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26- 27 D 7 LOS DOMINGOS DE Unos niños juegan al balón en ese inmenso campo de fútbol que es el desierto Una señal de tráfico anuncia curvas peligrosas donde sólo hay pastoras con sus rebaños mo oasis. Desde M Hamid salían los grandes azalay esas interminables caravanas de nómadas y dromedarios cargados de tejidos, dátiles, especias y artesanía. Para alcanzar Tombuctú, debían pasar unos dos meses de viaje cruzando el Sahara, y regresar después cargados de bloques de sal de las infernales minas de Taoudenni. El trueque, el comercio venturoso y trashumante. Aventuras que están al alcance de cualquiera sólo con atreverse, sólo con cruzar ese Marruecos tan cercano a las costas españolas. De cualquier persona con curiosidad, con ganas de conocer y de compartir vivencias, de sentarse en la arena o en una roca frente a un anciano nómada y su familia. Amigos que ofrecen pan y leche, que comunican vertiendo sin cesar ese sabroso atay, bin o la nanâ, té con o sin menta, el néctar que adereza y facilita cualquier charla. Ahí espero encontraros, algún día. ¡Inch Allah! Waffa, una exótica belleza del desierto que nos cautivó ca dibujada en la arena ni tampoco aceptada entre Marruecos y Argelia. Y mi oasis, M Hamid el Ghizlane, que, como su nombre indica, en un un tiempo vio corretear gacelas dorcas a su alrededor. Es el últi-