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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE El paisanaje nuclear El cierre de Garoña supondría la destrucción de un millar de puestos de trabajo, la mayoría de ellos en el Valle de Tobalina, comarca que ha vivido tradicionalmente de la agricultura y la ganadería. En los últimos años los relevos generacionales se han producido más en la central que en el campo TEXTO: M. Á. BARROSO FOTOS: FÉLIX ORDÓÑEZ i no fuera por la alambrada a lo Guantánamo del perímetro- -se instaló después del 11- M, nos aclaran- Garoña parecería una instalación industrial más. Sus gestores se han preocupado de que no sea una anormalidad enquistada en el bello paisaje del Valle de Tobalina, envolviendo el hormigón con árboles de gran porte y jardines donde retozan gamos. Obsesión por lo verde: un paisaje amable junto a un reactor nuclear. Mala conciencia, dicen los críticos. Inversión en mejora medioambiental, se defiende Nuclenor. En la exposición abierta al público llama la atención una fotografía del meandro antes de la construcción de la central: un paraje más bien feo, sin apenas vegetación, en comparación con la actual exuberancia de la que tan sólo parece escapar la larga chimenea. En el comedor del complejo coinciden José Alfredo y Aída Muntion, padre e hija. Hace años, los relevos generacionales en esta comarca burgalesa se realizaban en el campo; ahora, en la central nuclear. José Alfredo, un ingeniero naval reconvertido lleva 23 años en Garoña. Es jefe de Protección Radiológica (controla cómo pueden afectar las radiaciones a los trabajadores y el público) y tiene un equipo de 23 personas a su cargo. No estoy preocupado por el futuro de la central, porque aquí buscamos la excelencia por encima de todo afirma. En la comida charlas del asunto, claro, pero no es el monotema, porque la verdad es que hay mucha tarea. Además, la única presión que podemos hacer es trabajar lo mejor posible. La pena es que vivimos en un país donde la inercia política tiene más fuerza que la gestión El padre habla con orgullo del currículum de la hija cuando bromeamos sobre si entró aquí por enchufe. Tenía muy buenas ofertas, pero decidió aceptar la de Nuclenor en 2006 a pesar de que sabíamos que la central iba a estar en el ojo del huracán en poco tiempo añade. Aída, ingeniera industrial, está integrada en el grupo de Ingeniería de Planta, que realiza modificaciones en el diseño de los sistemas según las recomendaciones del Consejo de Seguridad Nuclear. S Somos como los médicos de cabecera. Tenemos una visión general del paciente, vemos los síntomas y enviamos al especialista a resolver el problema señala. Para una profesional de mi perfil no hay nada mejor que una central nuclear. Es un reto constante. Además, Garoña ha estado siempre presente en mi vida, desde que siendo niña venía a buscar a mi padre al acabar la jornada. No creo que la energía nuclear y las renovables sean excluyentes, pero está bien que se abra el debate. Tengo que reconocer que la gente de mi quinta es menos radical y no se implica demasiado en estas discusiones; noto un cierto pasotismo porque nos ha ido bien Rafael González, alcalde del municipio del Valle de Tobalina La central cuenta con 330 trabajadores en plantilla y da empleo indirecto a unas 700 personas, el 90 por 100 procedente de la comarca. Tobalina, un escondido valle del noroeste de Burgos, es un enclave natural cargado de historia, yacimientos arqueológicos, casonas y maravillosas poblaciones, como Frías. La agricultura (cereal, sobre todo, y productos de la huerta) y, rebobinando más, la ganadería, han sido las dos actividades tradicionales. Treinta y dos pedanías forman el municipio, cuyo ayuntamiento sienta sus reales en Quintana Martín Galíndez. Su alcalde, Rafael González, nos llena las manos de libros y folletos. Vengan a Tobalina... pero de vacaciones Mil doscientos habitantes; 7.000 en verano, cuando regresan los hijos pródigos. Uno de los volúmenes es un archivo fotográfico de los tiempos en que el mundo era en blanco y negro. La central nuclear también sale en el álbum. Si el Consejo decide que Garoña está apta debería continuar su funcionamiento, máxime cuando no hay un plan alternativo comenta el alcalde, que trabaja en la central, en el taller de instrumentalización, desde hace 30 años. Malo sería que la decisión se tomara por capricho de unos políticos que jamás vienen a la zona y no se preocupan de las necesidades de la gente ¿No hay un Tobalina antinuclear? Hay críticos, por supuesto, pero la mayoría de los vecinos está conforme. La central se percibe como una fábrica más. Será la costumbre de los años, o que pequeñas industrias se irían al garete si finalmente se cierra José Alfredo y su hija Aída en el comedor de la central. Dos generaciones coinciden en la encrucijada de Garoña