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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA Obama comparece ante el Islam POR EDUARDO SAN MARTÍN bama presenta sus credenciales al mundo musulmán. Lo prometió en la inauguración de su mandato y hará efectivo su compromiso esta misma semana en El Cairo. La elección del lugar no es inocente. Podía haber escogido alguna de las grandes democracias islámicas del planeta- -Indonesia o Turquía- y habría enviado así una señal esclarecedora de la que debería ser la apuesta del líder de occidente en relación con ese mundo: la de la compatibilidad de los sentimientos religiosos del Islam con los valores de una democracia efectiva; un mensaje inequívoco a unas sociedades cuya creciente desafección respecto de esos valores es el caldo de cultivo en el que prospera el islamismo radical. Dos movimientos contradictorios convergen en una idéntica alienación: el de unas minorías marginalizadas que se echan en brazos de Al Qaida porque les ofrece una respuesta contundente a nuestros excesos; y el de nuevas generaciones de musulmanes cuyas aspiraciones de progreso y mayor O libertad no encuentra amparo en las democracias occidentales, que siguen convirtiendo a los déspotas del universo musulmán en aliados preferentes de su acción internacional. Para esas generaciones, que seguramente serán mayoría en muchos países islámicos, tendrá que haber sido decepcionante que el régimen de Mubarak ejerza de anfitrión de la primera declaración de principios que Obama dirigirá a los mil millones de musulmanes de todo el mundo. Por esa razón, el presidente americano deberá esforzarse en que sus palabras desmientan las impresiones que sugieren el escenario elegido. Tendrá que ocuparse del conflicto palestino- israelí o de las pretensiones hegemónicas de Irán en la región, pero deberá dejar claro que una asociación real de Estados Unidos (y de todo occidente) con el mundo musulmán requerirá una adhesión común a valores tales como la libertad religiosa y de expresión, elecciones libres y renuncia a la tortura como editorializaba esta semana The Washington Post. En sus primeros pasos en política interna- cional, el presidente de las grandes esperanzas parece haber optado, sin embargo, por una realpolitik de nuevo cuño, en contraposición a las ínfulas misioneras de los neoconservadores o a la soberbia redentora de Bush. Ya lo dijo cuando presentó su nueva política sobre Afganistán y Pakistán: la prioridad no será la promoción de un improbable sistema democrático en esos países, sino la de que no alberguen nuevas amenazas contra Estados Unidos. Puesto al día y envuelto en la seductora retórica de Obama, se trata de ese viejo dogma conservador que antepone seguridad a libertad y que ha condenado a muchos ciudadanos del mundo a la indigencia democrática por razones de estrategia política. Como en los tiempos de la Guerra Fría. La nueva colonización n un tiempo era la seguridad militar o la energética. Ambas siguen quitando el sueño a los gobernantes del mundo, pero ahora es la seguridad alimentaria la que hace furor. Y para conseguirla, los nuevos ricos del planeta siguen los pasos de las antiguas potencias coloniales: esquilmar a África. Cierto, esta vez con el consentimiento de los gobiernos de los países afectados, pero también con idénticos resultados. La realidad es que algunos estados africanos E están entregando grandes extensiones de tierra cultivable, prácticamente gratis, a países emergentes que, como Arabia Saudí o Corea del Sur, carecen del territorio o del clima necesarios y pretenden asegurarse así un suministro estable de productos alimenticios. Un estudio elaborado por dos agencias de Naciones Unidas y un think tank internacional sobre medio ambiente y desarrollo con base en Londres revelaba esta semana que muchos de los acuerdos sobre tierras documentados revelaban que no existía ninguna contraprestación o esta era mínima y que, aunque tales acuerdos contenían promesas de empleos e infraestructuras a cambio de la cesión, esos compromisos suelen carecer de seriedad El fenómeno adqurió notoriedad mundial cuando el gobierno de Madagascar cayó por negociar un acuerdo semejante con la empresa surcoreana Daewoo. En el informe se citan otros países, como Etiopía, Ghana, Mali y Sudán. Según estimaciones del presidente de Nestlé, Peter Brabeck, el total de superficie cultivable afectada por los acuerdos alcanza ya los 15 millones de hectáreas, territorio equivalente a la mitad de Italia. Los autores no se oponen a este tipo de contratos pero sugieren, humildemente, que no se ofrezca a los países anfitriones engañosos abalorios a cambio de sus tesoros. www. abc. es blogs san- martin