Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE ben involucrarse de forma imprescindible todas las Administraciones: central, autonómicas y locales. Ello pasa por una mejor organización, mayores incentivos al esfuerzo y una racionalización de los procesos. Es la hora de una mayor coordinación entre todos los niveles de gobierno para evitar duplicidades e ineficiencias. Es la hora de exigir mayor corresponsabilidad para satisfacer unos criterios reforzados de estabilidad presupuestaria que vinculen a todas las Administraciones. Es la hora de la transparencia y de rendir cuentas ante los ciudadanos sobre la calidad de la gestión. Es la hora de poner en orden unas cuentas públicas que han visto crecer sin control su gasto al calor de los ingresos derivados del boom inmobiliario. Ha llegado el momento de la disciplina presupuestaria y de reconocer que hay cosas que no nos podemos permitir todavía como país, que debemos trabajar más para alcanzarlas. Reconocer que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Ha llegado el momento de decir no a los excesos. No saldremos de la crisis si se permite a las Administraciones regionales y locales tener comportamientos oportunistas e irresponsables que les posibilitan echar cargas y deudas sobre los hombros del Estado. Ha llegado el momento de la responsabilidad. Sólo así se recompondrá la necesaria confianza mutua para salir todos juntos de la crisis. En el gasto público no sólo importa cuánto se gasta, sino que es tanto o más importante saber cómo se gasta. Es fundamental la composición del gasto público de cara a ayudar a afrontar la crisis e incentivar el crecimiento y el empleo. Tras cinco años con un crecimiento del gasto público por encima del crecimiento de la economía, se han consolidado gastos, subvenciones, programas, estructuras burocráticas y ministerios enteros cuyo gasto suponen un despilfarro para los maltrechos contribuyentes y que han de ser eliminados sin dilación. Se debe volver a priorizar el gasto en aquellas inversiones planificadas en infraestructuras que incrementen el potencial productivo de la economía y para ello hay que explotar las posibilidades disponibles de colaboración público- privada para un óptimo reparto de riesgos y tareas. Para que el crecimiento económico en España vuelva a estar basado en la estabilidad se necesita deshacer el camino andado en materia de legislación sobre suelo y reintroducir racionalidad en la ordenación de este recurso, bajo los principios de liberalización y ausencia de discrecionalidad, que siempre corre el riesgo de abrirle la puerta a la corrupción. El impacto de la corrupción sobre los referentes éticos de la sociedad quizás sea el efecto más pernicioso y duradero que tendrá la mala conducción de esta política pública. El encarecimiento artificial del precio del suelo a través de un alto grado de intervencionismo público ha supuesto un freno para el aumento del bienestar en nuestro país. El propio estallido de la burbuja inmobiliaria generada lastrará sin duda el crecimiento futuro. Pero igualmente no me cabe duda de que si abordamos con decisión la reforma de la financiación local y de las competencias urbanísticas, eliminamos los incentivos perversos a la discrecionalidad y a la limitación de la oferta de suelo y restauramos los principios éticos del trabajo con la erradicación de la corrupción, la sociedad española podrá recuperar, tras el necesario ajuste y redimensionamiento, a los sectores inmobiliario y de la construcción como generadores de empleo y riqueza. La austeridad, la reducción del peso del gasto público en la economía y su priorización en aquellas partidas que más colaboren al crecimiento y la generación de em- No saldremos de la crisis si se permite a las Administraciones regionales tener comportamientos oportunistas que les dejan echar cargas sobre los hombros del Estado El encarecimiento artificial del precio del suelo a través de un alto grado de intervencionismo público ha supuesto un freno para el aumento del bienestar pleo deben venir acompañadas de reducciones de impuestos, sobre todo de aquellos que gravan el empleo y el ahorro. Hay que reintroducir en la sociedad española un sistema de incentivos que, a través de impuestos más bajos sobre el trabajo y los rendimientos de la actividad económica, promuevan la iniciativa, la innovación y la asunción prudente de riesgos, ya que son las fuentes originarias de la creación de empleo. España no puede volver a quedarse atrás en la escena internacional en ofrecer un marco fiscal atractivo para la instalación de nuevas actividades económicas. El nuevo modelo económico tiene que empezar por un marco fiscal e institucional que anime al establecimiento y el florecimiento de cualesquiera sectores económicos que estén dispuestos a retomar la senda de la creación de empleo. Todos los sectores deben sentirse llamados a devolver el modelo de crecimiento español a la senda de la creación de empleo y de la estabilidad. En la economía española hay que lanzar un programa profundo de liberalización en muchos mercados que aún permanecen al abrigo de la libre competencia. España debe ofrecer en todos los sectores un entorno competitivo en el cual no quepan los privilegios, el favoritismo a empresas, los brujos visitadores de la Moncloa o la cultura del pelotazo Eso no es el mercado, es su degeneración.