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10 5 09 EN PORTADA Sueño roto PEKÍN La crisis La fábrica global carcome la echa el cierre clase media TEXTO Y FOTO: PABLO M. DÍEZ n su condición de fábrica global la crisis económica ha impactado de lleno en China debido a la caída de las exportaciones por la drástica reducción mundial del consumo. Sin embargo, los efectos del tsunami financiero han sido más fuertes en las clases bajas que en la clase media, sobre todo en los mingong los emigrantes rurales que habían empezado a salir de la pobreza trabajando en las fábricas de la industrializada costa. Desde que estalló la crisis tras los Juegos Olímpicos, en las provincias manufactureras de Guangdong, Fujian, Jiangsu y Zhejiang se han perdido 20 millones de empleos al cerrar más de 67.000 fábricas y los trabajadores han tenido que volver a sus paupérrimos pueblos en las regiones agrícolas de Sichuan, Henan, Hunan o Anhui. Uno de ellos es Zhang, un campesino de Hebei que ganaba poco más de 100 euros por interminables turnos de diez horas diarias en una empresa textil de Dongguan, cerca de Shenzhen y E Hong Kong. Junto al resto de sus 300 compañeros, fue despedido cuando la firma entró en quiebra y ahora intenta ganarse la vida en el mercado negro de trabajo en una calle de Pekín. De momento, la clase media no ha resultado tan perjudicada porque, a pesar de estar conformada ya por unos 400 millones de almas, es la mitad urbana de un país eminentemente rural con 800 millones de campesinos. En las ciudades, y al contrario de lo que ocurre en las fábricas, las empresas están limitando los despidos y han optado por recortar jornada laboral y sueldos. Eso no significa que la crisis no haya afectado a la emergente clase media urbana china. Liu Zhang, ingeniero enriquecido gracias al boom de la construcción, invirtió todos sus ahorros (200.000 euros) en bolsa. He perdido el 70 por ciento confiesa. Antes ganaba 4.000 euros al mes, ahora apenas suma 1.000. Sigue siendo afortunado: los salarios medios urbanos oscilan entre 200 y 300 euros. Sergio Iván Lemos, entre su esposa, María Eugenia Di Luca, y Valentina, la mayor de sus dos hijas