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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE -cuya reforma ha supuesto un éxito innegable- en los últimos Sanfermines las célebres atracciones de feria tuvieron que ser trasladadas a otra parte de la ciudad, lo que ocurría por primera vez en muchos años. Como protesta, los feriantes amenazaron con no acudir a las afamadas fiestas. Yolanda Barcina les tomó la palabra y optó porque se contratase a otros propietarios de atracciones en su lugar. Tajante. Tampoco dudó a la hora de desterrar de Pamplona las barracas políticas o txoznas donde, como aún ocurre en las fiestas de Bilbao, se homenajeaba a presos etarras. La líder de Unión del Pueblo Navarro representa una derecha sin complejos, que no tiene el menor reparo en entrar en la batalla de las ideas El pasado domingo, en su discurso como presidenta electa, lo dejó claro con un fragmento que pasó inadvertido para la mayoría, pero tras el que anida la profundidad de su discurso: No es de recibo el pensamiento único y sectario de los nacionalismos o el de alguna izquierda que se autocalifica como progresista. Ellos no son mejores que nadie, ni tienen derecho a situarse en un plano de superioridad ética Palabras que parecen más propias de un discurso intelectual que el político al uso. Ella es catedrática de Ciencias, y no como tantos políticos que sientan cátedra en el arte de enfangar al rival con declaraciones malsonantes. A veces añora su pasada vida académica, asegura que piensa retomarla en el futuro y, desde la política, recuerda como muy gratificante y enriquecedor el ejercicio de la docencia. Su ideario político es el regionalismo de Unión del Pueblo Navarro, un partido definido por su fundador, Jesús Aizpún, como liberal en lo económico, progresista en lo social y conservador en lo ético como ella misma se encarga de recordar en ocasiones. Sus enemigos políticos fundamentales son los nacionalistas vasquistas que no creen en la identidad de la Navarra foral y española que sustentan el Amejoramiento del Fuero y la Constitución. Barcina es de quienes apuestan por la derrota sin ambages de ETA. Muchos, sobre todo desde fuera, pero también desde dentro de UPN, la han acusado de sintonizar más de lo deseable con el PP. Ella nunca ha escondido sus simpatías por los populares pero tiene claro que su sitio es UPN. Durante la abrupta separación entre los antiguos socios el pasado invierno se encontró en una posición incómoda. Ahora, una de las incógnitas de su liderazgo es si se acercará o no al PP para conseguir otro pacto, aunque sea distinto al anterior, que aúne al centro derecha en la Comunidad foral. Sintonía con el PP Yolanda Barcina participa en la suelta de un milano, tratado en el centro de recuperación de aves de Ilundáin signios de UPN y, si su duende electoral le acompaña en 2011, será la primera presidenta del Gobierno de Navarra. Tras el personaje político, está la persona que para animarse escucha todo tipo de música, desde la clásica a la salsa y que disfruta cocinando, con el guacamole como especialidad. Dice que últimamente va más al teatro que al cine. Reconoce no ser una gran entendida en fútbol, pero siempre que puede acude al Reyno de Navarra para animar al Osasuna. Y por encima de todo, se alza su condición de mujer de familia. Aprovecha los fines de semana para disfrutar con su marido, arquitecto y siempre discreto, y de su hijo: Una de las cosas que más le gustan es ir a comer una hamburguesa, y de vez en cuando suelo darle ese capricho nos cuenta. No suele entrar en guerras de declaraciones malsonantes y ataques personales. Acaso, como católica creyente y practicante, prefiere poner la otra mejilla. Los socialistas la atacan con dureza... por no hablar de los exabruptos provenientes del nacionalismo vasquista. Pero, cuando se le pregunta por estas cuestiones, no se inmuta y prefiere contestar con datos y decisiones. Aunque tampoco ha dejado de lanzar algún que otro dardo envenenado a sus adversarios cuando la respuesta es obligada. Es una política serena, demasiado fría según sus críticos, pero no carece de esa ironía abrasadora que saca a relucir con cuentagotas. Tranquila, pero firme. También se habla de su extrema seriedad, quizás por comparación con la espontaneidad sin límites de su antecesor y mentor, Miguel Sanz. Pese a esta mano dura en lo político y a su presunta seriedad, quienes han trabajado con ella la califican de muy accesible y cercana en el trato del día a día. No huye de la diversión, ni mucho menos. Hace años, una noche de Sanfermines, en unas fiestas en las que hubo bastante tensión porque coincidía con la ilegalización de ABC Batasuna, salí disfrazada con un grupo de amigas con una peluca y unas gafas por el casco antiguo de la ciudad y me lo pasé fenomenal. No me reconoció nadie, y ahora guardo un gran recuerdo de aquella noche nos cuenta. Hay quien la acusa de tener demasiado ego y un carácter megalómano. Lo dicen por sus grandes obras en Pamplona, faraónicas apuntan. De hecho, durante sus casi 10 años como alcaldesa, ha propiciado una transformación radical del perfil urbano de Pamplona, con obras controvertidas pero emblemáticas como el Palacio de Congresos y Exposiciones Baluarte, la estación de autobuses, la peatonalización de calles clave de la ciudad como la Avenida Carlos III, o el aparcamiento subterráneo de la Plaza del Castillo. Todas esas obras atrevidas llevan implícitas decisiones a menudo impopulares, pero a La Barcina no le tiembla el pulso. Sin ir más lejos, debido a la construcción de la magna estación de autobuses