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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA Un fantasma recorre España POR EDUARDO SAN MARTÍN ace escasos meses reputados economistas advertían de la posibilidad de que algunas grandes economías entrasen en deflación, pero quitaban hierro al asunto. No tenía por qué ser duradera y podría producir efectos beneficiosos si provocaba un ajuste razonable en el desmadre de precios de algunos sectores. Al cabo de un tiempo, el optimismo ha dado paso a una intensa preocupación. Hoy, la deflación es el nuevo fantasma que recorre Europa, y en Estados Unidos siguen el fenómeno con atención para evitar el contagio. Tan en serio se toma la amenaza una institución como el MIT (Massachusetts Institute of Technology) que ha decidido hacer un seguimiento especial del proceso. Y es que la deflación ha pillado a los académicos con los viejos manuales acumulando polvo en los anaqueles. La experiencia más reciente de una brusca caída en los precios, con la excepción de la década perdida de Japón durante los noventa del pasado siglo, data casi de una centuria, cuando la Gran Depresión arra- de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos. Esto puede ser una catástrofe para la economía española Amor debe figurar ya en la nueva nómina de antipatriotas que encabeza Miguel Ángel Fernández Ordóñez. H só con el concepto mismo de valor de cambio. Y ¿qué país han elegido los estudiosos americanos para realizar ese minucioso seguimiento? El nuestro. Aunque ello no signifique que el problema se extienda a Estados Unidos, necesitamos observar muy de cerca a España y otros lugares para entender la dinámica asegura Simon Johnson, profesor de la Escuela de Dirección de Empresas del mencionado MIT. España es como la primera línea de defensa del brote de un virus nuevo La deflación no es exclusiva de España en Europa. Luxemburgo, Portugal e Irlanda han registrado también descenso de precios. Y amenaza a la propia Alemania. Pero en los ambientes académicos citados creen que España es el lugar más adecuado para refrescar el conocimiento de un fenómeno casi olvidado. Y como siguiendo la recomendación, la semana pasada The New York Times enviaba a uno de sus especialistas a Valencia para relatar sobre el terreno, y con nombres y apellidos, los primeros efectos de la enfermedad. Las alarmas están saltando explicaba al diario Lorenzo Amor, presidente Vaqueros en la picota os tiempos de crisis son propicios a las discusiones extravagantes. Como la realidad nos golpea sin conmiseración, busquemos motivos menos agobiantes para entretener las horas muertas. O hagamos psicosociología de lo cotidiano para distraer a un respetable abrumado con el fin de mes. De las prendas vaqueras, por ejemplo. Y más concretamente, del uso del denim por las personas adultas. Algunos columnistas americanos detectan en ese hábito compulsivo un signo de la decadencia de la sociedad estadounidense (aunque sus reflexiones podrían trasladarse perfectamente a cualquiera de nuestros países) y han lanzado un contundente anatema contra lo que consideran una manifestación de un profundo infantilismo. Resumo algunos de los propósitos aireados en los últimos días por el neoyorquino Daniel Askt y el premio Pulitzer George F. Will. Esa moderna tendencia hacia una forma de vestir indiferenciada, en la que todo el mundo se mata por L parecer igualmente desarrapado, es una manifestación de nuestras añoranzas agrarias más nostálgicas y destructivas las mismas que movieron a todos esos antiguos urbanitas a vivir en urbanizaciones que se deslizan ahora desde sus pulcros céspedes a la salas de ejecución de hipotecas El denim es el uniforme infantil de una nación en la que los espectáculos representan con frecuencia a adultos infantilizados (Seinfeld) En su ropa indiferenciada, los chavales y sus infantilizados padres se convierten en indiferenciadas audiencias de películas de adolescentes Nos encontramos así ante la ropa talar del sacerdocio de todos los creyentes en el catecismo democrático de la igualdad: no te vistas mejor que los más desaliñados de la sociedad, so pena de incurrir en el pecado de pensar que las apariencias importan Will cita a Edmund Burke y recomienda, para que podamos amar a nuestro país que los americanos lean la primera epístola a los Corintios y el sermón inaugural de San Barack para dejar de lado los infantilismos, empezando por el uso de los tejidos vaqueros. Uno está tentado de pensar que, en estos tiempos de austeridad obligada, lo contrario sería lo recomendable. Claro que uno no es experto en sociología de lo cotidiano. www. abc. es blogs san- martin