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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA La Mancha conection POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE a se empieza a dar por buena incluso en las periferias esa idea aparentemente pintoresca que advierte de las señales (o mojones) de un imparable dominio cultural manchego. No sería la primera vez que esto ocurriera, pues, sin ir más lejos, hace apenas cuatrocientos años La Mancha ocupó el centro de la diana cultural del mundo, al menos del mundo occidental, pues no se tienen noticias de que haya dejado huella visible al otro lado del río Yangtsé. Sin cartelones, sin candiles ni neones, se empieza a barruntar en Y el ambiente una especie de pincelada manchega en los ámbitos más diversos, y pongo como ejemplo de ello uno bien curioso: el humor. Desde hace no mucho, se puede añadir el humor manchego a ese catálogo de humores autonómicos, encabezados por el humor andaluz, el catalán, el gallego o el maño. El humor manchego, que es en la actualidad, ya digo, el que culturalmente está en mejor sintonía con las orejas del personal, es ese que representan Muchachada Nui o José Mota, y que sabe mezclar el surrealismo del lenguaje con una traza rústica con irisaciones cultas. Es ese humor al que acabará acu- diendo Pedro Almodóvar en no tardando mucho, y que ya apuntó con cierto sigilo y complejo en una de sus mejores películas, Volver O el humor de José Luis Cuerda en Amanece que no es poco Pero el humor además hay que entenderlo no como una tarea, una ocupación, sino como una opción en cualquier actividad que se emprenda. Y esta evidente La Mancha Conection se extiende justo así, como una mancha, y no dilataremos mucho, al menos los manchegos, en alentar la consideración de que este siglo, el XXI, ha de ser el siglo manchego. Por no hablar aún del milenio. Aunque no todo es risa y surrealismo, y ahí están manchegos seriotes y geniales como Nieva o Antonio López para desdecirlo. Yo, por mi parte, quiero abrir desde aquí esa lata con un linternazo al buen momento de las letras manchegas, cuyo decano, Antonio Gala (el poeta cordobés nacido en Brazatortas, Ciudad Real) ha hecho un surco fácil de seguir hasta encontrar nombres como el de Ángela Vallvey o Alicia Giménez Bartlett. Aunque se puede usar el surco para señalar la poesía de Antonio Martínez Sarrión y la prosa excelsa de Francisco García Pavón, al que no se tardará mucho en recuperar y reconocer como uno de los grandes escritores de la historia. El cine, la música, la arquitectura, la televisión, la política, la gastronomía y todas aquellas actividades que le dan a uno qué pensar y qué digerir florecen ahora en la meseta como campo de amapolas. Y en fin, lo hacen con una cautela y una prudencia que chocan en estos tiempos donde lo identitario palabra que no existe pero que todo el mundo sabe lo que significa, va a precio de oro siempre y cuando se vocee como en día de mercado. Y que conste que podía haber empezado por Iniesta. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO Taparse la boca POR XAVIER PERICAY sicólogo y viola de gamba, ofreció un concierto en un teatro del noreste de Mallorca. Al contrario de lo que en él es habitual, no lo hizo acompañado por la Capilla Real de Cataluña, sino tan sólo por un par de intérpretes. Vaya, que la música, en aquel contexto, sonaba de lo más íntima. Quizá por ello, al término de una de las primeras piezas y ante la sinfonía de toses con que parte del público iba acogiendo sus notas, se vio en la necesidad H Jordi Savall, el reputado mu- ace cosa de cuatro meses, de pedir a los presentes que, ya que no podían abstenerse de toser- -el invierno era rudo y los catarros generosos- se taparan cuando menos la boca y, a ser posible, con un pañuelo. Por supuesto, algunos, a partir de entonces, se esforzaron. Pero dudo mucho que la mayoría de los aludidos, aparte de considerar que los músicos. y en especial los famosos, son muy suyos, cayeran en la cuenta de que esa mano y ese pañuelo, además de amortiguar el ruido, amortiguaban otra cosa. Por ejemplo, unos gérmenes, más o menos nocivos, que ellos mismos expan- dían, sin ningún miramiento, por la sala. ¿Por maldad? No, por Dios, por simple costumbre. Al fin y al cabo, si uno necesita descargar- -y, para el caso, da igual que esté en el teatro, en casa o en la calle- ¿a qué pararse en barras? Y, quien dice barras, dice manos y pañuelos. De ahí que no me sorprenda en absoluto que, entre las recomendaciones que la Organización Mundial de la Salud ha hecho públicas a fin de prevenir y combatir la actual epidemia de gripe, esté la de taparse la boca al toser o estornudar. Lo que sí me sorprende, en cambio, es que esa recomendación forme parte de un conjunto de directrices especialmente indicadas para áreas pobres Y no porque en estas zonas no sea necesaria, sino porque una tal precisión parece dar a entender que en el primer mundo, que es el nuestro, carece ya de utilidad, pues quién más, quién menos tiene ya asumido que a la gente no se le tose. Nada más falso, por descontado. En los espacios públicos, a la gente se le tose, y cada vez más. Del mismo modo que se le escupe. Lo que no significa que, en la mayoría de las ocasiones, ese estornudo o ese escupitajo lleven aparejada una intención lesiva. No, se trata tan sólo de una expansión. Natural, por lo demás. ¿O no somos, al cabo, un producto de la naturaleza? Que haya alguien cerca y que ese alguien pueda sentirse molesto por semejantes desahogos es lo de menos. Claro que no me extrañaría lo más mínimo que en adelante, con esa gripe del demonio, las cosas empezaran a cambiar y esos efluvios fueran, poco a poco, conteniéndose. Y es que, en el fondo, ni higiene ni respeto ni educación pueden lo que puede el miedo.