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10 5 09 ACTUALIDAD giados incluso desde lugares nada sospechosos de complacencia- -en algunos medios se quiso privilegiar la chorrada Además, la chorrada fuera de contexto y que, sin embargo, venía bien para mantener la tesis del esperpento y de la falta de tacto. Estoy pensando, por ejemplo, en esa famosa frase de un Berlusconi hiperactivo ante la tragedia, cuando, según nos han contado, habría invitado a las víctimas del desastre a considerar que estaban en el campamento como de vacaciones. ¡Por favor! Yo lo escuché en directo. Escuchen ustedes el antes y el después de esa frase, el contexto. Háganlo con un italiano al lado, alguien que les traduzca con fidelidad y comprobarán qué les dijo, el tono en que lo hizo y lo que quiso expresar. Por cierto, hablando de malentendidos berlusconianos, querría mencionar el relacionado con el entonces ministro de Exteriores Josep Piqué, ese cirio que se montó hace años en una cumbre cacereña. Si buscamos en hemerotecas o nos damos un garbeo por Google, se nos contará que, en la foto oficial de la cumbre, Berlusconi puso los cuernos a Piqué. Pues no. Como constatamos algunos, Berlusconi, que nunca se resiste al gesto distendido, muy imprudentemente le hizo caso a unos scouts que estaban de excursión y que le invitaron- -como a menudo hacen los jóvenes- -a poner unos cuernos en la fotografía de grupo. El tiro de cámara hizo el resto. La perspectiva, engañosa, endosa los cuernos a Piqué. Esa foto dio la vuelta al mundo. Porque, como decía a sus alumnos un periodista y profesor de Ciencias de la Información, alguien de cuyo nombre no quiero acordarme, adonde no llegan tus zapatos, ve con la fantasía y nunca dejes que la realidad te estropee una buena historia Es una versión de eso tan manido del se non è vero, è ben trovato frase que por allí siguen atribuyendo a Giulio Andreotti. Lo mismo que en España las sentencias huérfanas se endilgan a Romanones o a Fraga y en el Reino Unido pertenecen al anecdotario apócrifo de Winston Churchill. Lo dicho. A Berlusconi le gusta el chiste y el momento relajado, y no siempre calcula si su chiste o su gesto relajado son oportunos. Italia tiene en su historia y en su ADN algo de teatralidad, desde los pupi sicilianos a los mamuthones de Cerdeña, pasando por la commedia dell arte Pero ni el actual primer ministro es un payaso, ni Italia es un circo. Y ahora, ya sé que habrá alguien que me llame despectivamente berlusconiano Vamos a dejarlo más bien en italiano perplejo que ama y respeta a España. La crítica, el periodismo y el debate político, como los concibo, son otra cosa. No puso cuernos a Piqué Veronica Lario, esposa de Berlusconi, pidió el divorcio, harta de la supuesta afición de su marido por las jóvenes AP Berlusconi Mujeres y leyenda negra (Viene de la página anterior) días. Con frecuentes errores en las premisas, que se dan por buenas porque así llegan de rebote. Preguntan con indignación, con admiración, con incredulidad y a menudo con algo de envidia contenida. Siempre con una gran curiosidad. Porque, con parámetros españoles, y no sólo españoles, no es fácil digerir la larga, intensa y espectacular trayectoria de un país tan complejo, que ha marcado la historia del mundo, incluida la española. Es mucho menos fácil, hablando por ejemplo de Berlusconi, explicar la personalidad de un self- made man tan controvertido, de un hombre que ha saltado de la empresa multimedia al compromiso público, gestionando y amenizando, con sus peculiares y personales toques de imaginación, un mundo tan aburrido como el de la política. A Berlusconi, como a cualquier italiano, se le puede tener filia o fobia. Pero, para entenderlo en toda su complejidad, hay que observarlo y explicarlo a partir de la siguiente y sencilla premisa: que es un italiano. Y habría que ser italiano- -forofo o denigrador, hincha o adversario visceral- -para tener las claves que expliquen cómo una fuerte animadversión hacia el personaje convive con un apoyo del 70 por ciento de la población. Demasiado trabajo. Es más fácil- -y más rentable comercial y políticamente- -hacer una lectura del país y de su primer ministro siempre en clave anecdótica, acentuando la salida de tono, el toque humorístico, las meteduras de pata. La pura y legítima crítica políti- ca es otra cosa, demasiado complicada. Pues, entonces, es mejor transformar al adversario en un payaso, al país en un circo y a 60 millones de ciudadanos en unos engreídos mafiosos en decadencia. Siento la insistencia. Sigo mirando a la profesión, a este periodismo en el cual, a pesar de lo visto, vivido y oído, quisiera seguir creyendo. Porque no soy ni pro ni anti berlusconiano. Me limito a observar y a sacar mis conclusiones como ciudadano. Pero en el día a día, cuando escucho, leo y ejerzo de destinatario de la información, me rebelo frente a una superficialidad que triunfa sobre el fondo de cualquier cuestión puesta sobre el tapete. Y que llega a inventar las noticias. ¿Ejemplos? Muchos. Uno de los últimos, el tratamiento de algunos aspectos relacionados con la reacción del país al terremoto que destruyó la ciudad de L Aquila y otros lugares cercanos al epicentro. Hubo momentos en los que, ante la reacción pública de la administración, y la voluntarista de ese encomiable ejército de italianos de corazón altruista- -ambos frentes elo- El italiano medio antes quiso ser Agnelli y hoy quiere ser Berlusconi. Maldice y protesta, pero no se limita a mantener el tran- tran o a dar el rápido pelotazo Todo el mundo se olvida de que la señorita Matera es licenciada universitaria y que fue una solvente presentadora de Televisión. También quiso ser Miss Italia ¡Qué escándalo!