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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA La cosa está que arde POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE L o de las Elecciones al Parlamento Europeo es apasionante y cada mañana se levanta uno con la ilusión de participar lo más activamente posible en la excitación con la que se vive esta campaña electoral. La verdad es que toda ocasión es poca para escuchar a nuestros líderes políticos en su mejor versión: esa manera inteligente, ilustrada y educada de digirse en los mítines a sus futuros votantes, y es en estos preámbulos electorales cuando el ciudadano tiene la oportunidad de oír todas esas grandes frases que guardan para estas ocasiones y que luego la Historia se niega a olvidar... ¿Cómo olvidarse de aquel espontáneo y natural Buenas noches y buena suerte de José Luis Rodríguez Zapatero... o cómo de aquella niña de Mariano Rajoy? Ni siquiera en una semana como ésta que acaba, tan cuajada de puntos de interés, se ha podido ensombrecer a los auténticos protagonistas de ella: los políticos en campaña. Con que sencillez y franqueza han ocupado el centro de la diana informativa nombres como el de Juan Fernando López Aguilar, Jaime Mayor Oreja, Ramón Tremosa o Cayo Lara, y con cuánta lucidez y cono- cimiento han desmenuzado todos esos problemas que nos amenazan, mostrándolos y advirtiendo las diversas fórmulas para atajarlos. Tenemos unos políticos que no nos los merecemos. Nada se les antepone: ni el enorme éxito del Fútbol Club Barcelona; ni el estreno de Millenium la versión cinematográfica de Los hombres que no amaban a las mujeres esa novela de Stieg Larsson que también sirve para hacerle la raya a los pantalones sin necesidad de plancha; ni siquiera esa agudeza compartida entre las dos ministras Trinidad Jiménez y Carme Chacón, a espaldas de la estrella del gabinete, Bibiana Aído, que sólo pudo aportar esta semana al conocimiento general esa idea de que ha de ser, para las menores, tan fácil abortar como ponerse tetas. Nada de todo esto ha conseguido apartar la vista de lo esencial: ¿De dónde saca ese insultante moreno per- petuo López Aguilar, o quién le anuda las corbatas a Mayor Oreja, el propio Duque de Windsor? Total, que nos hemos plantado ya en la semana crucial de esta campaña y estamos todos sobre ascuas, porque el próximo domingo esto se acaba. Disfrutemos durante estos días de la oratoria y facundia de nuestros políticos subidos a la tarima, que es su lugar predilecto para recibir a las musas (son artistas de la labia y el mitin es su lienzo, su papel en blanco, su- -con perdón- -instrumento) desde esa tarima estamos a punto de enterarnos qué y cómo nos va a ocurrir en los próximos meses, tal vez años; allí arriba se convierten en adivinos, en profetas, augures. Luego, ya en el cargo, es cierto que les llega la parentela y los humaniza mucho: ¡Ay, primo, dame argo! y por eso no hay que perdérselos ahora, que relucen como una Harley Davidson. Y recordarlos así. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO Seguimos en contacto POR XAVIER PERICAY o sé qué opinarán ustedes, pero a mí eso de la correspondencia electrónica me parece fascinante. No me refiero ahora al tiempo que invertimos diariamente en leer y escribir los mensajes, ni siquiera a la dependencia que ha creado ya el invento en muchos de nosotros- -baste recordar, por ejemplo, el pánico que se apoderó de millones de usuarios de gmail, hace tres meses, cuando a ese gestor de correo le dio por estarse tres horas, tres tristes horas, sin funcionar- no, lo que N me maravilla es la escritura. Y, antes incluso que la escritura, la disposición formal del texto. Nada más abrir el mensaje y sin apenas haber empezado a leerlo, uno ya sabe con quién se las tiene. Para entendernos, uno ya sabe si le están hablando- -o gritando- -o si le están escribiendo. En el primer caso, lo que uno ve es una masa informe, amazacotada, de letras; en el segundo, un cuerpo más o menos armado de sentido y, en definitiva, reconocible. Por supuesto, esos dos modos de escritura pueden darse en una misma persona. Pero no suele ser habitual. Normalmente, el hablador va a lo suyo; y el escribidor, tres cuartos de lo mismo. Y hasta es posible que este último, en vez de contestar a vuelapluma, despache su correspondencia a una hora fija del día o de la noche- -mejor de la noche- como en la época en que todas las cartas que se mandaban y se recibían eran de papel. Aun así, está claro que el que escribe no escribe igual que antes. Ni queriendo lo haría. Y no sólo porque ha trocado la hoja de papel por la pantalla del ordenador o del teléfono móvil, sino porque la distancia entre su escritura y la correspondiente lectura también ha cambiado. Antes uno escribía a sabiendas de que entre uno y otro momento mediaría una eternidad- -y más en España, donde el correo ha sido siempre un aliado de la eternidad- ahora, en cambio, ese tiem- po es indefinido. Nadie sabe si le van a responder al punto o si van a tardar días o semanas. De ahí que coexistan, en el encabezamiento y en la despedida y cierre del mensaje, fórmulas de otro tiempo con soluciones indignas de un escrito. En el arranque, por ejemplo, aparte de los tradicionales estimado o querido menudean los buenos días o buenas noches e incluso el hola -que, según humor y vitalidad del escribidor, puede contar con el refuerzo de dos o tres puntos de exclamación, lo que equivale, como mínimo, a dos o tres sacudidas intempestivas- Pero, donde las cosas se están sacando de quicio, es en el cierre. Y es que, al lado de los besos y abrazos de toda la vida, va penetrando, cada vez más, un seguimos en contacto Y lo peor no es eso. Lo peor es que quien así se despide es, por lo general, un indeseable.