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3 5 09 ACTUALIDAD Los ornamentos, tanto de la fachada en caoba de Cuba, como del interior, en plata, son de mediados del XIX. La croquetera y su bouilloire han apaciguado el frío y la gazuza de muchos españoles que vieron llegar con esta casa la alta cocina europea Lhardy Donde la historia se cocina (Viene de la página anterior) de comidas de lujo. Tanto fue así que Pascual Madoz lo incluyó en su diccionario geográfico. En la ascensión en busca del pasado atravesamos por los famosos salones. Han permanecido tal y como los diseñó hacia 1880 el decorador Rafael Guerrero, padre de la actriz María Guerrero, que había estado al servicio de la emperatriz Eugenia en las Tullerías. De él es también la idea de la fachada, construida con madera de Cuba. Los comedores que se concibieron como Salón Isabelino, Salón Blanco y Salón Japonés conservan los revestimientos de papel pintado de la época, y las chimeneas, guarniciones y ornatos son los mismos que en sus textos citan Galdós, Mariano de Cavia, Azorín o Gómez de la Serna, todos ellos fieles clientes. De hecho en Lhardy se tiene a gala ser el restaurante más citado en la literatura española. Y también en el Parlamento, bien para criticar que sobre lo que se decía en las Cortes se especulaba en las comidas de Lhardy, bien porque los almuerzos de Lhardy sirvieron para intrigas parlamentarias. El propio Manuel Azaña, ante lo que Emilio Iglesias llamó pacto de Lhardy manifestó en el hemiciclo: Las comidas de Lhardy siempre han sido famosas Wenceslao Fernández Flórez, cronista parlamen- tario de ABC y habitual en el establecimiento de la Carrera de San Jerónimo, lo tiene recogido en su Diario de Acotaciones de las Cortes. Pero ya mucho antes, otro de los clientes distinguidos de la primera época del restaurante, el general Prim, usó su nombre para la sublevación militar de 1866. Manolo, vámonos que nos aguardan en Lhardy fue la consigna al insurrecto general Pavía para iniciar la operación que, fracasada, le obligaría al exilio. Me dice Milagros ante decenas de álbumes de fotos que el Salón Japonés es el que más secretos guarda de la historia de España. Fue escenario de toda suerte de conspiraciones y conciliábulos. Era el rincón preferido del general Primo de Rivera para celebrar consejos de ministros y reuniones reservadas con personalidades de la dictadura y, por contraste, aquí se decidió el nombramiento de don Niceto Alcalá Zamora como presidente de la República. Aquí venía Isabel II con sus damas- -una vez se dejó olvidado un corsé- y de lo que aquí se gestaba esta- De Primo de Rivera a Alcalá Zamora El Salón Japonés es el que más secretos guarda. En él, Primo de Rivera celebraba consejos de ministros y ahí se decidió el nombramiento del presidente de la República ba pendiente Alfonso XII que siempre preguntaba a sus consejeros ¿y qué se dice hoy por Lhardy? Otros recuerdos más frívolos se reflejaron también en los espejos filipinos del salón: La seductora cupletista La Fornarina- -cuenta Candamo- que había triunfado en un teatrito que también se llamaba el Salón Japonés gustaba de reunirse en en este comedor para celebrar sus éxitos. Y la espía Mata Hari fue detenida después de almorzar en nuestra Casa añade Novo. Entre las hojas que va pasando de los libros de la memoria aparecen Alfonso XIII- -entusiasta de las croquetas de la casa- Don Juan y Doña María, la Infanta Isabel La Chata, Federico García Lorca, Antonio Maura, Jacinto Benavente, Mariano de Cavia, Ramón Gómez de la Serna, Fernández de los Ríos, Madrazo, el doctor Sacristán- -que no podía vivir sin las medias combinaciones de Lhardy y que cuando falleció su exclusiva copa estalló, sin que aún haya explicación para ello- Sagasta, Sarasate, Segismundo Moret, los hermanos Álvarez Quintero, Unamuno, Azaña, Enrique Chicote, Baroja, Azorín, Aleixandre, Domingo Ortega, Julio Camba... Y en vitrina y marco de plata la foto de una mesa presidida por la Reina Doña Sofía y una cariñosa carta de Don Juan Carlos aceptando la invitación para visitar el local que tan agradables momentos proporcionó a su familia Luego Milagros mira hacia arriba. Cuando tras la guerra se revisó el local- -saqueado- y se retiraron los paños de madera que protegían los espejos, se descubrieron dos obuses sin estallar en la buhardilla- -justo encima de nuestras cabezas- Siempre- -suspira- -he creído que Lhardy tenía un ángel tutelar A partir de los 50, la Casa se convierte en epicentro de tertulias a falta de foros político- sociales donde perfilar el futuro que está por llegar. Y en la transición- -dice nuestra anfitriona- -acoge reuniones públicas o solapadas de quienes dirigirán el porvenir del país. La máxima discreción, emblema del restaurante, sigue siendo una bandera bajo la que hoy se siguen acogiendo reuniones políticas, culturales y de negocios. Pero no sólo. Todo el mundo es bienvenido: veladas familiares, de amigos, de cazadores, de novios... Hoy con la crisis de 2009 por 35,50 euros uno se come el épico cocido de Lhardy, y por 65, IVA incluido el plato estrella acompañado de aperitivo, un Martínez Lacuesta, de 4 año y un soufflé sorpresa, postre rey de la casa. Los aperitivos de la tienda, que tantas gazuzas han aplacado ante la vista gorda de los camareros, se sirven a 1,20. Hombre, no es un menú para tomar a diario, pero ¿a que no es caro comer en un museo? Máxime, en un rincón de Madrid, cuyo Gobierno entregó ayer a Lhardy su Placa de Honor con categoría de Gran Cruz, donde habitan los reflejos de nuestra historia.