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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE SIN CALLE UN HÉROE Melchor y funcionarios de prisiones. También su chófer (primero a la izqda) y su secretario (segundo a la dcha) quintacolumnistas Bueno- -me dice Domingo exhalando una calada de su cigarro- Fue un español excesivo que siempre intentó ofrecer lo mejor de sí mismo. Un hombre sin miedo que creía en la utopía realizable de un mundo sin guerras, en el reparto de la riqueza- -nunca aceptó un sólo favor de los que ayudó, ni un trabajo, ni dinero; el único cheque con el que se quedó, de Martín Artajo, lo guardó de recuerdo después de anularlo en el banco- en la seguridad para los trabajadores, en la educación y la sanidad para todos... cosas del común de muchas ideologías y patrimonio simplemente de los hombres de buena voluntad Pero el régimen de Franco no creyó que pudiera haber un rojo bueno. Durante dos días fue el alcalde de Madrid y el encargado de entregar la capital. Podía haberse marchado y eligió quedarse cediendo su salvoconducto a otras dos personas. En un momento dado creyó que sería perdonado porque no sólo no había hecho nada malo, sino que había salvado la vida a miles de personas, y ahí calculó mal. A los trece días de la entrada de las tropas franquistas en Madrid, el 13 de abril de 1939, se organiza un hometas, interesado en los secretos de la zona roja y se va a comer a casa de la que en otro tiempo fue su refugiada, la bailaora Pastora Imperio, que sabe latín, y que le recrimina aquella aparición. Suena el teléfono. Es para Melchor. Su hija llama para decirle que se han presentado en su casa dos policías preguntando por él. Diles a esos señores que esperen, que voy para allá. Y no te preocupes por nada, Amapolita, hija, ya sabes que no he hecho nada que deba reprocharme. No hay nadie en Madrid más inocente que yo. Y prepara el hato de la cárcel que me preparaba tu madre Le esperaban dos tipos con gabardina y mala cara. Y un consejo de guerra- -Muñoz Grandes, que mandaría la División Azul, se levantó enarbolando 2.000 firmas a su favor- -tan amañado y vergonzoso que no está en los archivos Su suerte estaba echada. Iba a regresar a su segunda casa. Y Amapola, que hoy sigue viviendo en Madrid, le vio partir con las dos mudas, la bolsa de aseo, la toalla y una manta. A esa flor criada en la guerra y hecha de la misma pasta que Melchor, dedica Alfonso Domingo su libro, que 70 años después del fin de la guerra incivil es el primero. Sin perdón Su obituario, en la edición matinal de ABC del 15 de febrero de 1972 naje en El Retiro a Serafín Álvarez Quintero que había muerto un año antes. Hablan José González Marín y José María Pemán, y ante la insistencia de Joaquín, el hermano huérfano, Melchor, que ha asistido por amor a los hermanos, cuenta a los convocados la historia de su amistad. Después, responde a las preguntas de uno de los periodis- elchor Rodríguez García acabó sus días como agente de seguros en la calle (cómo no) Libertad. En el número 5 alquiló un piso al salir de la cárcel en los años cuarenta y lo convirtió en centro de ayuda a presos antifranquistas, lo que le volvió a llevar a prisión varias veces. Nunca hizo otra cosa más que socorrer a sus otros hermanos los presos de Primo de Rivera, de la República y del franquismo. Nunca creyó en más ideología que el humanismo libertario, el hombre. En 1936 pudo haberse dejado arrastrar por el marasmo del momento y ampararse luego en el yo no sabía como hizo Carrillo, pero prefirió seguir a su conciencia e intentar evitar asesinatos. Él paró las sacas de Paracuellos, a veces pistola (descargada) en mano en plena madrugada cuando los autobuses ya enfilaban la carretera de Barcelona. Se enfrentó a los comunistas, a los que odiaba tanto como a los fascistas, y se incautó del palacio de los Marqueses de Viana para refugio de perseguidos. Al terminar la guerra, el propio marqués dio fe de que no se había robado allí ni una cucharilla de plata Visitó de madrugada las checas para rescatar prisioneros que iban a ser asesinados, jugándose la vida casi una veintena de veces, acompañado sólo de sus ayudantes Batista y Rufo, que trabajaban para la quinta columna de Franco sin que él lo supiera... Cuando la guerra estaba perdida, se sumó al golpe de Casado, de Besteiro y del propio padre de Carrillo para evitar más derramamiento de sangre, y él entregó Madrid con lágrimas en los ojos. Miles de personas le debieron la vida y, por ello, se ganó las injurias de comunistas como Pasionaria o el desprecio de Carrillo, y una condena a 30 años de cárcel en 1940. Nunca aceptó el dinero de los vencedores ni el cargo que le ofrecían en el sindicato vertical. Sólo acudió a un programa de Boby Deglané, al que también salvó, para recibir una medalla por votación de los oyentes. Hoy, Melchor no tiene una calle en Madrid. En internet, un grupo desconocido ha colgado un acto reivindicativo de su memoria: de madrugada, se ve cómo retiran el cartel de la calle de Fomento (donde estuvo una de las más temidas checas del Madrid en guerra) y lo sustituyen por la calle de Melchor Rodríguez. El sueño duró hasta que los servicios del Ayuntamiento se dieron cuenta. Ya es hora de que, en un ejercicio de justicia, el Ángel Rojo entre en el callejero de la capital. M Alberto PÉREZ GIMÉNEZ apgimenez abc. es