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3 5 09 ACTUALIDAD Atuneros De profesión: pescar atunes y evadir piratas. Así es la vida cotidiana de los marineros españoles que faenan peligrosamente en el océano Índico POR MIGUEL ÁNGEL BARROSO oseba acaba de consumir su segundo mes de permiso. Le quedan otros dos. En julio volverá a la mar y dejará aparcada una de sus vidas, la que comparte con su mujer y sus hijas de 11 y 2 años. Tendrá que abrir un paréntesis justo cuando empezaba a ser una referencia reconocible para las niñas. Se despedirá de ellas y del resto de su familia y amigos hasta noviembre, cogerá con algunos paisanos un vuelo a París y, desde allí, junto con otros marineros procedentes de Galicia, Canarias y Andalucía, saltará a las Seychelles o a Madagascar para retomar su otra vida, la que le liga al atún, a la sal y el peligro. Joseba Blanco Larrinaga, 39 años, hijo y nieto de pescadores de Bermeo, Vizcaya, capitán de pesca en el Índico, cuatro meses embarcado y otros cuatro en casa, se consuela pensando que este año sí podrá pasar la Navidad con los suyos. Sí, claro, a mi mujer le gustaría que lo dejara, pero entiende que es mi trabajo y que a estas alturas es muy difícil cambiar. Cuando estoy fuera siente una honda preocupación confiesa Joseba. En mitad del océano una mano lava a la otra, y las dos lavan la cara. Cuando los piratas secuestraron el Playa de Bakio no andábamos muy le- La vida en aguas turbulentas J jos. Gran parte de nuestros movimientos- -tanto en el rastreo de bancos de peces como en alertas de seguridad- -se basan en las comunicaciones entre los patrones. Recuerdo que llevábamos 25 días en el mar y nos tocaba regresar a puerto para repostar combustible. Recibimos el aviso de que algo iba mal y salimos de allí rápidamente En su último viaje había bastante tensión en la zona y escasa presencia de buques de guerra. Además, la campaña fue floja; cuando la necesidad aprieta, arriesgas en aguas menos seguras Sus ancestros se emplearon en la pesca de bajura. Eran otros tiempos y en el Cantábrico la anchoa no estaba agotada e, incluso, se atrapaba el atún con caña y cebo vivo. En Bermeo se contaban hasta 80 pequeñas embarcaciones que faenaban en las proximidades de la costa, y ahora sólo queda una. El padre de Joseba ya tuvo que emprender la aventura africana a principios de la década de 1970 yendo a trabajar al Golfo de Guinea. Él lleva dos décadas cercando atún listado, patudo, yellowfin y rojo en el Canal de Mozambique, Madagascar y el archipiélago de Chagos. En realidad, el juego de persecuciones es bastante complejo en el Índico. Los pescadores persiguen el atún, los piratas a los pescadores, y los buques de guerra a los piratas. El capitán de pesca lleva a cabo funciones administrativas. El patrón, por su parte, tiene mando en plaza y se encarga de reclutar a la marinería, mientras la empresa armadora contrata directamente al jefe de máquinas, los engrasadores, el personal de mantenimiento, el cocinero y el caldereta (el pinche) Hay tripulantes procedentes de Ghana, Senegal y Mali. En total, unas treinta personas suelen acompañar a Joseba en un buque de 80 metros de eslora, 7.000 caballos de potencia y que es capaz de acarrear mil toneladas métricas de pescado (los hay de más de 100 metros y con bodegas cuya capacidad alcanza las 2.500 toneladas) Los barcos suelen permanecer dos años en el mar hasta su obligada entrada en dique seco para tratamiento de bajos y otras reparaciones. En el Índico hay cuatro emplazamientos donde se pueden reali-