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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE lo allí! llegó a aullarle. ¿Y el libro qué dice? Orman proclama su fe en que la economía americana acabará sobresaliendo, pero advierte de la necesidad de mantenerse a flote siguiendo estas máximas: cortando el gasto y la deuda por lo sano, ahorrando como sea lo suficiente para disponer de un fondo de emergencia para ocho meses, garantizando a continuación la jubilación y sólo después abordando otras prioridades como la universidad de los hijos o el coche nuevo. Hay que tener en cuenta que Orman escribe esto para una sociedad donde la red de seguridad es nula. Muchas veces perder el trabajo equivale a perderlo todo, particularmente si uno lleva toda la vida gastando y endeudándose sin control. De ahí la vehemencia de algunos de sus consejos. En cambio son incontables sus llamamientos a no huir en masa del mercado financiero justo en el momento en que se pueden comprar las acciones más baratas. Para aquel que pueda esperar entre diez y veinte años a recoger el fruto de su inversión este es el gran momento, subraya. Su concepto más atractivo y machacón es: no te avergüences de ser pobre, avergüénzate de no ser honesto. Orman lucha a brazo partido contra la versión americana del hidalgo del Lazarillo de Tormes, contra el pobre que se hunde más y más en la miseria por tratar de aparentar que es rico. Así pues, si no se puede pagar la universidad privada de los hijos o el coche que se les prometió, mejor admitirlo antes que llevar a toda la familia a la bancarrota. O llegar uno a la vejez sin un dólar y tener después que llamar a la puerta de los hijos para que le mantengan. Honestidad, esa es la palabra mágica con la que Orman endulza las amarguras de apretarse el cinturón. Y sin embargo hay quien cuestiona que Orman sea tan honesta. Que ven en ella una leyenda demasiado redonda, demasiado perfecta, cuyas contradicciones mismas serían de diseño. Como la historia de que se dio cuenta de que ella misma vivía en una burbuja deshonesta cuando hace años se compró un reloj muy caro para impresionar a una novia rica, y cenando con ella en un restaurante se percató de que probablemente la camarera que las servía tenía más dinero que Orman entonces. ¿Realidad o parábola? ¿Es Orman la verdadera voz de la conciencia o sólo una voz más que ha encontrado una manera más original de decir lo que la gente quiere oír, pero no hacer? Después de todo, si nadie volviera a deberle dinero a nadie jamás, ¿en qué quedaría el capitalismo? ¿En qué quedaría América? ¿De qué viviría la misma Orman? Momento para comprar Suze Orman, en la gala de beneficiencia para el Proyecto de Restauración de Nueva York AP