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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE Ganó en 1964 la medalla al mejor, en el programa de Deglané, frente al capitán Palacios de la División Azul malas, hay otras buenas por las que merece la pena vivir He traído conmigo las páginas que Alfonso ha escrito sobre Melchor y las he puesto sobre una mesa llena de cachivaches. Los primeros párrafos son un tráfago de conmoción. Él los ha titulado La vida empieza en Alcalá donde comenzaría la leyenda del ángel, y lo que fue para los 1.532 presos del penal alcalaíno donde una turba, dirigida por airadas mujeres, engrosada con milicianos recién llegados del frente de Somosierra, quiere tomarse la revancha en represalia por los bombardeos del mediodía que han sembrado la muerte ese 8 de diciembre de 1936 Dos días antes, después de otro bombardeo sobre Guadalajara, los milicianos entraron en la cárcel asesinando a 319 de los 320 presos allí confinados. Melchor, recién llegado tras su nombramiento como delegado especial de Prisiones de Madrid por Juan García Oliver, ministro de Justicia y compañero de la CNT, no ha podido impedir la carnicería. Su primera orden: detener las sacas. Con el cargo se le han dado plenos poderes sobre las prisiones más importantes donde se hacinan 12.300 reclusos partidarios del levantamiento militar. Y su vida está en sus manos. Pero ahora toca librar de una matanza segura a los internos de Alcalá. Entre éstos, destacados miembros de Falange como Raimundo Fernández Cuesta, militares como Agustín Muñoz Grandes, monárquicos como los hermanos Rafael y Cayetano Luca de Tena, ingenieros como Peña Bóeuf, el doctor y general Gómez Ulla, el torero Villalta, el futbolista Ricardo Zamora, el locutor Bobby Deglané... Se enfrenta a la turbamulta a voz en grito y a pecho descubierto. Discute con los milicianos- -explica Domingo- les hace ver que los presos no tienen la culpa... Le ha dicho al director de la prisión, Antonio Fernández Moreno, que donde primero se defiende la República es en las cárceles. Eso nos diferencia de la barbarie facciosa. Si el nuevo orden tiene que surgir con sangre, que el parto sea en los campos de batalla, no con el asesinato alevoso. Hay que asegurar la justicia, el imperio de la ley y el gobierno del pueblo Y a ese pueblo que ahora pide el ojo por ojo se enfrenta a voz en grito, con una pistola que siempre lleva descargada y un discurso cargado de argumentos: ¡Los fusiles, al frente, para matar fascistas, no para asesinar a presos! Una voz replica: A ti el primero, que eres un fascista! ¡Yo- -contesta- -soy un obrero como vosotros, un chapista! ¡Un camarada anarquista que ha estado preso 30 veces a lo largo de mis 43 años de vida! ¡He conocido tan bien la cárcel como para saber cómo se encuentran los que están ahí dentro, sean o no culpables! ¡Los tribunales decidirán sobre su suerte, aplicando la ley! ¡Todos serán juzgados, os lo prometo! El gentío, recula, pero un mar de uniformes le apunta con los fusiles. Piensa Melchor que puede haberle llegado la hora. ¡Antes de asesinarlos me tendréis que matar a mí! Cuando al día siguiente el delegado vuelve a Alcalá, los presos le regalan un avión de madera con su nombre en la figura del piloto y las firmas de todos los salvados: 1.532. Uno de ellos, Raimundo Fernández Cuesta, el miembro de Falange más importante desde el fusilamiento de Primo de Rivera, pide permiso para darle un abrazo de gratitud. Lo hace sollozando Y de la misma manera que se forja un héroe, desde sus propias filas se levanta el fantasma del traidor. En los cuatro meses que estuvo al frente de las prisiones- -de noviembre del 36 a marzo del 37- los enfrentamientos con los comunistas José Cazorla y Santiago Carrillo, que controlaron la Junta de Defensa de Madrid, son continuos. Según Santiago Carrillo, al que entrevisté, sólo se vieron una vez y mantuvieron una conversación normal dentro de los cargos de cada uno, y luego él se fue a Valencia. Lo conocía del 34, cuando coincidieron en la cárcel modelo, pero dice que no lo trató. Sólo sabía de sus ripios para animar las huelgas, porque Melchor también era un poeta popular. Pero por los escritos de Melchor, ese encuentro tuvo palabras más gruesas, aunque Carrillo dice (Pasa a la página siguiente) El pulso con los comunistas Melchor en la prisión de Carabanchel en 1948. En la pared dibujó las rejas