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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Ekaterina Maximova La ilusión voló en las alas del ángel Ha muerto en la plenitud de su salud y en lo más radiante de su talento la más encantadora bailarina del Bolshoi, la mejor pareja de danza con Vladimir Vasiliev, su marido. Una maestra del vuelo contemporáneo POR EDUARDO CHAMORRO a estética no suele prescindir del hechizo, y menos en las artes escénicas, donde se nutre del hechizo, lo persigue y acosa hasta someterlo en esa peripecia que se llama la ilusión de las tablas, la figura en el escenario: el vuelo de un guarismo, la suspensión de la bailarina en el aire, su silueta recortada en ciernes sobre lo imposible. Y ha de ser el vuelo de la bailarina, imaginado y puesto en la ficción de la escena como un objeto de devoción para el aficionado que si se aproximara a la visión vería el palpitar estremecido de una musculatura sujeta en una red de mallas. Lo dijo Vladimir Vasiliev, director del Bolshoi: El hombre, el bailarín, no debe interferir en el vuelo de la dama. Porque la dama, la bailarina es el acontecimiento más importante sobre las tablas del escenario Se refería a su esposa, Ekaterina Maximova, una estrella del Bolshoi con la precisión de un proyecto aeronáutico, la gentileza de las L líneas de un cormorán y la cálida dulzura, siempre inesperada, de las alas de un ángel. Los críticos la adoraban. Su público la veneraba como si fuera la cifra de una hermandad, la clave de su complicidad en un milagro. Murió tan de súbito como corta la flecha la trenza de la princesa en el bosque. Era menuda, morena y poseída de un encanto que el crítico Bruce Weber comparaba al de Audrey Hepburn. Nació, al parecer y según las fuentes de mayor rigor soviético, el 1 de febrero de 1939. El destino, la suerte, la profecía y la leyenda del ballet no la perdieron ni un solo instante de vista, así que la recién nacida creció y se hizo niña bailando. A los diez años cubrió su plaza en la escuela del Bolshoi bajo la disciplina de Elisaveta Gerdt, y antes de recibir el diploma de bailarina puso al Bolshoi en pie con su interpretación de Masha en Cascanueces Lo alzaría de nuevo en 1960 con el vuelo de Giselle Entre Cascanueces y Giselle tuvo lugar una asombrosa composición del personaje Katerina, la dulce aldeana puesta a defender su amor por Danilo frente a las artimañas de una hechicera de frondosos atractivos y muchísimo cuidado. Es la historia de La Flor de Piedra basada en las epopeyas amorosas del folklore ruso, con música de Prokofiev. El Bolshoi puso la historia en el Metropolitan de Nueva York y la Maximova se metió a Nueva York en un bolsillo. John Martin, a la sazón crítico de danza del New York Times puso todos y cada uno de El eterno femenino en el aire de un vuelo Quien quiera que se haya encargado de la redacción de la nota oficial del Bolshoi por la muerte de la Maximova es una persona sensible. No es habitual que un comunicado oficial se exprese en estos términos: Maximova fue la gloria del ballet ruso, el eterno femenino en el aire de un vuelo De izquierda a derecha, la bailarina despliega su hechizo en La Bella Durmiente Ícaro (junto a Vassiliev) y Giselle los encantos de la pequeña Maximova frente a todas y cada una de las maldades y añagazas de la bruja, para desbaratar cada una de ellas y dejar a la bruja hecha un andrajo. El cuerpo exquisito de esta pequeña y adorable bailarina domina toda una gama de movimientos con una espontaneidad que parece brotar de una honda convicción emocional Su novio en La Flor de Piedra Vladimir Vasiliev, amigo de la infancia, se convirtió en su marido, y ambos trazaron la secuencia de lo que sería la etapa más contemporánea y brillante- -la más conmovedora- -del Bolshoi en sus giras por el extranjero. La pareja recorrió los escenarios con Giselle Cascanueces Don Quijote y el Espartaco de Grigorovich con música de Aram Khachaturian. Su giro rememoró los tiempos de Nureyev, y renovó la inventiva, la gimnasia y la sensibilidad para la percepción del asombro. Tanto asombro que las relaciones con el Bolshoi se enrarecieron y la pareja se independizó en sus giras con una serie de piezas de Chejov a las que Vasiliev puso música y coreografía. Luego el asombro dio paso al reconocimiento del hechizo de nuevo en los escenarios, y la dirección del Bolshoi fue puesta en manos de Vasiliev de 1995 a 2000. Su pareja de baile, la niña de su infancia, su mujer, murió siendo la gloria del ballet ruso- -según el comunicado oficial de su muerte- el eterno femenino en el aire de un vuelo