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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE ta (diecisiete cuarenta y nueve, hora de Madrid) envuelto en vivísima llama, se alzó en la rampa 39- B del puerto espacial de Cabo Kennedy el cohete gigante Saturno portando la cápsula Apolo X con sus tres astronautas a bordo. Los 109 metros de altura del cohete Saturno con sus 3.100 toneladas de peso, han consumido combustible (formado por oxígeno líquido y keroseno) a razón de 13.000 litros por segundo, al partir en su vuelo. En menos de tres minutos, los poderosos motores F- 1 de la primera fase del cohete Saturno impulsaron el enorme ingenio hasta 61 kilómetros de altura, alcanzando una velocidad de 9.600 kilómetros por hora. Consumidas las 2.200 toneladas de que disponía esta primera fase, se desprendió ésta automáticamente, entrando en acción los cinco motores F- 2 de la segunda fase, con un empuje global de cien toneladas, y que han consumido unas 500 toneladas de hidrógeno líquido y oxígeno. A los seis minutos, la seguna fase había llevado a la cápusla Apolo X hasta 182 kilómetros de distancia de la superficie de la Tierra, alcanzando una velocidad de 22.000 kilómetros por hora. En este momento, los técnicos verificaron, mediante instrumentos de control, todos los dispositivos de vuelo y las condiciones regulares del mismo. El paso siguiente fue el desprendimiento del sistema de escape, o seguridad instalado en la proa del Apolo X para hacer posible el salvamento de los astronautas, en caso de haber fallado algo en el vuelo. Este sistema pesaba cuatro toneladas, y fue desprendido mediante la acción de un pequeño motor. FACTOR HUMANO or encima de los récords científicos batidos por norteamericanos y rusos en su pugna, sobresale la dimensión humana de la empresa. Thomas Stafford, comandante del Apolo X triunfador en su empeño de llevar a bordo una cámara de televisión en color para compartir las maravillas del viaje espacial con todos los hombres es un símbolo de la solidaridad humana. Como lo eran sus compañeros del Apolo VIII recitando los primeros pasajes del Génesis para saludar la Nochebuena a toda la Humanidad. No olvidan que el azar los ha designado para protagonizar una misión en la que está representada la familia universal de los hombres, y que es por sus vidas- -no por los instrumentos de la nave- -por lo que el mundo sigue con temblorosa ansiedad su periplo. Al margen de cualquier razón ideológica, no se puede seguir, por motivos humanos, con el mismo sentimiento un vuelo espacial norteamericano y uno ruso. La información abierta, el desafío al peligro a plena luz, la divulgación previa del programa minuto a minuto, suponen una participación ecuménica en la empresa. La conquista del espacio es una obra de hombres, no de robots, y los astronautas son sencillos mortales que bromean entre las computadoras y se maravillan ante el espectáculo del cosmos, y no superhombres de historietas ilustradas. Protagonizan la obra de unos hombres de ciencia que se cimienta en los conocimientos de Copérnico, Galileo, Kepler y Newton. Es la coronación, por ahora, del esfuerzo humano por ir siempre más allá. MIGUEL TORRES P Sobre estas líneas, el Apolo X antes de su despegue. De izquierda a derecha, los tripulantes de la nave: Eugene Cerman, John Young y Thomas Stafford. John Young, piloto del módulo de mando de la nave, durante una simulación del vuelo. Los astronautas visitan la cápsula Charlie Brown en la que regresaron a la Tierra