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12 4 09 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Hitler y el Maestro Wagner La historia de Wagner y su familia, descendientes, acólitos y admiradores- -el clan del Maestro -camina en paralelo con la historia de Alemania y con todo lo que ésta ha tenido de fáustica ambición. De sueño romántico y de pesadilla autoritaria y antisemita. En el siguiente pasaje, se aborda la admiración de Hitler por el músico y su identificación con los héroes wagnerianos ay en efecto muy pocas pruebas de que Hitler leyera las obras en prosa de Wagner, aunque sí se tiene la evidencia de que tomó algunas en préstamo de una biblioteca antes de su ascenso al poder, y el fraseo de algunos de sus discursos indica que se había embebido por lo menos del espíritu de El judaísmo en la música. En tal caso, ¿por qué no empleó al Maestro tomándolo más visiblemente por aliado, en especial de su cruzada antisemita? En Mi lucha, por ejemplo, señala que su originaria hostilidad a los judíos estuvo muy en deuda con el ejemplo que dio Karl Lueger, el alcalde antisemita de Viena. También ensalza a Goethe por actuar de acuerdo con el espíritu de la sangre y la razón al tratar lo judío como elemento claramente extranjero. No rinde un homenaje similar al Maestro, y de hecho menciona a Wagner por su nombre una sola vez en todo el libro (aunque en muchos otros lugares sí se refirió al Maestro de Bayreuth) Ni siquiera cuando Hitler se queja en otro contexto de que permitir la actuación de artistas judíos en Bayreuth era equivalente a una profanación racial y asegura que fue esta realidad lo que desbarató su primera visita al festival H Título: El clan Wagner Autor: Jonathan Carr Editorial: Turner Páginas: 528 Precio: 32 euros en 1925, pasa a decir algo así como que el Maestro, que tan acertadamente denostó a los judíos, tuvo que revolverse en su tumba Además, para entonces su antisemitismo se había intensificado mucho, seguramente a resultas de las heridas que sufrió, en especial en un ataque con gases, en una guerra que a su entender se había perdido debido a la traición judeo- marxista En un espeluznante adelanto de la solución final Hitler escribió en Mi lucha que si en la guerra doce o quince mil de estos hebreos que corrompen todo lo que tocan hubieran sufrido los efectos de los gases venenosos... el sacrificio de millones de hombres en el frente no habría sido en vano. Y en cambio nunca invocó al Maestro al que idolatraba para que diera testimonio en contra del pueblo que más aborrecía. La explicación más probable de toda esta reticencia es que Hitler comprendió, mejor incluso que Goebbels, por ejemplo, que con Wagner se encontraba en un terreno ideológico engañoso. A fin de cuentas, el propio Maestro había contratado a Levi, aunque fuera de mala gana, para que dirigiera Parsifal, y tuvo bastantes amigos judíos, por mal que los tratara. En cuanto a la solución que propuso Jonathan Carr Historiador Partenón nazi ideado para Bayreuth por orden de Hitler. La guerra impidió su construcción en El judaísmo al problema judío equivalente a la asimilación total, difícilmente pudo estar más lejos de lo que Hitler tenía en mente. Es verdad que en su segunda versión del Judaísmo Wagner planteó la cuestión de que los judíos tal vez debieran ser expulsados, acercándose más a una actitud que Hitler sí hubiera visto con buenos ojos, pero si lo hizo no fue con la clara convicción de que el comentario pudiera ser de utilidad para los propagandistas del nazismo. Además, y ya al final de su vida, Wagner, dándole una nueva vuelta a la cuestión, pareció haber planteado la idea de que los judíos podían salvarse mediante la sangre de Cristo mediante su conversión. En resumidas cuentas, es posible que Hitler no llegara a citar la prosa de Wagner no porque apenas la conociera, sino porque la conocía demasiado y estimó más conveniente echarse atrás. Si bien su antisemitismo era en efecto ambivalente, Wagner sirvió de modelo pese a todo para Hitler. ¿Qué clase de modelo fue? La respuesta surge con bastante claridad cuando Hitler hace esa única referencia al Maestro en Mi lucha. En ese punto de su fatigosísimo y prolijo relato, Hitler no aborda directamente el antisemitismo, ni la música, ni el teatro, sino lo que él denomina los maratonianos de la historia los grandiosos, solitarios individuos que trabajan de cara al futuro, condenados a ser en gran medida mal entendidos en su tiempo, aunque siempre dispuestos a seguir luchando por sus ideas e ideales hasta el final Como ejemplos de esta actitud, Hitler aduce sólo tres nombres- -Lutero, Federico el Grande y Wagner- aunque obviamente da a entender que la lista podría ampliarse y que él podría estar incluido en ella. De este trío, Wagner era el más próximo a Hitler desde el punto de vista histórico, y el sino de muchos de los héroes escénicos de Wagner estuvo cerca de igualar el de los maratonianos Rienzi, el tribuno que muere entre las llamas, así como Lohengrin y Tannhäuser, los marginados e incomprendidos e incluso el sabio y anciano Sachs, el viudo que conquista la aclamación del público, si bien se condena a la