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7 6 09 EN PORTADA Hastío democrático La política degradada (Viene de la página anterior) peo surgen de vez en cuando iniciativas pedagógicas, que el escritor Rafael Argullol califica de literatura de terror Se refiere al informe elaborado por la diputada danesa Marguete Auken sobre el impacto de la urbanización extensiva en España en los derechos individuales de los ciudadanos, el medio ambiente y la aplicación del Derecho comunitario una devastación acaecida durante la democracia y no antes, en el franquismo recalca Argullol. No deja de resultar llamativo que el informe fuera aprobado a fines de marzo con el voto en contra de socialistas y populares españoles, pero también se culpa la corresponsabilidad ciudadana en la callada aceptación del delito ¿Cómo hemos llegado a esto? Siendo las causas también incontables Aurelio Arteta, que el año pasado coordinó el volumen colectivo El saber del ciudadano: Las nociones capitales de la democracia opta por referirse a las principales: Diría primero que esa degradación ha ocurrido (o la hemos consentido) porque entendemos la democracia como una simple forma o procedimiento con olvido de su con- tenido de igualdad y libertad. O sea, porque la hemos reducido a mera técnica de toma de decisiones públicas, al gobierno de la voluntad de la mayoría, sin importarnos cómo formar esa voluntad mediante buenas razones. Se supone que la democracia tiene que contar votos, eso es todo, no dar y recibir argumentos. Ninguna necesidad, pues, de educación de la ciudadanía La banalización del sentido de democracia en nuestro país ha llegado al extremo de creer que la política nacionalista vasca radical será plenamente democrática en cuanto renuncie al recurso a la violencia, mientras que el nacionalismo catalán es intachable tan sólo porque no mata. Que unos y otros se apoyen en premisas des- igualitarias y que persigan metas a costa de la libertad de muchos, eso sería lo de menos. Así entendida, esa democracia no puede interesar mucho. Hay otro diagnóstico en el que el acuerdo es unánime. Las democracias occidentales son deficientes porque han sido secuestradas o neutralizadas por los partidos políticos. Los partidos- -lo explicó Max Weber- -son empresas privadas que administran lo público y cuyo beneficio consiste en el reparto de cargos y sueldos públicos En teoría, gana las elecciones o revalida la victoria el partido que presenta un programa inteligente o ha gobernado bien asegura Álvaro Delgado- Gal, que acaba de publicar El hombre endiosado La disputa entre los partidos sería un algoritmo tendente a producir resultados políticos óptimos. Pero si se puede ganar abusando del gasto, o mintiendo, o seduciendo al electorado, nos encontramos ante una especie de aporía, de la que es expresión elocuente y máxima, por ejemplo, el peronismo Ramón Vargas- Machuca, que fue diputado socialista por la provincia de Cádiz, autor de libros como La democracia post- liberal cree que las elecciones europeas son sintomáticas hacen notar esos males sistémicos del desempeño cotidiano de la política. Como el ser de la política se ha vuelto hoy esencialmente mediático, la brecha entre lo que se anuncia y lo que las cosas resultan se hace cada vez más grande. Casi todo se exagera, se hace simplón y se desnaturaliza. También el sentido de esta convocatoria electoral cuyo contenido es ninguneado por una competición política doméstica que no sabe o no puede salir de su noria de feria. Cuando los ciudadanos sienten que no merece la pena implicarse porque en cualquier caso todo seguirá igual, entonces no pierden solo su fe en la política sino su confianza en (el poder de) la democracia Autor de La ciudadanía hoy: problemas y propuestas Javier Peña atribuye el actual estado de cosas en la casa política en parte a la extensión y complejidad de las sociedades democráticas modernas, que requiere la intermediación de organizaciones como los partidos (sujetos a la lógica de su función instrumental: ganar elecciones) y facilita la separación entre representados y representantes y el alejamiento del ciudadano común del espacio público, que percibe ajeno a sus asuntos privados, y deja hacer a los políticos, recurriendo a ellos como proveedores de sus intereses. Pero aún más se debe al desplazamiento y subordinación de la política a los poderes económicos e ideológicos que controlan la agenda política y la información Maite Larrauri es la autora de útiles ensayos bajo el epígrafe Filosofía para profanos (como La libertad según Hannah Arendt o La guerra según Simone Weil Ella piensa que cuando se pierde el sentido común que permite llamar a las cosas por su nombre, y juzgar como perversión lo que, en efecto, lo es, y como abuso de poder lo que, sin duda, lo es, la propaganda ocupa ese lugar vacío. Y ahí tenemos a los millones de italianos que votan a Berlusconi y que, al parecer, lo seguirán votando. Se empieza a sentir, entre quienes no Noria de feria La dolce vita estilo Berlusconi Aviones oficiales para trasladar bailarinas y azafatas Quien se lleva la palma en el uso de bienes públicos en beneficio privado es Silvio Berlusconi, uno de los hombres más ricos de Italia, con gigantescos intereses en los medios de comunicación (encargados de preservar su inmensa popularidad) Antonello Zappadu, autor de las fotos de amigos y modelos desnudos en la mansión que el primer ministro tiene en Cerdeña, asegura que prácticamente cada fin de semana aviones oficiales pilotados por el 31 escuadrón de la Aeronáutica Italiana trasladan al aeropuerto de la costa Esmeralda a los amigos del jefe de jefes. Berlusconi, en un estudio de televisión. Una pantalla le muestra junto a su esposa, Veronica Lario, que ha pedido el divorcio REUTERS