideológicas inquebrantables. Las invocaciones de Obama al Altísimo trascienden el temario de sus intervenciones: Oriente Medio, el aborto o, incluso, la economía. ¿Convicciones personales u oportunismo político? En un país en el que el 83 por ciento de sus ciudadanos confiesan creer en Dios, la retórica cristiana fue una de las palancas de la revolución conservadora que ha dominado la vida política de estados Unidos, con las excepciones de Carter y Clinton, durante los últimos treinta años. También, y muy señaladamente durante las presidencias de Bush, aunque éste raramente mencionara por su nombre a Dios o Jesucristo en sus discursos. Para David Kuo, un antiguo colaborador el temas religiosos de Bush al que abandonó desencantado, ambos presidentes han utilizado la fraseología religiosa con fines políticos. Y sospecha queel objetivo no confesado de las invocaciones de Obama es la recuperación de una durmiente izquierda religiosa que lideró como nadie Martin Luther King y su movimiento de los Derechos Civiles y que se remonta a Dorothy Day, la activista liberal que contribuyó a crear el Movimiento Católico Obrero en los años treinta del siglo pasado. www. abc. es blogs san- martin