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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Omaha Beach, Coleville- Sur- Mer, 6 de junio de 1944. La primera oleada de tropas americanas desembarca al amanecer del Día D FOTOGRAFÍA DE ROBERT CAPA CORNELL CAPA, 2001 BIBLIOTECA NUEVA Robert Capa narra el Día D Capa aspiraba a ser escritor. Se convirtió en fotógrafo por azar, y como uno de los mejores fotógrafos del siglo XX pasó a la historia. Pero Ligeramente desenfocado -sus Memorias de la Segunda Guerra Mundial- -demuestran que era un narrador magnífico, muy suelto y desmitificador. Su relato del desembarco de Normandía es probablemente el mejor escrito de aquel episodio e nos proporcionó un librito en el que se explicaba cómo tratar y dirigirse a los aborígenes, en el que se incluían algunas frases útiles en francés, como Bonjour, monsieur, nous sommes les amis américains Ésta era para los hombres. Bonjour, mademoiselle, voulez vous faire une promenade avec moi? Ésta, para las mujeres. La primera significaba No me dispare, señor y la segunda podía significar cualquier cosa. Había otras sugerencias referidas a los nativos de un segundo país, a quienes esperábamos encontrar en gran número en esas playas (por ciertas razones) Estas sugerencias incluían apropiadas fra- S ses en alemán que servían para prometer cigarrillos, baños de agua caliente y todo tipo de comodidades, todo a cambio de hacernos algo muy sencillo: rendirse incondicionalmente. Leer el librito, en efecto, conseguía hacer prever un halagüeño futuro. Todos sufríamos esa extraña enfermedad conocida como anfibia Ser tropas anfibias sólo quería decir una cosa para nosotros: podíamos pasarlo mal en el agua o podíamos pasarlo mal en tierra firme. No había excepciones. El único personaje que es anfibio y feliz a la vez es el caimán. Existían diferentes grados de anfibia y aquellos que formaban la vanguardia del asalto a la playa solían sufrir Robert Capa Fotógrafo. Escritor sus manifestaciones más agudas. En mi buque, el U. S. S. Chase, todos y cada uno de los pasajeros entraban en alguna de estas tres categorías: los planificadores, los jugadores y los escritores de cartas. Los jugadores se encontraban en la cubierta superior, apiñados en torno a un par de dados enanos y arrojando cientos de dólares sobre una manta. Los escritores de cartas de despedida se escondían en los rincones y escribían hermosos testamentos en papel, en los que dejaban sus pistolas favoritas a los hermanos pequeños y su dinero a la familia. Los planeadores, por su lado, se pasaban el tiempo en el gimnasio, situado en lo más profundo del barco, tumbados bo- ca abajo en un linóleo sobre el que se había montado un modelo a escala de la playa, con todos los árboles y casas de la costa francesa. Los líderes del pelotón elegían el camino que iban a seguir entre las aldeas de plástico y buscaban protección tras los árboles de plástico y las trincheras de plástico. El U. S. S. Chase era un buque nodriza que cargaba muchas barcazas de asalto, las cuales serían lanzadas al agua a diez millas de la costa francesa. Yo tenía que escoger una barcaza en la que viajar y un árbol de plástico tras el que esconderme una vez llegado a tierra. Era como observar toda una (Pasa a la página siguiente)