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14 6 09 ACTUALIDAD (Viene de la página anterior) Doctor Cavadas Los rostros del milagro A finales de octubre del pasado año sonó el teléfono para avisarle de que tenían un donante: No me lo podía creer, sabía que tenía que llegar ese día, pero no te lo esperas, sentí mucha alegría Reconoce que ha habido momentos muy duros pero su fuerza de voluntad y optimismo le han convertido en uno de los pacientes que mejor está evolucionando, y su recuperación ha sorprendido a los propios médicos, ya que sólo siete meses después de la operación ha conseguido mover los dedos aunque le dijeron que tardaría más de un año. El primer día que moví un dedo el médico se sorprendió y mi mujer se puso a llorar recuerda. El 14 de julio Javier Macían salía de su casa en la localidad valenciana de Foios, eran las siete y media de la mañana y se disponía a trabajar. Sacó su Harley del garaje y recorrió dos manzanas antes de llegar a un cruce con una calle de una sola dirección, donde se paró porque sabía que había un stop que pocos coches respetaban. Estaba comprobando que no venía ningún vehículo por la derecha, cuando por la izquierda oyó el chirrido de un motor. Giró la cabeza y sólo tuvo tiempo de ver la carrocería de un coche que, en dirección contraria, marcha atrás y a toda velocidad se le vino encima. Nunca olvidaré el ruido asegura este joven que con 25 años vio cómo un conductor borracho que volvía de juerga le arrolló la vida. A pesar del golpe, Javier no perdió el conocimiento, por lo que aunque le dolía la clavícula, se quitó el casco con rabia y fue a levantarse para increpar al conductor. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que no tenía pie No perdió el conocimiento en ningún momento y fue él mismo quien pidió que avisaran a su madre que trabaja en urgencias en el Hospital General de Valencia y comprobó que un bombero fuera de servicio se había preocupado de que pusieran el pie amputado en hielo. En el Hospital General le dijeron que no podían salvarle el pie, que sólo podían hacerme un muñón pero un compañero de su madre les dijo que contactaran con Pedro Cavadas, que a lo mejor el podría hacer algo. En ese momento el cirujano valenciano salía del quirófano donde había operado durante más de seis horas a otro joven, aunque eso no le impidió hacerse cargo de la urgencia. Habló con mis padres y después quiso hablar conmigo recuerda Javier, quien seguía consciente, aunque aturdido por la medicación. El cirujano fue muy claro al exponerle todas las opciones. Me preguntó si quería dos horas de operación y salir con un muñón, y me dijo que mucha gente vive con una prótesis incluso con dos, y tiene un buena vida, o si quería una operación más larga, más dolorosa y más complicada para intentar conservar mi pie La decisión era suya, pero ni Javier ni sus padres lo dudaron y optaron por arriesgarse y conservar el pie. Hoy, cuando todavía no se han cumplido dos años de la intervención, no se arrepienten de la decisión tomada. Ahora llevo zapatos ortopédicos, pero por la noche sólo me quito la media de presión, no una prótesis señala el joven. Me querían dejar un muñón Me dijeron que las manos eran inservibles, pero él lo intentó. Durante la operación puso una de las manos en el tobillo para mantener el riego, mientras reimplantaba la otra Lo más duro era no poder abrazar a mis hijos o dar la mano a mi mujer, por eso cuando me dijeron que tenían un donante no me lo podía creer, fue el día más feliz Pedro Honrubia en su casa de Albaida ROBER SOLSONA Pero no ha sido un camino fácil, atrás quedan dos meses en el hospital y casi una decena de operaciones en el pie, ya que la amputación le arrancó también musculatura, tendones y nervios que obligaron incluso a quitarle parte del músculo de la espalda para reconstruirle el pie. En los primeros meses sí hubo momentos, reconoce, en que pensó tirar la toalla. Las complicaciones con la medicación, el dolor y las continuas intervenciones le hicieron preguntarse si valía la pena tanta tortura aunque ahora, si tuviera que volver a elegir, no lo dudaría: no me arrepiento Todavía no ha podido subirse en una moto y, aunque ha vuelto a conducir, cada vez que escucho un frenazo se me ponen las pulsaciones a mil Pero poco a poco retoma su vida, tiene una incapacidad permanente con una minusvalía del 42 y ha tenido que dejar su trabajo en Correos y como monitor de vela, pero ya anda desplazamientos cortos sin ayuda, aunque para los largos necesita muletas, ha retomado sus estudios de ingeniería y se prepara para una nueva intervención, que mejore su sensibilidad y movimiento. Además, no descarta volver a subirse a una mo-