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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA Obama, la lotería y el softpower POR EDUARDO SAN MARTÍN oras antes de que Obama pronunciara su esperado llamamiento al mundo musulmán desde la Universidad de El Cairo, el influyente periodista americano Thomas Friedman le contaba al presidente de su país, por teléfono, el chiste del judío y la lotería. Aquel del creyente que se dirigía cada sábado a Dios demandándole por qué no ganaba la lotería si era tan devoto. Desesperado, formula una última súplica: Dios, he sido piadoso durante tanto tiempo, ¿qué tengo que hacer para ganar la lotería? Y de los cielos retumba la respuesta de Dios: Goldberg, dame una oportunidad, compra un décimo Demasiados devotos, dentro y fuera de la universidad cairota, en el mundo árabe o israelí, esperaban que Obama dijera lo que cada cual necesitaba para su propia causa, pero ninguno de ellos parece dispuesto a comprar un décimo. Obama le respondía a Friedman: Aquí en la Casa Blanca tenemos otro chiste: vamos a seguir diciendo la verdad hasta que ya no funcione Así que su mensaje en El Cai- H ro a todos ellos iba a ser el siguiente: Dejad de decir una cosa en privado y otra distinta en público Se reprocha ahora a Obama que se haya quedado en las meras palabras. Pero de eso se trataba en esta ocasión, según el presidente. No de ofrecer soluciones a cada uno de los innumerables conflictos que asuelan la región. Si nos comprometemos a hablar directamente al hombre árabe de la calle, y éste se convence de que estamos actuando con honestidad, entonces, al final, tanto él como sus dirigentes se mostrarán más inclinados a trabajar con nosotros Soft power en estado puro. El poder de la persuasión, del diálogo y del ejemplo moral. ¿Bastará por sí solo a la hora de las soluciones? Es poco probable. Ni siquiera debe creerlo el propio Obama, que se ha envuelto en la bandera de la realpolitik para enunciar su nueva política en AfPak y para elegir como interlocutores de su primer periplo por el mundo musulmán a dos autócratas árabes con los que, naturalmente, tendrá que seguir haciendo business as usual en cualquier nueva estrategia en Oriente Medio. sta misma semana, el viernes, el resultado de las elecciones iraníes proporcionará la primera respuesta desde el mundo islámico a las buenas intenciones del presidente americano. Los pronósticos dan como favorito a Mahmud Ahmadinejad, el fanático antiamericano y antiisraelí que ha aprovechado la poco convincente estrategia de la AIEA Rusia y Europa, de poco palo y demasiada zanahoria, para colocar a su país a un paso (entre uno y tres años, según diferentes cálculos) de la bomba atómica. Agobiado por el daño que puede haber causado a sus posibilidades una política exterior de confrontación, Ahmadinejad proclamaba la semana pasada su deseo de entrevistarse con el presidente americano para discutir los asuntos mundiales y el camino hacia la paz Con la boca pequeña, dicen sus adversarios. El tono de conciliación desaparecería con la elección. Más importantes que la política exterior, otros dos factores decidirán probablemente las elecciones: la difícil situación de la economía, para cuya solución presenta mejores credenciales el reformista Musavi, y el nivel de participación. Cuanta más baja sea ésta, mas probabilidades para Ahmadinejad, que cuenta con un suelo de unos 13 millones de votantes. A este respecto será decisivo el comporta- E Y ahora, Ahmadinejad miento de una juventud (en torno al 60 por ciento de la población) que sufrió especialmente con el fiasco del experimento reformista de Mohamed Jatamí y sufre ahora en mayor medida las consecuencias de la crisis, pero cuyo desencanto no ha minado sus profundas convicciones nacionalistas ni les crea un conflicto insuperable con el poder religioso. Prudencia con los brotes a semana que termina acumula datos económicos esperanzadores por primera vez en muchos meses. Y se producen en lugares muy distintos: Estados Unidos, Reino Unido, otros países de Europa, España incluida, Japón, Corea del Sur, India... ¿Munición para los optimistas? Sin duda. Pero con una cautela: no es que los datos sean buenos, sino que las expectativas era demasiada malas. Nouriel Roubini, que ha adquirido patente de profeta porque fue de los pocos economistas que predijeron el descalabro financiero, modera el optimismo del director de la Reserva Federal: la recuperación no se iniciará antes de seis o nueve meses. ¿Pesimista? Nada de eso, se defiende Roubini; hay muchos otros colegas que sugieren un escenario apocalíptico y consideran que la recesión durará aún mucho más. L www. abc. es blogs san- martin