Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Bea Arthur La chica que nunca creyó ser de oro La más escéptica y respondona de las Chicas de Oro, la menos dispuesta a darse de baja en un club de lenguaraces, murió el 25 de abril, a los 87 años, sin dejar de insistir en que era muchísimo más joven POR EDUARDO CHAMORRO ra tremenda, jaque, imponente. Podía esperar su parte en un diálogo midiendo con esmero las dosis de su silencio mientras erguía suntuosamente su estatura hasta ponerse en pie y dar la impresión de que seguía elevándose y comenzaba a levitar. Un efecto que jamás habría logrado la espectacularidad buscada de no ser porque lo detenía a tiempo, en el momento en que la furia de la gárgola en silencio se resolvía en un sarcástico parlamento de sabrosa ironía. Tampoco dudaba en recurrir al desdén como una segunda piel de la comedia. Era realmente buena no ya en la espectacularidad del espacio que el escenario concede a esas gimnasias, sino en el más lacónico recinto del plató televisivo en el que Las Chicas de Oro llevaron a cabo la primera renovación y puesta al día de la Comedia Americana a la altura de las exigencias y circunstancias del televisor encendido todo el día. Puede que el cuartel de aquellas cuatro fieras en algo más que la mediana edad de sus sobresaltos hubiera sido imposible en tiempos más correctos y cercanos, en los que la secuela hipotética de aquella cúspide áurea no está tanto en Mujeres Desesperados cuanto en Dos Hombres y Medio. Y puede que contribuyeran a establecer los límites de la comedia de situación no en los argumentos ni en los temas, sino en la sorprendente y rotunda empatía del grupo protagonista, una coral en la que Bea Arthur engarzó sus poderes con los no menos eficaces de Rue Clanahan, Betty White y Estelle Getty, cuatro audaces deslenguadas encerradas con el único juguete de una imperecedera conciencia del amor perdido o a la vuelta de la esquina o en un rincón del supermercado, del bingo o de la cama de una vecina. Era espigada. Medía un metro E ochenta. Contaba con una notable capacidad pulmonar y un entrenado diafragma que le permitía colocar a discreción una voz chirriante, de púa bífida. Siendo una niña- -nacida en Nueva York, el 13 de mayo de 1922- aprovechaba las reuniones familiares para imitar a Mae West. Y ya no abandonó esa escala. Estudió en la Escuela de Arte Dramático de Erwin Piscator, junto a Tony Curtis, Walter Matthau y Gene Sacks, con el que se casaría antes de que la dirigiera en Mame, Renovación de la comedia en la tele familiar Las Chicas de Oro llevaron a cabo la primera renovación y puesta al día de la Comedia Americana a la altura de las exigencias y circunstancias del televisor encendido todo el día. A su manera, establecieron los límites de la comedia de situación en la rotunda empatía de cuatro audaces deslenguadas y en su imperecedera conciencia del amor perdido donde su composición de una actriz borracha fue reconocida con un Tony en 1966. Dos décadas después acumulaba once nominaciones para los Emmy, de las que consiguió dos. La primera por Maude, en 1977; la segunda por las Chicas de Oro, en 1988. Todo lo que había de gozosa impertinencia en las Chicas lo había habido de trepidación dramática en Maude, la historia de una cuarentona liberal dispuesta a todo, que sobrelleva su cuarto matrimonio, con una hija divorciada y un nieto que, naturalmente, es todo ojos y oídos. Ni el alcohol, ni los malos tratos, ni las armas quedaron fuera de aquella comedia que se vio suspendida en algunos estados por abordar el aborto cuando el asunto se encontraba en el Tribunal Supremo. Pudimos hablar de todo- -declararía Bea Arthur en 2011- Menos de hemorroides, de todo Las Chicas de Oro fueron luego un correlato sólo aparentemente más leve, donde el feminismo se expresaba en el experimento de una vida de mujer consigo misma, a solas o en compañía de otras. De esas otras, Bea Arthur fue la que, en medio y a través de la comedia, dejó siempre al margen la redención de los sentimientos y el reciclaje de los afectos. Lee Strasberg me enseñó lo que es la realidad. Y Lotte Lenya (la gran interprete de Brecht) lo que es la economía Tal era su carácter.