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26 4 09 EL ZOO DE PAPEL RADAR Susan Boyle vs Avril Lavigne J. F. ALONSO de cisne, es la gran sorpresa global de estos diez minutos. Una estrella por casualidad, a tono con estos tiempos tan livianos. Un reality en Inglaterra, un aspecto físico desacostumbrado para la televisión, donde parece que sólo venden caras jóvenes y radiantes; una buena voz, y el efecto multiplicador de YouTube. Súbito, la explosión de popularidad abruma: cien millones de visitas en sus primeros nueve días en internet, repartidos entre distintos enlaces. La hasta ahora anónima Susan, aparentemente destinada a los minutos basura de los casting del reality, se pasea de televisión en televisión y de ordenador en ordenador, en una carrerera que veremos si sabe digerir. Si sigue así, en pocos días alcanzará el número uno histórico de popularidad en YouTube, que por ahora conserva Avril Lavigne con 118 millones de reproducciones de su canción Girlfriend Susan Boyle vs Avril Lavigne. Así está el circo. Susan Boyle, el patito feo con voz Déjame entrar es la película de moda. Suecia ha cambiado los filmes metafísicos de Bergman por los vampiros. Y triunfa El duelo Lavigne Boyle tiene un aspecto económico que merece ser subrayado, como contraportada del reportaje que abre este suplemento. Los 118 millones de visitas al vídeo de RCA Records en YouTube le reportarán a la cantante unos dos millones de dólares, una parte de los ingresos por publicidad que mueve un éxito de esas características. Sin embargo, la distribución desordenada de la intervención en la televisión inglesa de Susan Boyle, la mujer a la que nadie ha besado en sus cuarenta y ocho años, no tendrá en principio una recompensa a tono con su repercursión. Susan Boyle y Avril Lavigne, Los expertos consultados por la revista Wired calculan que los vídeos de Susan Boyle han generado al menos medio millón de dólares (mucho más si se contara la publicidad directa, que suele pagarse a veinte dólares por cada mil visitas) pero lo cierto es que nadie sabe cómo este talento en bruto va a poder cobrar al menos una esquina de ese cheque. Sueciamanía Lo que viene después de Bergman y Pippi POR ROSA BELMONTE a cultura popular sueca da mucha envidia. Y eso sin contar Abba y la música pop en general. Ser ministra de Cultura en España no da para sacar mucho la barriga. Serlo en Suecia mola. El país de donde vinieron las chicas en biquini es el mismo de donde procede la película de moda (y de vampiros) Déjame entrar Tan sueca. Y como agua de mayo llegará otra muy esperada: Los hombres que no amaban a las mujeres lo que lleva a hablar del exitazo de las gordas novelas de Stieg Larson que, como Bolaño y Van Gogh, se está hinchando. Muerto (esto no es muy envidiable) Garbo, los dos Bergman (Ingmar e Ingrid) Pippi Calzaslargas, Abba... Y ahora, Stieg Larson (novelas, cine) y Déjame entrar El país nórdico está de moda No sé si tendrá que ver con la depresión, pero ¿de cuándo íbamos a esperar películas suecas estando en nuestros cabales? Cabales gafapastas free. Otra cosa es que alguien, quizá, que lo dudo, aguardara hace años con impaciencia y fuera del abono del cineclub, las de carros de heno, los dedos como findus, Dios, la muerte con guadaña, fresas salvajes o Bibi Anderson. Pero, bueno, el gran Ingmar Bergman es palomica suelta. Puede ser una marea aparente o transitoria, como todo lo que tiene que ver con el cansino mundo nazi, que ya agota hasta estéticamente, pero lo sueco gasta omnipresencia. Literatura. Ahí están Henning Mankell, Larson o John Ajvi- L inesperadas rivales en internet