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3 5 09 ACTUALIDAD La propietaria Milagros Novo y el periodista Luis G. de Candamo, memoria viva del local, ante el espejo donde Azorín atisbó que nos esfumamos hacia la eternidad Donde la historia se cocina Fue el primer restaurante que hubo en España (precios fijos, minutas por escrito y mesas separadas) y además la firme apuesta por la quinta esencia culinaria; en él se decidieron derrocamientos de reyes y políticos, repúblicas, instauración de nuevas dinastías, regencias y dictaduras. Pionero en permitir el paso a mujeres solas, ha nutrido en tres siglos la crema de la intelectualidad y la espuma del poder. POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: SIGEFREDO ABC l tiempo está detenido en Lhardy. Como se para en los museos. De la misma manera que lo evoca el arte, porque cuando se escribe con mayúsculas carece de él o todo lo contiene, pero sin alterarlo. Porque es emoción. A esta periodista, por ejemplo, que le trae a la memoria esos domingos en que el fútbol vespertino prolongaba la orfandad paternal de la semana, hoy como entonces Lhardy le huele a fiesta de mediodía, a la liturgia del caldo y la croqueta, a las pechugas villarroy -que fueron los primeros en venderlas- preparadas pa- Lhardy, 170 años E ra freír en casa, y al jamón dulce para la abuela. Luis G. de Candamo, que acaba de cumplir unos envidiables 87 años, que es colega y que es hijo de aquel Bernardo G. de Candamo sabio y heroico que salvó la biblioteca del Ateneo de Madrid y lo mantuvo abierto durante nuestra guerra incivil, me descubre después de tantos años que aquella carne dulce- y que ya no hay porque ya no debe gustarle a nadie -la lograban en la cueva de la casa, dejando las patas de cerdo bajo los pellejos que guardaban el oporto, mientras éste goteaba prodigiosamente sobre ellas. Don Luis, que empezó a venir a Lhardy con cinco primaveras y ya nunca dejó de hacerlo, se refleja este mediodía en el espejo centenario de la tienda, sobre la bouilloire y la fina botillería que permanece intacta desde hace 130 años, y mirando de reojo el cristal de azogue desgastado donde Azorín atisbó cómo nos esfumamos en la eternidad me dice muy serio, con su vaso de media combinación en la mano (vermuth, ginebra y limón) Apoyemos con fuerza los pies en el suelo que no es el momento de esfumarse a sitios tan lejanos Pero una subida, aunque no tan larga- -gracias a Dios- nos espera