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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE NAIROBI La frontera del supermercado POR EDUARDO S. MOLANO Mercado negro de trabajo de la calle Liuli Qiao, en Pekín, donde se reúnen al amanecer muchos obreros sin cualificar Acostumbrados a las crisis TEXTO Y FOTO CARMEN DE CARLOS uando a Sergio Iván Lemos, fisioterapeuta de 37 años, le preguntan si su trabajo se resiente con la crisis, dice: Mi profesión es estable. Las lesiones no tienen relación con depresiones económicas o tiempos de bonanza. A mí no me cambia el número de pacientes porque la vida sea más cara, pero ahora, con más dinero que el año pasado, puedo comprar menos cosas. Nuestro poder adquisitivo se ha reducido casi un 25 por ciento Casado con María Eugenia Di Luca, licenciada en Comunicación y contratada en el Ministerio de Educación, tienen dos hijas. Valentina, de 5 y Agostina que pronto cumplirá los dos La familia vive en el barrio residencial de Olivos, en las afueras de Buenos Aires, equivalente en Madrid a Las Rozas o Pozuelo. El piso, de 70 metros cuadrados es pro- BUENOS AIRES C pio. Tenemos dos automóviles, un Seat Córdoba y un Chevrolet Corsa pero, aclara Sergio, Eugenia va en tren a diario porque es más barato. A mí, no me queda más remedio que utilizar el coche Sergio es fisioterapeuta de las selecciones nacionales de hockey y atiende en consultorio o a domicilio. La familia tiene una empleada doméstica: Viene tres veces a la semana, pero tenemos la suerte de poder contar con la ayuda diaria de las dos abuelas Maria Eugenia, de 35 años, compatibiliza su trabaja en el ministerio, con traducciones de inglés, portugués y transcripciones de textos Como su marido tiene jornadas más flexibles, él se ocupa de la compra. ¿Qué ha cambiado en menos de un año? Ahora, antes de salir, busco las ofertas en internet, espero los días de promoción y comparo precios. La carne, el queso y las pastas los compro en mayoristas o en la fábrica. En nuestra alacena hay lo que tiene que haber. Lo que se necesita. Lo superfluo lo hemos eliminado El sector de alimentación y textil es donde los precios se han disparado, pero en otros los cambios no son traumáticos. El colegio de Valentina ha subido, pero tampoco demasiado reconocen, el gas y la electricidad, si consumes más de un limite, te penalizan con tarifas altas Pero la nafta (gasolina) sigue igual aunque los peajes (para entrar a la ciudad) han tenido un incremento Entre los dos tienen unos ingresos medios, de 9.000 pesos (cerca de 2.000 euros) y en gastos fijos, según cálculo sobre la marcha, se les van unos 8.000. Nuestra situación no es dramática, como sucede en otras profesiones. Los sueldos se han actualizado. La clase media argentina está acostumbrada a las crisis, así que una más no nos asusta tanto. Peor fue la de 1989 cuando no había precios- -los supermercados cambiaban el valor de los productos cada hora- -o en 2001, que nos sacaron la plata y nos la bloquearon con el corralito. En Argentina no existe el largo plazo como en Europa ímbolo de la bonanza económica que en los 90 experimentó Kenia, el Nakumatt Prestige se ha convertido con el paso del tiempo en la principal referencia comercial de Nairobi. Su exitoso modelo de negocio- -basado en los centros comerciales estadounidenses- -ha provocado que esta cadena de hipermercados indios se haya multiplicado entre los barrios de clase media del país. Sin embargo, el desempleo que experimenta Kenia en los últimos meses ha convertido a este centro comercial en el verdadero termómetro económico de todo el continente africano. Pero, al contrario de lo que ocurre en Zimbabue o Angola, su mercurio no mide la escasez alimenticia que experimentan sus estanterías, sino que se basa en la pura psicología. Desde que la crisis económica que asuela el mundo pusiera sus ojos en Kenia, sus puertas sirven de frontera física y social entre dos de los principales barrios de la capital africana: Kilimani Estate, hogar de la clase media keniana, y Kibera, el mayor barrio de chabolas del mundo. En este trasiego diario entre las dos orillas de la realidad africana, ninguna de las personas que ha nacido en Kibera visitará nunca este centro comercial. Pero, de forma paradójica, muchas de las personas que ahora comienzan a vivir en el barrio, hasta hace poco tiempo eran clientes habituales del hipermercado. Un lugar que ahora contemplan desde la otra orilla. En los últimos meses es imposible encontrar trabajo en Nairobi. La mayoría de mis compañeros se encuentran, como yo, también desempleados señala Michael Buraka, quien, junto a su mujer y tres hijos, dejó el pasado mes de febrero su vivienda de alquiler en Kilimani Estate para comenzar una vida en Kibera. Buraka se considera, sin embargo, afortunado ya que su vivienda poco tiene que ver con el casi medio millón de chabolas que se asientan en la zona. En el barrio comienza a vivir ahora gente sin trabajo, que nunca antes había tenido relación con la pobreza extrema, pero que no se puede permitir una casa en las zonas acomodadas de la ciudad señala este antiguo trabajador de la construcción, que sueña con volver algún día al barrio donde nació. De la clase media a la pobreza extrema, un tránsito diario marcado por la frontera del Nakumatt Prestige. S