Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 6 09 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA El genio del artista en edad tardía Ésta es la obra en la que estaba trabajando el famoso ensayista palestino Edward Said cuando le sorprendió la muerte en 2003. En ella aborda cómo es en el ocaso vital cuando, a menudo, el artista realiza sus obras más originales, las más rompedoras, a veces incomprensibles para sus contemporáneos. Fue el caso de Beethoven. Incluso puede que haya sido el caso del propio Said lego a la problemática, que, por motivos personales y obvios, es el tema que voy a tratar: el último período, o tardío, de la vida, la decadencia del cuerpo, el deterioro de la salud u otros factores que, incluso en el caso de una persona joven, dejan entrever la posibilidad de un final prematuro. Me centraré en grandes artistas y en el hecho de que, cuando se acercaba el final de sus vidas, su obra y pensamiento adquirieran un nuevo lenguaje, que llamaré estilo tardío. ¿Se vuelve uno más sabio con la edad y existen acaso unas cualidades únicas de percepción y forma que los artistas adquieren como resultado de la edad en la fase tardía de su carrera? Hallamos la noción aceptada de edad y sabiduría en las últimas obras de ciertos artistas que reflejan una madurez especial, un nuevo espíritu de reconciliación y serenidad expresado, a menudo, mediante una transfiguración milagrosa de la realidad común. En obras tardías como La tempestad o El cuento de invierno, Shakespeare retoma las formas del romance y la parábola; asimismo, en Edipo en Colono de Sófocles, el retrato que se hace del héroe anciano es el de un hombre que por fin ha alcanzado una santidad extraordinaria y un sentido de la determinación. También existe el caso de Verdi, que en sus últimos años compuso Otelo y Falstaff, unas obras que no rezuman un espíritu de sabia resignación, sino una energía renovada y casi juvenil que da fe de una apoteosis de fuerza y creatividad artística. Cualquiera de nosotros puede aportar pruebas fácilmente sobre por qué las obras tardías coronan una vida entera de esfuerzo estético. Rembrandt y Matisse, Bach y Wagner. Pero ¿qué hay de lo tardío no como armonía y resolución, sino como intransigencia, dificultad y contradicción no resuelta? ¿Y si la edad y una salud precaria no dan lugar a la serenidad de la madurez lo es todo Tal es el caso de Ibsen, cuyas obras finales, sobre todo Al despertar de nuestra muerte, rompen con la carrera y el arte del artista y reabren las cuestiones de significado, éxito y progreso más L Título: Sobre el estilo tardío. Música y literatura a contracorriente Autor: Edward W. Said Editorial: Debate Páginas: 227 Precio: 17,90 Euros allá del cual se supone que se desarrolla el período tardío del artista. Así pues, lejos de la determinación, las últimas obras de Ibsen dejan entrever la imagen de un artista furioso y trastornado para quien el medio del drama proporciona la ocasión de provocar más ansiedad, altera irrevocablemente la posibilidad de una clausura y deja al público más perplejo y descolocado que antes. Es este segundo tipo de expresión de lo tardío como factor de estilo el que me resulta sobremanera interesante. Me gustaría examinar la experiencia del estilo tardío que implica una tensión no serena y no armoniosa Adorno usó la expresión estilo tardío de un modo memorable en el fragmento de un ensayo titulado Spätstil Beethovens fechado en 1937 e incluido en una recopilación de ensayos musicales publicada en 1964, Moments musicaux, y luego de nuevo en Essays on Music, un libro sobre Beethoven publicado póstumamente. Para Adorno, mucho más que para cualquier otro estudioso que haya tratado las últimas obras de Beethoven, esas composiciones que pertenecen a lo que se conoce como el tercer período del compositor (las cinco últimas sonatas para piano, la Novena sinfonía, la Missa solemnis, los seis últimos cuartetos para cuerda, las diecisiete bagatelas para piano) constituyen un acontecimiento de la historia de la cultura moderna: un momento en que el artista, a pesar de ser dueño absoluto de su medio, abandona la comunicación con el orden social establecido del que forma parte y alcanza una relación contradictoria y alienada con él. Sus obras tar- Edward Said Ensayista. Profesor de literatura comparada Otelo y Falstaff, de Verdi, son obras que no rezuman un espíritu de sabia resignación, sino una energía renovada y casi juvenil que da fe de una apoteosis de fuerza y creatividad las últimas obras de Ibsen dejan entrever la imagen de un artista furioso y trastornado para quien el medio del drama proporciona la ocasión de provocar más ansiedad días constituyen una forma de exilio. Uno de los ensayos más extraordinarios de Adorno es el que trata sobre la Missa solemnis, y que él califica como obra de arte alienada (verfremdetes Hauptwerk) en virtud de su dificultad, sus arcaísmos y su reevaluación extraña y subjetiva de la misa. Dos aspectos más. El motivo por el cual el estilo tardío de Beethoven caló tan hondamente en los escritos de Adorno es que, de un modo por completo paradójico, las obras finales de Beethoven, inmovilizadas y socialmente resistentes, constituyen la esencia del aspecto innovador de la música moderna de nuestra era. En la ópera de Beethoven Fidelio, la obra por antonomasia del período intermedio, la idea de humanidad es manifiesta de principio a fin, y con ella una idea de un mundo mejor. De un modo parecido, para Hegel los opuestos irreconciliables eran solubles mediante la dialéctica, con una reconciliación de los opuestos, una síntesis global, al final. El Beethoven del estilo tardío mantiene lo irreconciliable aparte, y al hacerlo la música se transforma cada vez más, y pasa de ser algo significante a ser algo oscuro, incluso para sí Con la muerte y la senectud ante él, con un prometedor comienzo a sus espaldas, Adorno recurre al modelo del Beethoven tardío para soportar el final en forma de lo tardío pero por sí mismo, no como preparación para una obliteración de otra cosa. Lo tardío es estar al final, con la memoria intacta y muy consciente (incluso de un modo preternatural) del presente. Así, Adorno, al igual que Beethoven, se convierte en una figura de lo tardío en sí, en un comentarista escandaloso, extemporáneo, incluso catastrófico, del presente. De este modo, el Beethoven del estilo tardío encabeza el rechazo de la música al nuevo orden burgués y vaticina el nacimiento del arte absolutamente novedoso y auténtico de Schönberg, cuya música avanzada solo puede insistir en su propia osificación sin concesiones a ese supuesto humanitarismo