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10 5 09 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Contra la secta nacionalista Xavier Pericay ha escrito unas memorias- -de juventud- -en las que da cuenta de su vocación de pelear siempre a la contra. Primero contra el declinante franquismo y, después, contra el sectario nacionalismo catalán que utiliza la lengua como instrumento de exclusión y adoctrinamiento. En el siguiente pasaje el autor habla de su incursión en política y de su entrevista con Ernest Maragall U Título: Filología catalana. Memorias de un disidente Autor: Xavier Pericay Editorial: Barataria Páginas: 408 Precio: 21 Euros Fecha de publicación: 11 de Mayo no de los grandes afanes del nacionalismo- -o del catalanismo y sus transversalidades- -ha sido construir una sociedad al margen de toda esta gente, ignorando que existía. Si bien la labor empezó en el último franquismo y prosiguió durante la Transición, hubo que esperar al advenimiento de la autonomía o, lo que es lo mismo, a que el nacionalismo tuviera la oportunidad de gobernar largo tiempo, sin solución de continuidad, para que esta labor llegara a concretarse. El principal mecanismo de exclusión ha sido la lengua. Pero esto no significa que se haya obligado a toda esta gente a hablar en catalán. No, no se ha llegado a tanto. Y no por falta de ganas; simplemente, porque no se podía llegar. Pretender que un cincuenta por ciento de la población renuncie a su lengua materna, que además es la lengua oficial del Estado y la cuarta más hablada del mundo, resulta completamente ilusorio. Ahora bien, si el mecanismo de exclusión ha sido la lengua, es porque la política de los distintos gobiernos de la Generalitat ha consistido no ya en imponer el catalán, sino en recurrir a todos los subterfugios legales e ilegales para arrumbar el castellano en la esfera oficial, institucional. Y para arrumbarlo, en según qué ámbitos, hasta excluirlo. Este ha sido el caso, por ejemplo, de la enseñanza. En realidad, todo empieza y acaba aquí, en este derecho fundamental: en el derecho de los padres a escoger la lengua en la que quieren que estudien sus hijos. Que el sistema de enseñanza público o semipúblico de Cataluña no garantice este ejercicio de la libertad es una de las mayores barbaridades que jamás haya cometido un gobierno democrático. No hace falta decir que el silencio cobarde o el apoyo entusiasta de las fuerzas políticas ha contribuido muchísimo a que las cosas estén como están. Pero el caso es que, tras un largo cuarto de siglo de autonomía, ya casi no queda ni rastro del castellano en la enseñanza obligatoria. Y el caso es que mucha de la gente que se inscribe en estas asociaciones disidentes, o se mueve a su alrededor, lo hace empujada por la indignación que le causa una situación de este tipo. Por lo que supone de conculcación de un derecho fundamental; pero, sobre todo, por lo que supone de desprecio a su propia ciudadanía. De exclusión social, en definitiva. Es curioso, el argumento de la clase política autonómica para convertir el catalán en la única lengua de la enseñanza ha sido siempre un argumento a contrariis: según nuestros políticos, la existencia de dos líneas, una catalana y otra castellana, habría puesto en peligro la cohesión social, y, como lo primero que hay que preservar es esta cohesión, y como además se da el caso de que el catalán es la lengua más desprotegida, no queda más remedio que convertirla en el idioma vehicular de la enseñanza. Por supuesto, el razonamiento no se sostiene en absoluto. Por un lado, no hace falta implantar dos líneas; bastaría con impartir la mitad de las asignaturas en una lengua y la otra mitad en la otra. Pero es que, encima, ¿por qué demonios la existencia de dos líneas- -suponiendo que hubiera que implantarlas, insisto- -debería poner en peligro la cohesión social? Lo que sí pone en peligro la cohesión social es la imposición arbitraria de una de las dos lenguas, y no parece que a estas alturas ningún político se esté lamentando por ello. Mediante esta exclusión del castellano del ámbito oficial e institucional, se ha dejado fuera del juego político a una parte importante de la sociedad catalana. Ha sido un proceso lento, progresivo, que ha alcanzado su punto culminante en los últimos años, cuando los gobiernos de izquierda han demostrado que eran capaces de superar en la Xavier Pericay Filólogo, periodista Exclusión del castellano ignominia a los gobiernos que les habían precedido. Durante todo este tiempo un número importante de ciudadanos se ha ido desentendiendo de la política. Pujol siempre dijo que eso no le quitaba el sueño, que el problema, al cabo, era de esos ciudadanos y no del presidente de la Generalitat. Y yo creo que muchos catalanes, entre los que tengo la desgracia de contarme, pese a proclamar a los cuatro vientos que la abstención era un problema y que si tal y que si cual, fuimos tirando sin preocuparnos lo más mínimo de esa bolsa de conciudadanos supuestamente asociales que iba creciendo a nuestro alrededor. O sea, fuimos dando por buenas las palabras de Pujol. Hasta que algunos, entre los que tengo la suerte de contarme, vencimos los prejuicios sentimentales- -que son, en realidad, el zócalo de toda forma de patriotismo- -y juzgamos intolerable- -racionalmente intolerable- -la marginación a la que se sometía a un numeroso grupo humano por el simple hecho de no querer renunciar al ejercicio de sus derechos como ciudadanos. Y empezamos a trabajar de manera diversa- -con nuestros artículos, con nuestra presencia en actos públicos, con la firma de determinados manifiestos- -a favor de la integración de toda esta gente, de la cohesión- -ahora sí- -social, y en contra, claro, del nacionalismo. Es lo que Arcadi ESPADA más adelante, hablando del trabajo que le correspondería llevar a cabo a un nuevo partido catalán en el conjunto de la política española, bautizó como la reconstrucción de la trama de afectos Inmersión política El principal mecanismo de exclusión ha sido la lengua. Lo que no significa que se haya obligado a toda esa gente a hablar en catalán. No por falta de ganas, sino porque no se podía Tras un largo cuarto de siglo de autonomía, ya casi no queda ni rastro del castellano en la enseñanza obligatoria. Y el apoyo de las fuerzas políticas ayudó a tal estado de cosas De mi paso por la política de trinchera- -la del Instituto de Cultura fue más bien una política de despacho- la memoria ha seleccionado algunos episodios. Tres, en concreto. Puede que no se trate de momentos estelares, pero, a mi modo de ver, ilustran bastante bien lo que fue- -porque a estas alturas tout est bel et bien fini, como dicen los franceses- -la aventura de Ciutadans. El primero de estos episodios, cronológicamente hablando, corresponde a la reunión que Félix