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12 4 09 ASÍ LO CONTÓ ABC 4 DE ABRIL DE 1949. En un mundo dividido después de que la URSS se apoderase de media Europa, EE. UU. y siete países occidentales más firmaban el Pacto del Atlántico Norte, que advertía de que un ataque contra uno de los aliados sería considerado un ataque contra todos. Nacía la seguridad colectiva. Así lo contó ABC Nace la OTAN uando esta tarde, a las cinco, en el auditorio azul y dorado de la Avenida de la Constitución, el secretario de Estado, Acheson, se ha sentado a firmar el texto oficial del Tratado de alianza del Atlántico, ha puesto fin a un capítulo de la historia de Estados Unidos. Acheson tiene una apariencia británica; frente al presidente, rodeado de los once ministros europeos que han firmado con él, y envuelto en la luz implacable de los reflectores, se le veía tranquilo; pero la mano le temblaba un poco al firmar, y se ha levantado con el gesto rápido del hombre que sabe que acaba de aceptar una gran responsabilidad. Este es un país joven, pero tiene buena memoria y está muy desengañado. Hace veintisiete años, otra primavera, se reunieron también aquí los estadistas del mundo para fijar la famosa proporción 5- 5- 3 entre las flotas de Estados Unidos, Gran Bretaña y el Imperio japonés, y firmaron el Tratado de nueve potencias garantizando la integridad del régimen de puer- C ta abierta en China En 1935, Hitler hacía trizas el Tratado de Versalles en Europa. En 1937, Japón invadía China, sus aviones hundían en el río Yang- Tsé la cañonera americana Panay Las bombas de la Panay acabaron, probablemente, con el absolutismo de Norteamérica; las de Pearl Harbour envolvieron para siempre al país en el torbellino del mundo. Cuando empezó la guerra en el Pacífico, los artilleros de los antiaéreos norteamericanos que disparaban contra las primeras escuadrillas japonesas en Oriente, se movían con un sorpresa incierta, de novato; al cabo de tres años, durante la contraofensiva del Pacífico, las tropas de MacArthur tenían ya la expresión inconfundible de los veteranos de todas las guerras de la historia. Hoy, la firma de Acheson no ha hecho más que confirmar oficialmente el término del aislacionismo político. Con el plan Marshall acabó el económico; hoy ha terminado el militar, porque ésta es la primera gran alianza intercontinental de los Estados Unidos de Norteamérica. En el tren, camino de Washington, leía esta mañana el primer editorial del New York Times mientras se deslizaba por la ventanilla el paisaje claro de Maryland, con sus granjas y el suave contorno del horizonte en primavera. Estados Unidos no ha sido nunca un país de frases demasiado solemnes, pero el primer párrafo del editorial te-