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19 4 09 ACTUALIDAD Duque de Edimburg mburg Récord de consorte Un tanto metepatas, pero con un férreo sentido del deber de su papel junto al Trono y de lealtad a la Reina, el esposo de Isabel II se convierte en el cónyuge real con más años de servicio de la historia británica POR EMILI J. BLASCO. LONDRES uando el presidente estadounidense, Barack Obama, y su esposa Michelle estuvieron en el Palacio de Buckingham a comienzos de mes, en la jornada previa a la cumbre del G- 20, el Duque de Edimburgo apareció junto a Isabel II en el momento de los saludos, como un matrimonio anfitrión que recibe a la pareja invitada. Pero cuando posaron para las fotos, el Príncipe Felipe tuvo que hacerse a un lado, de acuerdo con el protocolo. Barack y Michelle Obama flanqueaban a la Reina; y el Duque de Edimburgo quedaba al lado de la primera dama estadounidense. Esa imagen, repetida en mil apariciones públicas, simboliza a la perfección los casi sesenta años del Príncipe Felipe junto al Trono de Isabel II: continuo apoyo a su mujer y renuncia a todo protagonismo. Quizás esto último le resulte fácil ahora, a la vejez, y en tiempos en los que un marido puede aceptar quedar a la sombra de su esposa, pero la continua lucha a lo largo de su vida contra los naturales deseos de destacar, en alguien además con cualidades personales que le habrían llevado a una brillante carrera, constituye el gran mérito que le reconoce ya la historiografía. El Duque de Edimburgo, de 87 años (Isabel II cumple 83 el próximo martes) se convirtió ayer en el cónyuge real con más años de servicio de la historia británica, al superar los 57 años y 70 días de la Reina Carlota, esposa de Jorge III, fallecida en 1818, un año antes que el longevo rey loco. El reloj le comenzó a contar a Felipe de Grecia y Dinamarca- -que renunciaría a esos títulos cuando se casó con la princesa Isabel el 20 de noviembre de 1947- -el día en que inesperadamente falleció Jorge VI y su hija Isabel ascendió al trono. Ese 6 de febrero de 1952 la pareja estaba subida a la copa de unos árboles en Kenia (el Treetops Hotel) cuando llegó la noticia. Todo este tiempo ha sido, según Isabel II, un triunfo personal y pú- C blico del Duque de Edimburgo. No es alguien que acepte cumplidos con facilidad. Sencillamente, ha sido mi sostén y fortaleza durante todos estos años, y yo y toda su familia, así como este y muchos otros países, le deben un reconocimiento mayor del que él nunca reclamaría o del que nosotros podamos imaginar afirmó Su Majestad en 1997 durante la celebración de sus bodas de oro matrimoniales. Una prudente discreción A sus 87 años, con algunos achaques de salud que de momento no han ido a mayores y no le han impedido seguir su ritmo de asistir a unos trescientos compromisos oficiales al año, el Príncipe Felipe es también el cónyuge de mayor edad de cualquier monarca reinante en el mundo. Pero el nuevo récord de permanencia en el puesto de copiloto de la Monarquía británica es el que le otorga un especial relieve en la historia del Reino Unido. Tampoco le arrebatará el pedestal de gloria el Príncipe Alberto (1819- 1861) marido de la Reina Victoria, que tiene una estatua en casi cada población inglesa. Y es que, a diferencia de Alberto, el Duque de Edimburgo siempre ha comprendido a la perfección su papel en la Familia Real. Si se hubiera entrometido en tantas cuestiones de Estado como el consorte de la Reina Victoria, no está claro qué habría pasado con la Corona en una era como la actual. Así lo han destacado estos días algunos medios británicos, como The Daily Telegraph Si todo de lo que hay que quejarse acerca de sus casi sesenta años son unos chistes inapropiados, entonces es que el hombre ha triunfado reflexionaba ese diario en relación a los comentarios chistosos de poca gracia y salidas de tono del marido de Isabel II. La última de esas inconveniencias que ha alcanzado los titulares de prensa ocurrió precisamente durante la visita de Obama. Este le comentó que ese día había estado con el presidente ruso y con el líder chino, a lo que el Duque de Edim- burgo respondió que no sabía cómo podía distinguirlos. Los 57 años y 70 días de consorte han dado para muchas de estas anécdotas. Un libro ha llegado a recoger hasta 250. En una ocasión, por ejemplo, tras una matanza en una escuela rechazó que se prohibieran las armas de fuego con el argumento de que si un jugador de criquet decide de pronto entrar en una escuela y matar a la gente con el bate, cosa que podría hacer muy fácilmente, ¿va a prohibirse por eso el bate de criquet? Otra vez le preguntó a una mujer que iba en silla de ruedas si la gente tropezaba mucho con ella. En una visita a China, dijo a un grupo de estudiantes británicos: Si seguís aquí mucho más tiempo acabaréis