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24 5 09 ASÍ LO CONTÓ ABC 29 DE MAYO DE 1949. Hace 60 años, cuando aún no se habían apagado las brasas de la guerra civil, el escritor José María Pemán hacía una elocuente defensa de Miguel de Unamuno. A partir de la publicación de las cartas a Jiménez Ilundain, Pemán reflexiona sobre la paradoja de quien, a fuerza de no ser religioso, no habló más que de religión toda su vida Así lo contó ABC Unamuno, o la gracia resistida spaña es una gran exportadora de aceite, vinos, naranjas... y energúmenos. Empleo esta palabra sin la más leve descalificación peyorativa: en su etimológico sentido de seres dotados de grandes chorros de energías. A nuestros escritores y filósofos, con simples armas intelectuales les cuesta trabajo abrirse paso hacia la universalidad. A nosotros en el mercado internacional nos piden hombres Manolete ha sido nuestra máxima exportación reciente. Por eso nuestros escritores, para interesar en el mundo, han de parecerse a Manolete lo más posible: quiero decir que han de estar cargados, ante todo, de valores patéticos y personales. Así, sobre todo, don Miguel de Unamuno, que por su centelleante humanidad agónica y paradójica, se anticipó a ser una vacación de racionalidad, cuando los libros europeos eran todavía tan racionalistas. Por eso, por ser el hombre lo E que se busca en él y no el filósofo, ni el novelista, ni el dramaturgo, toda Europa y América andan a la caza de sus cartas íntimas, donde, casi más vivamente que en su lírica, se perpetúa lo que más interesa de él, que es él mismo. A don Miguel no le quieren oír ideas o frases; le quieren oír suspiros, tacos o rabietas. Y todo esto es más fácil de encontrar en una carta que en un ensayo filosófico. Ahora, en la Revista de la Universidad de Buenos Aires el doctor Hernán Benítez publica el que, a mi juicio, va a ser el mayor tesoro epistolar de don Miguel: sus cartas al bilbaíno Jiménez Ilundain. En la tertulia de fin de siglo, Ilundain, que pronto había de trasladarse a París, representa el espíritu plenamente ganado por el agnosticismo ateo de la hora. Su correspondencia con don Miguel se plantea en este plano y con una lógica absoluta. Don Miguel tampoco es creyente ortodoxo, pero es cristiano místico. Ilundian le re-