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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA Desde los confines del caos POR EDUARDO SAN MARTÍN l periodista paquistaní Ahmed Rashid ejerce de oráculo desde los ataques del 11- S. Su libro Talibán publicado apenas meses antes de aquella atrocidad, constituyó una revelación para millones de lectores occidentales que conocían apenas de oídas la verdadera naturaleza del régimen que amparaba a los asesinos de las Torres Gemelas. Desde entonces, sus colaboraciones en la prensa anglosajona son leídas con especial atención. Su último libro Descenso al caos: Estados Unidos y el fallo en la política de construcción nacional en Pakistán, Afganistán y Asia central contenía elementos premonitorios de la gravísima situación en la que se encuentra la región desde hace ya unos meses. Por eso ha sonado a a rebato el llamamiento angustioso que hacía el martes pasado al Congreso de EE. UU. en la prensa de aquél país. Rashid evoca el título de su libro y afirma sin ambages que Pakistán se encuentra al borde del caos tras la última ofensiva talibán en el norte del país. Y añade E que, a diferencia de lo que ocurre en Afganistán, la insurgencia en su país no se asienta exclusivamente en la etnia pastún, sino que mantiene fuertes lazos con Al Qaida y con grupos yihadistas en el Punjab, Sindt y Beluchistán. Y la situación se agrava porque, además del frente militar, el norte paquistaní se enfrenta a una crisis de refugiados (más de un millón ya y la estampida no ha hecho sino comenzar) sin precedentes en su corta historia como país independiente. De lo que decidan los legisladores americanos depende, según el periodista, que el proceso se acelere, se detenga o se pueda revertir. Las secretarías de Estado y Defensa han solicitado al Congreso casi mil millones de dólares para ayuda militar y fondos de emergencia, pero las cámaras quieren vincular esa ayuda extraordinaria a las que tienen que aprobar en el futuro para Irak y Afganistán. Por otro lado, ponen condiciones a la ayuda ordinaria anual de 1.500 millones de dólares: mejora de las relaciones con India, un mayor compromiso para luchar contra los talibanes en Afganistán y el interro- gatorio de científicos nucleares paquistaníes por Estados Unidos. Rashid clama que se dejen de tiquismiquis ahora, que exijan el pago del peaje más adelante, pero que aflojen ahora la plata porque mañana puede que no tengan en qué gastarla. Los servicios de inteligencia militar paquistaníes sostuvieron en el pasado a esos grupos, es cierto, pero la contraofensiva iniciada hace unos días contra los talibanes es producto de un cambio dramático en la opinión pública que no se puede defraudar. Hace tres décadas que escribo sobre el incendio provocado en la región por la militancia islámica y no quiero que mi país se derrumbe porque al Congreso le preocupan más las minucias que el cuadro general Dos días después, Obama se reunía con los presidentes de Pakistán y Afganistán. Ninguna palabra sobre el apremio del escritor, más allá de las declaraciones genéricas de rigor sobre el compromiso de los tres países en el objetivo común de derrotar y desmantelar Al Qaida y sus aliados extremistas en Pakistán y Afganistán Ojalá sea suficiente. Las petroleras vuelven l final se han quitado la careta exclamarán los promotores de las marchas de 2003 contra la guerra de Irak. Las petroleras A occidentales vuelven al país árabe, depositario de las terceras reservas de hidrocarburos del planeta. Nosotros teníamos razón, todo se hizo para favorecer los intereses petroleros americanos e internacionales Es una forma de decirlo. Pero podemos ponernos fácilmente de acuerdo si lo expresamos de otra manera: la estabilidad en el suministro de energía es una de las garantías imprescindibles de cualquier escenario de paz mundial en el futuro, y ese podía ser desde luego unos de los objetivos de la invasión. Naturalmente, unas compañías se benefician del suministro de petróleo. Pero muchas otras lo hacen del suministro del pan, del agua o de otros productos básicos. Así funcionan las cosas. El caso es que la BP y la Shell han anunciado ya su intención de volver a Irak a finales de año después de cuatro décadas de ausencia. La compañías occidentales habían puesto dos condiciones para regresar: una nueva ley de hidrocarburos y una mejor situación de seguridad. La ley se encuentra bloqueada por disputas internas sobre su redacción y la seguridad está amenaza por dos riesgos inminentes: el inicio de la retirada norteamericana en junio y las próximas elecciones. Aún así, vuelven. Como McArthur, dirían los manifestantes de marzo de 2003. www. abc. es blogs san- martin