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26 4 09 EN PORTADA Partidarios de The Pirate Bay, una de las páginas web de descargas ilegales más potentes del mundo, se manifiestan en Estocolmo hace unos días Internet contra Sindescargas POR JUAN FRANCISCO ALONSO Y MIGUEL ÁNGEL BARROSO n la guerra de las descargas, como en la de los cien años, no se sabe a ciencia cierta cómo será el nuevo mundo, pero parece bastante seguro cómo no será. Olvídense del siglo XX, de los vinilos casetes cedés, de las tiendas de discos o videoclubs en cada barrio, de las discográficas que hicieron fortunas con copias distribuidas, vendidas y recopiladas sin límite, de los cines como única forma de ver películas de estreno. El huracán de la tecnología ha acabado en parte y probablemente terminará para siempre con ese estado de las cosas. En la guerra por dibujar las leyes que van a regir el futuro no hay cuartel. Par- E ticipan los internautas, los defensores de la cultura libre, los críticos con el hambre insaciable de la industria y, al otro lado, muchos autores y gobiernos, partidarios de la legalidad vigente en la cultura clásica y pendientes de encontrar una fórmula que consiga ponerle puertas al campo de internet. Dos escaramuzas dentro de esa guerra han puesto de manifiesto estos días cómo evolucionan las fuerzas de los dos bandos. En Nueva York acaba de cerrar la Virgin Megastore del 1540 de Broadway, en Times Square, una de las tiendas más singulares y representativas de la forma tradicional de vender discos. Cualquier turista habrá paseado entre sus estanterías por el simple placer de hacerlo o para volver a casa con lo último, lo que aquí no se vendía o no era rentable editar. En marzo se encontraban cedés con el 70 por ciento de descuento. Mientras tanto, a muchos kilómetros de allí, la Corte sueca de justicia condenaba a los cuatro responsables de The Pirate Bay, el sitio de descargas más popular de internet, a un año de cárcel y 3,6 millones de dólares por infringir las leyes de derechos de autor. La ley contra la realidad: 25 millones de usuarios activos sólo en esa bahía pirata El problema surge cuando la justicia no comprende que el comercio también ha de protegerse en la Red. Por eso nos felicitamos de que se condene a quienes pretenden lucrarse impunemente a costa del trabajo de creadores y trabajadores de la industria de los contenidos señala Antonio Guisasola, presidente de Promusicae, la asociación que defiende los intereses