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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Me informo, luego rebuzno POR E. RODRÍQUEZ MARCHANTE a información es conocimiento, se decía hace no mucho en lo que hoy se ve como una clara sobrevaloración de la multitud, el exceso y la sobredosis. Lo que se puede decir hoy es que la información es un bazar lleno y desordenado en un día con prisas. Y también se consideraba con mucha pompa: la información es poder. Ahora mismo, que todo el mundo tiene esa llave de la caja fuerte de la megainformación que es internet (caja en la que hay, claro, todo el cargamento de congelados del Estado de Nebraska) eso que llamamos informa- L ción no es más que un obstáculo para alcanzar el conocimiento y un monumental estorbo para caminar hacia la sabiduría, para ya ponernos cursis. La información es, en realidad, lo que precede al rebuzno. Si ahora pretendiera darle forma aquí a uno o varios asuntos de los que he tenido ocasión de informarme últimamente, sospecho que el ilimitado conocimiento que dispondría sobre ellos tendría como resultado más o menos esa apariencia: un rebuzno. El estado de la Nación, del que incluso me he podido informar de primera mano, pues he visto y he oído las voces de quienes lo han evaluado en el Con- greso; el caso Gürtell, del que tan generosamente se ha ocupado la Prensa, o cierta Prensa; la solidez y garantía de nuestro sistema social, especialmente el que atañe a la sanidad y a las pensiones; el brote último de gripe A, o la situación a corto plazo en el País Vasco tras el nuevo Gobierno socialista, o el aspecto de hombre- lobo que está tomando en Cataluña el asunto de la educación y la lengua, o hasta ese embrollo emocional, o político, o sanitario, o ideológico, o familiar de la píldora postcoital... ¿Qué podemos saber de todo esto y de millares de asuntos más después de informarnos de los más diversos modos, y por tierra, mar y aire? De mí puedo decir que, cuando más leo sobre ello, menos capacitado me encuentro para comprenderlos. Naturalmente, esto no quiere decir que la mejor manera de conocer las cosas es no informándose, o haciéndolo poco y de cualquier mane- ra. Lo mejor en esto, como en la más alta montaña, es seguir a un sherpa, a alguien especialista que te señale el árbol en medio del bosque. Pero ése es el segundo gran problema que tenemos: al exceso de broza informativa se le une la escasez de sherpas, de gente a la que seguir o valorar. No sé en otras zonas del mundo, pero en ésta, la corte de profesionales de la opinión es tremendamente previsible. En la televisión los contratan por cuadras y por cuotas, como si fueran ministras; en la radio hace años que desaparecieron las voces propias (a las tertulias acuden uniformados y obedientes como en los viejos campamentos militares) y en la prensa escrita llevan la marca en el lomo, como las reses en los western. La información es multitud y la opinión es única... y hasta que alguien con lucidez no se decida y pueda darle la vuelta a eso (la información es una y la opinión es multitud) seguiremos rebuznando. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO La supremacía del cómo POR XAVIER PERICAY H a llegado hasta mí a través de la red un pequeño ensayo sobre educación. Lo ha escrito Inger Enkvist, catedrática de español en la Universidad de Lund, y se titula La influencia de la nueva pedagogía en la educación: el ejemplo de Suecia Según leo en la página web de la propia Universidad, se trata de un trabajo reciente, del año en curso, editado por la Fundación de las Cajas de Ahorro en su colección Papeles de Economía Española, bajo la advocación de Víctor Pérez- Díaz. Dicho lo cual, debo advertirles que el ensayo de Inger Enkvist no tiene desperdicio. Y no por las novedades que pueda aportar a quien ya conoce y padece el sistema educativo español, sino por la simple razón de que no puede aportar ninguna, como no sea la de comprobar que nuestros socialistas se han limitado a aplicar en este bendito país el mismo modelo que la socialdemocracia sueca había ya aplicado en el suyo. Punto por punto, sin olvidar un solo detalle. Uno sabía ya- -le bastaba para ello con haber leído las memorias de Jean- François Revel y su imprescindible La trai- ción de los profes -que lo de aquí era un triste apaño del patrón francés. Pero, claro, una cosa es un triste apaño y otra un plagio de padre y muy señor mío. Para que se hagan una idea: desde 1969, que fue cuando se implantó en Suecia la enseñanza obligatoria hasta los 16 años, la política educativa de aquel país se ha regido por un nuevo modelo donde conceptos como la cohesión, la comprensividad y la igualdad- -y la consiguiente impugnación de la diferencia, la jerarquía y el mérito- -han arrumbado todo cuanto guardaba relación con la transmisión del conocimiento. De ahí que el foco de interés educativo se haya ido desplazando del qué al cómo -o, por decirlo al modo de los nuevos pedagogos, del saber al saber hacer No importa ya lo que el alumno aprenda o deje de aprender, el desarrollo de su espíritu crí- tico; sólo importan sus destrezas, sus habilidades. Sobra añadir que a estas alturas, y tal como atestigua el informe PISA, a la enseñanza pública sueca le falta poco para entrar en barrena. Pues bien, ni aun así los últimos gobiernos socialdemócratas han querido dar su brazo a torcer. Ha tenido que llegar un gobierno de centro derecha para proponer una reforma de gran calado que, entre otras medidas correctivas, devuelve toda su importancia a la figura del profesor como transmisor del conocimiento. En España, en cambio, no queda más remedio que aguantarse. Suerte que el presidente del Gobierno no olvida la educación y, con vistas al próximo curso, ya ha prometido un ordenador portátil a todos los alumnos de quinto de primaria. Para que vayan ejercitando sus habilidades, claro está.