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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA No descargarás obras ajenas POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE O es acuciante, pues sólo llevamos consumidos una decena de años del tercer milenio, pero conviene ir pensando ya en que algunos de los presupuestos y postulados que sujetaban el armatoste moral de nuestra vida están desfasados y requieren de un cierto esfuerzo (argu) mental para ponerlos al día. Tal vez sea un ejemplo extremo, pero ilustrará lo que quiero decir: los Diez Mandamientos del católico hablan de no robar, no matar, no codiciar... en fin, señalan la incorrección de muchos verbos pero ignoran por com- N pleto la del verbo descargar Tal y como están las cosas, ¿no sería el momento de que uno de los Mandamientos subrayara ya la conveniencia de no descargarse gratuitamente por Internet las obras ajenas? El profeta de los derechos de autor, el señor Eduardo Bautista, presidente de la SGAE (siglas temidas por el internauta de a pie y por el músico de bodas, comuniones y bautizos) debería llegar a un acuerdo con las autoridades eclesiásticas para subsanar este fallo de actualidad en el Catecismo. El Código Penal, en ese sentido, ya se ha puesto al día. Según una información que circula por la blogosfera, la legislación penaliza con más dureza la descarga de una canción que el robo en una tienda de la discografía completa del mismo artista descargado O sea, que usted se baja el último éxito de Fulanito y comete un delito con pena de seis meses a dos años de cárcel, pero si se va al Corte Inglés o a la FNAC y se lleva toda la discografía de Fulanito, cuya suma no supera los 400 euros, ni siquiera cometería un delito, sino una simple falta contra el art. 623.1 del Código Penal. La información se regodea con otros ejemplos todavía más chocantes: ocho amigos se intercambian copias de sus discos favoritos, y el art. 270 del Código Penal prevé para eso penas también de seis meses a dos años. Si esos ocho amigos participan, en vez de en ese intercambio musical, en una riña masiva con agresiones y heridas, las pe- nas que les esperan son de tres meses a un año. O ésta otra opción tiene también mucha guasa: el jefe le copia una película a su secretaria y se la presta, pero, ya en el lío, el tipo se lanza sobre ella y la acosa sexualmente... El artículo 184.2 del Código Penal espera al delincuente para que purgue la pena mayor, la de prestar una copia de DVD. También está más penado darle un amigo una copia de un disco, por malo que sea, que dejar una jeringuilla infectada de sida en un parque público; o fotocopiar una página de un libro, que darle una moderada paliza a un probo ciudadano. O sea, no es urgente, ya digo, pero hay que ir poniéndose al día en lo tocante a la moral. Lo mejor es no ver, no oír, no hablar, pero, puestos ya en la necesidad de hacer algo deshonroso, siempre será mejor robar, acosar y agredir que descargarse un bolero de Moncho. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO Pragmática literaria POR XAVIER PERICAY erá por lo de la Feria del Libro, pero el caso es que en los últimos días no he leído más que buenas noticias relacionadas con la literatura. Entiéndase bien: no me estoy refiriendo a nada que pueda concretarse en una hoja de cálculo; no, la cosa no va por ahí. Las noticias en cuestión tienen que ver con el provecho que puede uno sacar de la lectura de las obras literarias. Llamémosles ideas, si lo prefieren. Eso sí, ya les advierto que sus paladines son los propios escritores. Acabáramos, dirán us- S tedes. Pues no, porque el valor de todas esas ideas no radica tanto en la condición de quienes las engendran- -parte interesada, al fin y al cabo- -como en el carácter innovador de cada una de ellas. Así, Gustavo Martín Garzo considera que no leemos porque queramos escapar del mundo, ni para sustituirlo por otro hecho a la medida de nuestros deseos, sino para ser reales de lo que se deduce, entre otras consideraciones, que toda esa juventud de nuestros días que no lee ni un miserable libro está condenada a vivir, de forma irremisible, una vida de ficción. Y Eric- Emmanuel por su lado, cree que la meta de la literatura es que lo desconocido se haga conocido, que lo extraño y lejano se vuelva cercano con lo cual confiere a la operación de leer una utilidad fuera de toda duda, a menos que uno prefiera seguir- -y este es el caso, por desgracia, de muchos de nuestros congéneres- -en la más pura inopia. Pero la aportación más singular a la pragmática literaria proviene, a mi juicio, de un escritor catalán, Lluís- Anton Baulenas. Y no por catalán- -aunque no descarto que exista alguna relación entre el país natal y el fondo de su pensamiento- Sostiene Baulenas que la creación hoy en día tiene que fortalecer el criterio y la personalidad de los ciudadanos y que él se toma el oficio de escritor como un servicio público O sea, como si de una empresa de autobuses se trata- ra, sólo que transportando el ánimo en vez del cuerpo. No sé si reparan en la trascendencia de semejante propósito. Dejemos a un lado, si les parece, el efecto que una tal doctrina pueda llegar a producir en unos lectores bastante bajos, por lo general, de defensas. Dejemos a un lado, incluso, los más que probables estragos en la literatura. No, lo que en verdad encuentro preocupante del planteamiento de Baulenas es otra cosa. ¿Se han parado a pensar adónde nos lleva que los escritores consideren su oficio un servicio público? Y quien dice escritores dice toda clase de artistas: pintores, escultores, ceramistas, actores, escenógrafos, guionistas, intérpretes y ejecutantes. ¿Se les ha ocurrido pensarlo? Yo, de ustedes, agarraría bien la cartera y no la soltaría ni borracho...