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12 4 09 LA IMAGEN De el Punjab a Ceuta TEXTO Y FOTO: FRANCISCO SECO ace cinco años que estos chicos salieron del Punjab (India) camino de Europa en busca de una vida mejor. Apenas habían echado a andar, cuando cayeron en manos de la mafia. Ellos creían entonces que volaban hacia el sueño europeo, pero se encontraron con que aterrizaban en Burkina Faso. Ahí empezó un penoso viaje de dos años hacia el norte, en la que cruzaron Burkina Faso, Mali, Argelia y Marruecos hasta llegar a Ceuta. Una odisea en la que tuvieron que cruzar el Sahara mientras veían cómo algunos de sus compañeros morían por enfermedad o agotamiento. Ellos tenían que seguir adelante y, por más que les doliera, dejar en el camino a los que no podían seguir. Comían arroz con tierra y bebían agua contaminada con gasolina. Fueron deportados una y otra vez de Marruecos a Argelia y de Argelia a Marruecos, en un kafkiano partido de tenis en el que ellos ocupaban el lugar de la pelota. Algunos pasaron la frontera con Ceuta incrustados en la exigua zona del coche donde va la radio. Otros pagaron 2.000 euros por viajar en patera desde Tánger a Ceuta. Un sinfín de agobios y extenuantes aventuras no buscadas durante un interminable viaje de más de dos años... Porque, a veces, parece que la odisea migratoria es la que empieza y acaba en el cayuco o la patera. Pero hay casos, como el de estos indios, en los que la patera es sólo el último tramo de un viaje mucho más largo. Y luego llegan a Ceuta y se dan cuenta de que no han llegado a Europa, sino que esta ciudad es sólo otra prisión. La siguiente. Aquí son encerrados en un CETI (Centro de Internamiento para Inmigrantes) junto con otros cientos de personas. En teoría, en el CETI sólo pueden estar unos meses, pero ellos ya llevaban casi dos años. Cuando cundió el rumor de que iban a ser deportados a su país, huyeron del Centro y se refugiaron en un monte cercano. Viven ahora en cabañas que ellos se han construido y trabajan aparcando coches y ayudando a llevar la compra en centros comerciales de Ceuta. Un año hace que están en el monte, semiescondidos, con miedo a ser deportados y a la vez el deseo de hacerse ver e intentar presionar para que den una solución a su caso. Exiliados de una globalización que no tiene lugar para ellos. H