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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Planeta muerto y vida inteligente POR E. RODRÍQUEZ MARCHANTE ¿Hay alguien ahí? Voy de aquí para allá sobre mis rodamientos, como el robot Wall- e, pero en esta parte del planeta no hay la menor señal de vida inteligente. Será mejor que continúe con mi tarea de embalaje y amontonamiento de residuos y basura. Hace no mucho, esto era un lugar soleado y más o menos próspero, había movimiento, actividad, talento, gente, o sea, humanos, pero ya parece cosa definitiva que el aire ha dejado de ser respirable, a no ser que seas uno de E esos orcos de las profundidades que comen piedras sin pestañear y se rascan la cabezota con la parte afilada del sacabuche. Las instrucciones de mi disco duro son claras, apilar los restos por orden alfabético: A... B... C... Artículos, Belenes, Bocetos, Creencias, Cultura... No sé exactamente que causó el gran cataclismo final... pero la cosa es que han quedado por aquí esparcidas entre el polvo las escurrajas de lo que fue un gran mundo, imágenes, textos, cuartillas, ideas, memoria... y ahora hay que dejarlo todo limpio. No consta, en cam- bio, el momento exacto en el que dejó de haber vida inteligente en este mundo: había, y, de repente... desapareció, aunque en alguna parte de mi unidad de memoria se sugiere que lo que se creía vida inteligente era ya, desde hacía tiempo, un espejismo y se viajaba a bordo de una nave al pairo y en la que orcos y piratas guerreaban continuamente borrachos de ron y de soberbia. Todos tuertos. Y ciegos. La altanería y la fatuidad llevaban el timón: ni siquiera necesitaron rompientes y oleaje para hundir el barco. La vida de recogedor de ruina de Wall- e cambia cuando llega hasta su planeta naufragado una bellísima robotesa, tras la cual viaja hasta ese nuevo lugar en el que se ha instalado la vida inteligente. Desgraciadamente, no es una película y no hay tal caso en nuestro mundo: ni robotesa ni vida inteligente, y desde luego cualquier sín- toma de respuesta romántica a los estímulos que llegan sólo puede ser vista como enajenación producida por la soledad, por la herrumbre en los rodamientos o por una especie de bucle melancólico en el botón de rewind Entre los restos, una hoja asegura que tal vez hubo vida inteligente en Marte hace mucho tiempo, y se ve la imagen de un primo de Wall- e rastreando entre el pedregal algún vestigio de que allí, alguien, alguna vez, tuvo algo en la cabeza y produjo un pensamiento. Se llamaba Spirit (el primo de Wall- e) y algo tan concreto como una idea no encontró; sólo recuerdos del agua. Pues si hay vida inteligente, pero ni una idea a la vista, tal vez sea a Marte a donde se mudaron los piratas y los orcos de nuestra nave. Que los siga quien quiera. Yo, continuaré apilando restos del naufragio. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO El apagón POR XAVIER PERICAY l pasado 28 de marzo, sábado, a las 20.30 horas, miles de ciudades de los principales países desarrollados y no pocas empresas multinacionales apagaron durante una hora la luz de sus edificios más representativos. El objetivo: llamar la atención del mundo entero sobre las consecuencias de lo que se conoce como el cambio climático Y, de paso, tratar de influir en los mandatarios de los países que han de reunirse el próximo diciembre en Copenhague para acordar un nuevo tratado E que sustituya, a partir de 2012, el Protocolo de Kyoto. La iniciativa, promovida por la oenegé WWF (World Wildlife Fund) -la del osito panda- -y bendecida por el propio Ban Ki- moon, secretario general de la ONU, contó con el apoyo de la gran mayoría de la clase política y empresarial del mundo civilizado. Y es que, desde el mismo momento en que el informe del Panel intergubernamental sobre el cambio climático de la ONU dictaminó que la culpa del calentamiento del planeta la tenían las emisiones de gases de efecto invernadero, y, entre ellos, el dióxido de carbono- -y de ese momento hace ya dos años- la aquiescencia ha sido casi unánime. Tan unánime, que incluso ha generado un nuevo fundamentalismo, entre cuyas lindezas está la de tildar de negacionista- -como si el adjetivo no tuviera ya un uso acotado y moralmente intransferible- -a quien se resiste a comulgar con las conclusiones del informe. A una causa noble y justa- -y sobra decir que la salvaguarda del planeta lo es- -no hay que ponerle peros. Pero una causa, para ser noble y justa, debe sustentarse en certezas. Y no parece que este sea el caso. Cuando menos a juzgar por lo que opinan numerosos científicos, de probada competencia en la materia, que refutan- -con pruebas y argumentos, como es de ley- -que pueda hablarse de una relación de causa a efecto entre el aumento del dióxido de carbono y el aumento de la temperatura del planeta. Y que, por sostener lo que sostienen, son reducidos sistemáticamente al silencio. Así las cosas, ¿cómo es posible que casi nadie levante la voz, aunque sólo sea para poner en duda lo que merece ser puesto, como mínimo, en duda? Pues se explica por los múltiples intereses económicos creados ya en torno a las energías alternativas que se aprestan a tomar el relevo de las tradicionales. Y por esa tendencia, tan extendida, a desconfiar de las ventajas que la ciencia y la técnica han reportado y van a seguir reportando a la humanidad. Y, aún, por el buen salvaje de Rousseau que muchos llevan dentro. Y, en fin, por el apagón informativo con que la gran mayoría de los medios castigan a quienes, en nombre de la verdad y desde el conocimiento y la razón, osan discrepar de lo comúnmente admitido.