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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Hugh Van Es El fotógrafo que se instaló en un paisaje Una hemorragia cerebral acabó en Hong Kong con la vida de uno de los fotógrafos más sobresalientes de la guerra de Vietnam, donde tuvo que hacer alarde de sangre fría en la batalla de la Colina de la Hamburguesa POR EDUARDO CHAMORRO a lo advirtió Graham Greene, Indochina atrapa al occidental, lo secuestra, hace suyo al intruso. Lo hizo con el Imperio francés, y casi lo logró con el español en su expedición a la Cochinchina. Sin mover un dedo, Indochina ejerce su propio imperialismo imperturbable, sin que nadie haya sido capaz de dar con la cifra de tal hechizo. No se trata de la sangre abigarrada y memoriosa de sus gentes, ni de la fascinación de sus rituales y costumbres. Puede que lo que atrape de Indochina sea el paisaje, una combinación de hidráulicas taimadas y botánica azarosa, de bueyes y canales a lo largo y ancho del arrozal ensimismado, suspendidos del monzón sobre una tierra negra y esponjosa en la que el aire son siempre unas capas, y el calor unas brisas. Es muy posible que la luz resultante vuelva loco a un fotógrafo. Hugh van Es llegó a Vietnan a finales de los sesenta. Había cubierto la invasión soviética de Afganistan y la caída del dictador Marcos en Filipinas. Algunos directores de cine avispados lo contrataron como fotógrafo de rodaje. Pero eso sólo eran modos de ganarse la vida. Su modo de vivir discurría entre Saigón y el club de prensa de Hong Kong. Allí podía contar las mil y una historias de una guerra que había vivido con coraje y fortuna. Su historia favorita no tenía que ver con el famoso helicóptero y la célebre azotea, sino con una de las más enconadas batallas de una guerra en la que la mayoría de los más graves encuentros nació siempre de una escaramuza inesperada. Tal fue el caso de la batalla de la Colina de la Hamburguesa, donde debió hacer singular alarde de sangre fría y dominio de los nervios para salir del percance con unas fotografías que siempre consideró las mejores de su carrera. La instantánea que le dio la fama se le ofreció el 29 de abril de 1975. Ese día la guerrilla del Vietcong y el ejército regular de Vietnan del Norte irrumpieron en Saigón, y la capital de Vietnam del Sur se convirtió en un lugar de invasión y huída. Hugh van Es se encontraba en las oficinas de la United Press International frente a un inmueble en el que residían funcionarios de la CIA junto a sus familias, a cuyo rescate acudió un helicóptero que se posó en la azotea, y al que comenzó a subir la gente sabiendo perfectamente que esa podía ser su última oportunidad de escapar del enemigo. Hugh van Es echó mano del mayor objetivo que tenía, un 300 milímetros con el que logró un auténtico icono del siglo XX: la imagen hecha trizas de la de- Y rrota, del desastre, del fin, del acabóse, de la vergüenza, de la retirada, y de la conciencia de que ya nada sería igual a partir de ese momento. Era holandés. Había nacido el 1 de julio de 1941 en Hilversum, donde creció entre las tropas de ocupación nazi y las aliadas de liberación, con las que aprendió inglés. Tenía trece años cuando acudió a ver una exposición de Rober Capa y decidió hacerse fotógrafo. Apare- ció en Hong Kong con veintiséis años y a punto para añadirse al South China Morning Post como director de fotografía. Un año después entraba enVietnam con el equipo de la NBC. Luego siguió la guerra con la Associated Press, para terminarla con la United Press International. Mucho antes de convertirse en un maestro y una celebridad, supo ser con creces el mejor, para la mayoría de quienes trabajaron con él. Un icono de la espantá de Vietnam Fue la imagen que retrató la precipitada salida estadounidense de la guerra de Vietnam: una larga fila de evacuados aborda el helicóptero Air America posado en la azotea de un edificio situado en las inmediaciones de la embajada estadounidense en Saigón. Las fotografías de Van Es se convirtieron en iconos de aquel conflicto