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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE go Felipe de Edimburgo, cincuenta y siete años al servicio de la Corona británica con los ojos rasgados lo que en el Reino Unido es considerado un comentario racista. Y en otro momento, al encontrarse con varios británicos residentes en Berlín, les fue preguntando su lugar de origen. Dos dijeron que procedían de la misma población de Irlanda del Norte. Su respuesta fue: Al fin veo a dos irlandeses en la misma habitación poniéndose de acuerdo en algo Con todo, se le atribuye gran sentido común a la hora de afrontar las desdichas familiares. Fue apoyo de Isabel II en las crisis matrimoniales de sus hijos, intentó mediar en los pleitos entre los Príncipes de Gales y puso calma en la crisis provocada por la muerte de Lady Diana. Nació el 10 de junio de 1921 en la isla griega de Corfú, hijo del Príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y de la Princesa Alicia de Battenberg. La abdicación al año siguiente del Rey Constantino I de Grecia, tío del muchacho, condujo a la familia al exilio. Su relación con la rama materna fue la que le llevó al Reino Unido, tras estancias en Francia y Alemania, país que abandonó con el ascenso del nazismo. Recluída su madre en un sanatorio y su padre instalado en Montecarlo, el mentor del joven en Londres fue su tío George Mountbatten, línea familiar que había renunciado a sus títulos y traducido al inglés el nombre alemán de Battenberg. El Príncipe Felipe ingresó en la Royal Navy en 1939, participó en la Segunda Guerra Mundial y luego continuó con la carrera naval. En su tiempo de cadete conoció a la Princesa Isabel, quien a los 13 años hizo una visita a la escuela de la Armada. Sería el primer y único novio de la heredera del Trono. El hecho de proceder de una familia que hoy se calificaría de desestructurada llevó a que algunos informes oficiales desaprobaran el enlace, al considerar que era grosero, inculto y que probablemente no sería fiel a su mujer, según luego comentaría el secretario privado de Jorge VI. Al casarse dejó sus títulos previos y fue investido con los de Duque de Edimburgo, Conde de Merioneth y Barón de Greenwich. AP Su primera gran decepción, que anticipaba la senda de sacrificio personal que suponía ser consorte de la Reina de Inglaterra- -aunque tal condición también le ha aportado incontables compensaciones- -fue cuando se le negó que la Casa Real llevara su apellido adoptado de Mountbatten. Por intervención de Churchill, y como reacción contra toda referencia alemana, fue bautizada como Casa de Windsor. No soy más que una mísera ameba. Soy el único hombre de este país al que no se le permite dar su nombre a sus propios hijos se quejó. Con el tiempo, y en reconocimiento a su figura, sus hijos usarían en situaciones privadas el apellido Mountbatten- Windsor.