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10 5 09 EN PORTADA Sueño roto La crisis carcome la clase media POR ALFONSO ARMADA stábamos deseosas de conseguir trabajo. En casi todos los sitios a los que íbamos dejábamos una solicitud de empleo. Pero, una vez contratadas como lijadoras de muebles, no podíamos creer que eso fuese lo que en realidad hacía la gente durante todo el día. Lo que habíamos imaginado que era el Mundo era en realidad resultado del trabajo de alguien. Cada tramo de acera, cada galleta salada. Todo el mundo tenía que pagar para poder disfrutar de una alfombra podrida y de una puerta escribe la narradora estadounidense Miranda July en Nadie es más de aquí que tú La crisis que empezó en Londres y Nueva York ha acabado por contagiar como gripe sin vacuna a toda la economía mundial, y entre los mayores perjudicados están los países emergentes de Asia y Europa Oriental. Pero nadie se libra, ni en Texas ni en Entrevías, y menos en Nairobi o en el cono sur americano. Resulta trágico que tras una década de crecimiento que había logrado que millones de chinos e indios dejaran atrás la pobreza vean ahora tambalearse su recién adquirido estatus, y que esa degradación afecte a tantos que pensaban que habían ingresado por fin en la clase media, el anhelo que atiza el fogonero del mercado libre. La crisis más brutal en casi un siglo no ha terminado. Sus estragos destazan muchos sueños. E El matrimonio formado por Danna y Russ Walker, en su casa de Humble, Texas El largo viaje del valle de las Luciérnagas a Vallecas POR A. A. uando el sol de las cinco de la tarde hierve en Entrevías, en el ya no tan bronco distrito madrileño de Vallecas, son las diez de la mañana en Yanzatza, Valle de las Luciérnagas, donde hace 42 años le nacieron a Franco Bolívar. Le saca brillo a la furgoneta de portes que todavía no ha terminado de pagar y que le permite trampear las malas horas que ahora pasa desde que se le rompió el sueño de vivir aquí una vida mejor que en su querida y amarga patria ecuatoriana. Se vino a esta orilla en diciembre de 1999, siguiendo los pasos de un hermano y de otras decenas de miles de compatriotas y compadres. Una devaluación del sucre, y una nueva crisis de las crónicas que sacuden al Ecuador, hizo que se volviera insostenible el restaurante que les daba para ir tirando: Nadie pagaba Su odisea ha sido la de tantos MADRID C emigrantes, una ruta que muchos españoles olvidadizos hicieron en dirección contraria. De los desocupados registrados en el Instituto Nacional de Empleo (hay nombres que los tiempos tiñen de sarcasmo) casi un 14 por ciento son inmigrantes (más de medio millón de almas) aunque esas cifras no le ponen ojos ni biografía a otras decenas de miles que no constan en las covachuelas, pero que también se vinieron a este país que crecía como pocos en la fortaleza Europa persiguiendo el sueño de ingresar en la clase media, de dejar de comer la sopa boba de los pobres, cambiar la ropa vieja por la de Zara, ser dueños de un techo, proporcionar un porvenir menos arduo a los hijos... Vivir una vida digna. Empezaron llamando a las puertas de Cáritas, y cuando Franco y Rita se vieron reflejados en la recua de los mendicantes no pudie- ron sino recordarse de propietarios de una casa de comidas en la patria lejana y se les abrieron las carnes y el suelo: Fue muy duro haber tenido de todo en Ecuador y vernos aquí obligados a pedir albergue y comida. Nos echamos a llorar Pero a los ocho días su mujer se empleó de doméstica, y desde entonces no ha dejado de trabajar de sol a sol. Con peripecias así se templa el acero. Dos meses después, Franco Bolívar se convirtió en peón de la construcción: mal pagado, pero sin que nadie pidiera antecedentes. De los cuidados de un anciano enfermo, y gracias a la generosidad de sus vástagos, que les firmaron un contrato, pusieron en orden los papeles Entonces engancharon una casa en Alcalá de Henares. Sirvieron a una buena gente y acabaron trayéndose a sus dos hijos, que se morían de añoranzas. Pero la vida de servicio a los marqueses alcalaínos no se compadecía con la de familia, de ahí que optaran por volver a buscarse la vida. Tras alojarse en casa de un hermano de Rita y compartir los cuatro el mismo cuarto, encontraron una casa en Entrevías. Habían abierto una puerta: ambos estaban fijos. Echaron cuentas: si dejaban un 40 por ciento de la nómina