Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Olvidado Kabul TEXTO: PABLO DÍEZ. FOTO: ALVARO YBARRA ZAVALA rimero fue un símbolo del poder monárquico que dirigió Afganistán tras su independencia en 1919, luego ha sido un icono de la destrucción que provocaron tres décadas de guerras, y ahora pretende erigirse como un modelo para la reconstrucción a la que aspira este castigado país. Se trata del Palacio Real de Kabul, cuyas ruinas se mantienen en pie a duras penas sobre un pelado promontorio. Aunque su nombre original, Darul Aman significa Morada de paz este imponente edificio de estilo neoclásico apenas ha vivido unos instantes de calma desde que fuera construido allá por los años 20 del siglo pasado por el rey reformista Amanullah Khan, quien encargó las obras al arquitecto alemán Wilhelm Rieck. Un palacio narra su historia El antiguo Palacio Real de Kabul resume la atormentada historia de Afganistán. Habla del fracaso de cada afán modernizador del país y de las guerras en que concluyeron todos ellos. Una empresa turca está diseñando la rehabilitación del que en tiempos se llamó Morada de Paz P Pero el soberano fracasó ya entonces en su intento por modernizar Afganistán con construcciones típicamente europeas. Como ha venido ocurriendo a lo largo de su historia más reciente, finalmente se impuso la tradición islámica más conservadora y tanto este palacio como el vecino de Tajbeg, la residencia oficial de la familia El Rey Amanullah fracasó en su intento de modernizar el país, y el palacio se quedó en un mero espejismo de lujo y esplendor en medio de la más extrema pobreza El futuro de este proyecto es casi tan oscuro como el de Afganistán tras el recrudecimiento de la ofensiva talibán. Tal vez sea sede del Gobierno o tal vez un hotel de lujo real, se quedaron en un mero espejismo de lujo y esplendor en medio de la pobreza más extrema. Antes de que el último Rey de Afganistán, Zahir Shah, fuera derrocado en 1973, el Palacio ardió en 1969 y luego fue restaurado como Museo de Kabul y Ministerio de Defensa. Éste fue su último uso oficial antes de la invasión soviética de 1979, que inició una década de guerra que luego continuaría tras la retirada del Ejército Rojo, cuando los muyahidines se enfrentaron entre sí por el poder. En Kabul, los combates más encarnizados entre señores de la guerra tuvieron lugar entre 1991 y 1996, en la guerra civil que redujo la ciudad a cenizas y se cobró más de 10.000 muertos. Así lo atestiguan los agujereados muros y hundidos tejados del Palacio Real, arra- Aspecto que presenta el interior del regio edificio, castigado durante decenios de guerras interminables sado casi por completo al hallarse en lo que era la primera línea del frente. Su grado de destrucción es tal que la mayoría de los afganos pensaban que sería imposible volver a ponerlo en pie, pero una empresa turca ya está diseñando su rehabilitación. Aparentemente, no hay problemas con los cimientos salvo en un lateral, donde han cedido y habrá que inyectar cemento. El techo y la parte central están muy deteriorados, pero otras zonas del edificio se encuentran en buenas condiciones explica a ABC Omer Biyikoglu, responsable de la firma, en un espeluznante recorrido por las fantasmagóricas ruinas del palacio. Donde antaño se celebraban espléndidas recepciones oficiales en descomunales salones con lámparas de araña, hoy se amontonan los cascotes de los escombros reventados por los obuses. En los salones, despachos y derruidas escaleras de caracol se acumulan montañas de basura de los tiempos en que el palacio fue tomado como observatorio por tropas de uno y otro bando. Muerte a los talibanes dice una pintada en árabe en una pared junto a un irreverente dibujo del mulá Omar acariciando los pechos a una mujer. En las ventanas, desde las que antes se divisaba una idílica postal de los floridos jardines, ahora se apilan secos terrenos cosidos por las balas. Alrededor de Darul Aman como en casi todo Kabul, los árboles y la vegetación han desaparecido, dando lugar a un polvoriento paisaje. Primero estudiaremos el terreno y tomaremos medidas para comprobar el estado tanto de este edificio como del cercano palacio de Tajbeg, cuyos proyectos de remodelación estarán concluidos a finales de este año avanza Omer Biyikoglu, empresario turco, que participó en la reconstrucción del puente de Mostar, y que ya ha diseñado la rehabilitación del palacio de Dil Gusha, que se convertirá en la oficina del presidente Hamid Karzai. El proyecto final ha costado más de dos millones de euros y, en la primera planta, se construirá un salón de recepciones, una sala de prensa con traducción simultánea, mientras que la segunda albergará el despacho presidencial desvela el constructor. En 2003, y debido al empeño personal de Karzai, el Gobierno afgano tenía intención de convertir el Palacio Real en el Parlamento, pero el futuro de este proyecto es casi tan oscuro como el del país por el recrudecimiento de la ofensiva talibán. Ya sea una sede del Gobierno o un hotel de lujo, dejaremos algunos impactos de balas en las paredes para que las próximas generaciones recuerden lo malo que es cualquier conflicto armado concluye Omer, como si las cicatrices que han dejado 30 años de guerra no estuvieran ya suficientemente a flor de piel en Afganistán.