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17 5 09 EN PORTADA La Princesa En la foto, se desenvuelve con tod en la salida a una carre a naturalidad. ra de muje res La pareja forma un equipo integrado y siempre JAIME GARCÍA dispuesto a acudir cuando se les requiere Dinastía: los Reyes, los ial Los tres eslabones de la nor, en su primera foto ofic Príncipes y la Infanta Leo CASA DEL REY Cinco años Retrato íntimo de los Príncipes (Viene de la página anterior) zado en privado este tipo de visitas solidarias. En otros países, como Estados Unidos o Reino Unido, tanto el presidente Obama como los miembros de la Familia Real británica aparecen, de cuando en cuando, en centros solidarios o arreglando ellos mismos viviendas sociales, y nadie les tacha de demagogos. Pero en España los miembros de la Familia Real prefieren evitar unas imágenes de ese tipo. Cinco años después de su matrimonio, la Princesa es muy consciente de que no puede pedir más a la vida: vive con un hombre al que quiere, cree que sus hijas son dos bendiciones del Cielo y le encanta lo que ella califica como su trabajo Le gusta tanto, que no echa nada de menos el periodismo. De todas formas, ahora como Princesa muestra predilección por las áreas que más le interesaban cuando ejercía como periodista: la sanidad y la educación. El contacto frecuente con el sufrimiento, la enfermedad y el dolor, a través de las asociaciones de afectados que recibe y las instituciones que visita, hace que cada vez valore más la salud de sus seres queridos. Cuando la Casa del Rey anunció que Doña Letizia empezaría a desarrollar su agenda en solitario, dentro de las áreas tradicionales de la Corona, la Princesa mostró interés por la infancia y la juventud. Así empezó a centrarse en niños a partir de cinco o seis años hasta los diecisiete o dieciocho, un grupo de población en el que ella arrasa sobre todo con las niñas, pues se ha convertido en la referencia de muchas de ellas. Cuando acude a un acto, la Princesa se lo prepara concienzudamente con antelación y, sobre la marcha, se aprende de memoria los nombres de los niños o jóvenes con los que habla, les pregunta, se interesa por sus problemas, bromea con ellos, a veces les aconseja y consigue establecer una relación próxima y cercana con la generación de españoles que será adulta cuando Don Felipe y Doña Letizia sean Reyes. En estos años en los que se ha convertido en el foco permanente de atención, la Princesa también ha aprendido a encajar las críticas. El Príncipe lo hizo mucho antes, cuando ni siquiera la conocía. Además, han ido cayendo por su propio peso los rumores y las maledicencias, de las que no se libraron ni siquiera sus hijas, propagadas desde algunos sectores minoritarios tras el anuncio del compromiso y durante los primeros años de matrimonio. Aunque la Princesa es perfeccionista, es una mujer inteli- gente, con personalidad y con los pies en el suelo y se ha dado cuenta de que no puede agradar en todos los aspectos a los 45 millones de españoles. A ello le ha ayudado mucho su felicidad personal, que ha tejido una especie de coraza que la protege de algunos comentarios insidiosos. Esa es su única burbuja, porque la Princesa sigue tan pegada a la vida real como cuando tenía que pagar la hipoteca de su apartamento o hacer cola para renovar el pasaporte. Además, se empeña en seguir haciendo una vida lo más normal posible y no renuncia a ir personalmente a unos grandes almacenes a una hora de poca afluencia cuando quiere hacer compras para ella o para las niñas, como tampoco renuncia a llevar a las pequeñas a algún parque público, a todo tipo de espectáculos infantiles y a tomar algo después. Cuando no las acompaña el Príncipe, a Doña Letizia y a las Infantas les resulta mucho más fácil pasar inadvertidas, pero cuando les reconocen suelen encontrar un público amable que procura dejarles disfrutar de su escapada Ambos son conscientes de que son Príncipes las 24 horas del día, y así lo han demostrado con su disposición permanente y total cuando la actualidad- -dramática en la mayoría de las ocasiones- -ha requerido su presencia de forma inmediata e imprevista. Pero los dos creen también que toda familia necesita parcelas de intimidad: Queremos alcanzar el necesario equilibrio entre lo público y lo privado, entre las obligaciones- -que lo son de por vida- -y la legítima y necesaria vida familiar; sabiendo que nuestro trabajo requiere una serenidad, una dedicación, una constancia y una mesura tales que per- Pegada a la realidad Encajar las críticas Dos bendiciones del Cielo La Princesa sabe que no puede pedir más a la vida: está enamorada del Príncipe, cree que sus hijas son dos bendiciones del Cielo y le encanta su trabajo A las Infantas Leonor y Sofía, que tienen tres años y medio y dos, les explican poco a poco quiénes son sus abuelos los Reyes y a qué se dedican los Príncipes