Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE ÁNGEL CÓRDOBA a través del cual ve. Bajo las presentes circunstancias LA MÚSICA queda restringida a una negación definitiva En segundo lugar, lejos de ser un fenómeno excéntrico e irrelevante, el Beethoven del estilo tardío, implacablemente alienado y oscuro, deviene la forma estética moderna prototípica, y en virtud de su distanciamiento y rechazo de la sociedad burguesa e incluso de una muerte tranquila, adquiere una trascendencia y un desafío incluso mayores por ese mismo motivo. Adorno es una figura tardía porque gran parte de sus actos se caracterizaron por una militancia feroz contra su propia época. A pesar de que hizo gala de una gran producción escrita en diversos campos, atacó los principales avances en todos ellos, como si fuera una tormenta de ácido sulfúrico que se desatara sobre el conjunto. Se opuso al concepto de productividad siendo él mismo el autor de una superabundancia de material, ninguno del cual era comprimible en un sistema o método adorniano. En una época de especialización, Adorno fue católico y escribió sobre prácticamente todo lo que había sucedido antes que él. En su territorio- -música, filosofía, tendencias sociales, historia, comunicación y semiótica- -no tenía reparos en admitir que era un jerarca. No hay concesiones a sus lectores, no hay resúmenes, temas tri- viales, indicaciones de ayuda o alguna simplificación práctica. Y jamás hay lugar para ningún tipo de solaz o falso optimismo. Una de las impresiones que se tiene al leer a Adorno es que es una suerte de máquina furiosa que se descompone a sí mismo en partes cada vez más pequeñas. Como el miniaturista, tenía predilección por el detalle implacable: busca y detecta hasta la última imperfección, que lo miren con una sonrisa pedante. Era el Zeitgeist lo que detestaba Adorno y el objeto de los insultosde todos sus escritos. Todo en él, para los lectores que alcanzaron la mayoría de edad en las décadas de 1950 y 1960, era de antes de la guerra y, por lo tanto, pasado de moda, tal vez incluso vergonzoso, como sus opiniones sobre el jazz y sobre compositores reconocidos universalmente como Stravinski y Wagner. Para él lo tardío equivalía a regresión, a ir del ahora al entonces, cuando la gente debatía sobre Kierkegaard, Hegel y Kafka con conocimiento de causa, no gracias a los resúmenes o a los manuales. Uno tiene la sensación de que Adorno había mamado desde su infancia los temas de los que escribía, que no se trataba de algo que hubiera aprendido en la universidad o en las fiestas de moda. El aspecto que me resulta más interesante de Adorno es que se trata de un individuo especial del siglo xx, el romántico de finales del siglo xix perteneciente a otra época decepcionado o desilusionado que lleva una existencia casi extática separada de, y sin embargo en una especie de complicidad con, unas formas nuevas y monstruosas: el fascismo, el antisemitismo, el totalitarismo y la burocracia, o lo que Adorno llamó la sociedad administrada y la industria de la conciencia. Era un individuo muy secular. Como la mónada leibniziana con la que acostumbraba a hablar de la obra de arte, Adorno- -y junto con él otros cuasicontemporáneos como Richard Strauss, Lampedusa y Visconti- -es eurocéntrico a machamartillo, se muestra indiferente a las modas y se resiste a todo plan asimilativo; sin embargo, de un modo extraño, refleja la angustia del desenlace sin falsas esperanzas o resignación artificiosa. Al final, tal vez sea la tecnicidad de Adorno lo que resulta tan importante. Sus análisis del método de Schönberg en Filosofía de la El Beethoven del estilo tardío encabeza el rechazo de la música al nuevo orden burgués y vaticina el nacimiento del arte totalmente novedoso y auténtico de Schönberg En virtud de su distanciamiento y rechazo de la sociedad burguesa e incluso de una muerte tranquila, el Beethoven del estilo tardío adquiere una mayor trascendencia nueva música dan palabras y conceptos al funcionamiento interno de un nuevo punto de vista tremendamente complejo en otro medio, y lo hace con una conciencia técnica prodigiosamente exacta de ambos medios, la palabra y los tonos. Una forma más adecuada de decirlo es que Adorno nunca deja que las cuestiones técnicas se interpongan en su camino, nunca se deja sobrecoger por su complejidad o por la evidente maestría que exigen. Puede ser más técnico elucidando la técnica desde la perspectiva de lo tardío, viendo el primitivismo stravinskiano bajo la luz de la colectivización fascista tardía. El estilo tardío se encuentra en, pero, al mismo tiempo y de un modo extraño, alejado del presente. Solo algunos artistas y pensadores hacen gala de la suficiente preocupación por su profesión para creer que esta también envejece y debe enfrentarse a la muerte con una memoria y unos sentidos cada vez más débiles. Tal y como dijo Adorno sobre Beethoven, el estilo tardío no admite las cadencias definitivas de la muerte; sino que la muerte se aparece de un modo refractado, como ironía. Pero con el tipo de solemnidad opulenta, fracturada y, en cierto modo, inconsistente de una obra como la Missa solemnis, o en los propios ensayos de Adorno, lo irónico es que a menudo lo tardío como tema y estilo nos recuerda una y otra vez la existencia de la muerte.