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31 5 09 EN PORTADA Los gamos son inquilinos sorprendentes de la instalación. Los machos pierden sus astas en primavera... por razones naturales Garoña Bajo el volcán del debate energético José Ramón Torralbo, director de la central, opina que aún no hay alternativa a las nucleares (Viene de la página anterior) aquí comenta Elías Fernández, jefe de la sección de Relaciones Exteriores de Garoña. El negro sobre blanco de esta biblia es un galimatías indescifrable. Antes de entrar al corazón de la central, donde habita el reactor entre muros de hormigón de tres metros de grosor, hay que coger un dosímetro, el aparato que mide la dosis de radiactividad. El límite establecido para un visitante es de 40 microsievert (el sievert es la unidad de medida de la radiación absorbida por la materia viva) El tope de Elías Fernández, profesionalmente expuesto, es de 1.497 mSv. Luego nos ponemos una bata blanca, una especie de verdugo en la ca- En la sala de control, donde hay personal las 24 horas, los equipos (duplicados para que la seguridad sea redundante) están anclados al suelo como protección antisísmica beza (más el casco) y sólidas calzas cubriendo los zapatos. Después de caminar por pasillos con los techos llenos de tuberías llegamos a la sala donde se encuentra la vasija del reactor. Una puerta de 50 toneladas de peso nos separa del artefacto del bien y del mal. La estancia está desierta. También el piso superior, donde se encuentra la piscina de agua destilada y sorprendentemente cristalina donde se enfrían las barras de uranio. En cambio, en las paradas para recargar el reactor- -que suelen durar un mes; la última tuvo lugar en marzo y se realizaron más de 6.600 trabajos en la instalación- -hay mucha gente trajinando explica Fernández. Que tenga un buen día saluda una voz femenina y metálica cuando entramos en la cabina de chequeo. Posicione las manos. Introduzca las manos. Acérquese. Cinco, cuatro, tres, dos, uno... Vuélvase de espaldas. Posicione las manos. Introduzca las manos. Cinco, cuatro, tres, dos, uno... Muchas gracias. Limpio Al salir de la cabina nos quitamos la bata, el verdugo y las calzas, que van a unos contenedores para su posterior lavado. En nuestros oídos resuena el último mensaje de la cabina. Limpio Por si acaso, miramos el dosímetro. Hemos recibido un microsievert de radiactividad. Insignificante dice Elías. Una radiografía son 200 ó 300 microsievert Suena tranquilizador.