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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM General Varennikov La lealtad a Stalin en el golpe a Gorbachov Fue un general de cuerpo entero. El Imperio soviético se hundió antes sus narices y él se alzó frente al más alto responsable de la evidencia. Fracasó y no aceptó amnistía ni perdón POR EDUARDO CHAMORRO ra un veterano de Afganistán, es decir, un veterano de todas las guerras o casi, porque ni siquiera la guerra es veterana de todas las guerras. Pero Afganistán es otra cosa. Destinado en Kabul, alrededor de cuyo mercado giraron, giraban y girarían todos los ejército del mundo, pudo ver, quizá con demasiada lucidez y cercanía, la decadencia del Imperio soviético según se extenuaban las líneas de su expansión. Los convoyes del ejército se esfumaban y sus suministros aparecían muy poco después en ese mercado de Kabul, capital de una geografía experta en engañar invasiones, y diestra en la manipulación de todo tipo de armamento. Regresó a Moscú pasando por Chechenia para coordinar las medidas contra la explo- E sión del cuarto reactor de aquella central nuclear. Fue nombrado Héroe de la Unión en 1988: el mayor galardón soviético. Un año después, la Unión Soviética se retiraba de Afganistán, añadiéndose a una lista ejemplar de ilustres retirados del Gran Juego. Nombrado Comandante de los Ejércitos de Tierra y viceministro de Defensa, no pudo hacer otra cosa que asistir, sin la más mínima distancia y en toda la plenitud del espectáculo, al hundimiento del Imperio Soviético en su metrópoli. Pero lo que se hundía era también su vida, incluso su leyenda. El 20 de junio de 1945, con veintidós años y tres heridas de guerra, voló de Berlín a Moscú llevando bajo su custodia la bandera de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que había ondeado sobre la cúpula del Reichstag de Berlín. Pocos días después, fue uno de los héroes de guerra que lanzaron a los pies de la tumba de Lenin las banderas y estandartes arrebatados a los ejércitos nazis. Eso fue en el gran desfile de la Victoria, el 24 de junio de 1945. Y en lo alto de esa victoria se alzaba la figura, el ademán, la mirada, la historia hecha roca en Stalin. No había otro por encima de Valentín Varennikov. Era cosaco, nacido el 15 de diciembre de 1923 en la región de Krasnodar. Un cosaco de los que Se trajo la bandera del Reichstag Putin rehabilitó al viejo guerrero Fue uno de los héroes de la Segunda Guerra Mundial que arrojaron a los pies de la tumba de Lenin los estandartes arrebatados a los nazis. Fue juzgado y condenado por su participación en el golpe contra Gorbachov urdido por los sectores más reaccionarios y nostálgicos del viejo régimen. Rechazó cualquier perdón o amnistía. Pero fue finalmente rehabilitado por Vladimir Putin, quien le nombró Inspector General de las Fuerzas Armadas, en uno de los típicos gestos del entonces presidente ruso por congraciarse con los nostálgicos del viejo imperio soviético y quienes aún suspiran por el pasado. amotinaban la fogosa melancolía de Isaac Babel. Un guerrero por el honor de la patria, la gloria del Imperio y la honra de Stalin. En 1942 pasó de la academia militar al frente: combatió en Stalingrado, participó en la recuperación de Ucrania y Bielorrusia, tomadas por los nazis, y entró en Berlín con el grado de comandante. En 1950 abandonó Alemania Oriental para servir en Siria, Angola y Etiopía antes de ser enviado a Afganistán en representación del Ministerio de Defensa como subjefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Soviéticas. Tardó muy poco en entender con claridad el propósito de la política de Mijail Gorbachov, y menos en planear un golpe de Estado que fracasó en aquellos tres días de agosto de 1991, cuando los tanques rodearon el Parlamento ruso y Boris Yeltsin cogió su oportunidad por los pelos. Detenido y juzgado, Varennikov fue el único de los encartados que rechazó la absolución y la amnistía. Elegido diputado del Partido Comunista en 1995 y en 2003, clamó ante Yeltsin por el sufrimiento de la patria rusa... hasta que Rusia cobró algo más de carne y fuego bajo el mandato de Putin, un espíritu aproximado que le nombró Inspector General de las Fuerzas Armadas. Tal era el mando que desempeñaba al morir tras una intervención neuroquirúrgica.